La propaganda funciona

Querido J. A.: Así es. Se inventan siglas a izquierda y derecha para justificar inexistentes diferencias ideológicas y una supuesta necesidad de sentirnos representados. Son las carnes con ojos (y poco más) del régimen partitocrático que atenaza la democracia, el sistema judicial y la autonomía de los ciudadanos. En efecto, la mayoría son hijos autosatisfechos del logsismo. En la jerarquía de todos los regímenes partitocráticos son los mediocres que mejor encarnan el cinismo; más abajo están los militantes y ejecutores de los designios y mecánicas clientelares de los partidos, a los que se les supone más honestidad o coherencia, pero que en su mayoría no dejan de ser unos inocentones estúpidos o los típicos tíos oportunistas y ventajistas que tratan de sacar provecho del poder partitocrático a escala local. La reacción de la diputada, que parece hacer honor a su apellido a juzgar por lo que dice, es una prueba fehaciente de este régimen de listas cerradas, de lealtades camorristas a los jefes, de prietas las filas en torno a la secta, de alineamientos cerrados en torno al líder que le auspicia el éxito electoral con las prebendas correspondientes. Los perdedores y víctimas de toda esta triste historia somos los ciudadanos. Los otros beneficiarios son los feligreses nacionalistas. Además, éstos no se plantean nada cuestionable en este sentido, pues son y funcionan como iglesia, como feligresía. El otro día, en nuestro emotivo y recordado reencuentro, pude apreciar que todavía los hay, pese al paso de los años, que siguen justificando este prostíbulo partitocrático con el pretexto de la amenaza o el fantasma del PP. La propaganda funciona.
Abrazos y gracias. Fue una delicia.
Rafa N.

De: M……….@terra.es
Asunto: : DE PÉREZ-REVERTE
Para: “Rafa N.
Fecha: lunes, 5 octubre,
La vicepresidenta del Congreso, indignada con Pérez-Reverte por un artículo. La socialista Teresa Cunillera , que ocupa la vicepresidencia del Congreso de los Diputados, ha dedicado una airada carta “al Director” a Arturo Pérez Reverte que escribió un texto muy crítico con los parlamentarios.
Le pide “más reflexión” y “menos exabruptos”.

He aquí el artículo de marras:
Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la aceraopuesta a las Cortes y a veces coincido con la salida de los diputadosdel Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas,periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja y un tropelde individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas,saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. Noidentifico a casi ninguno y apenas veo los telediarios; pero al pájarose le conoce por la cagada.
Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en losdestinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirántrazando líneas maestras de la política nacional y periférica. Nopocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, contrajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos.Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo paracomprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados,nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado ensu vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve dela mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido políticoal que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la coladel paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando mecruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotenciaabsurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hechode indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo.. Sólovisceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Lasganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.
 Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gentehonrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo queno. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo noelijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe deocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en usocorrecto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, culturaadecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable delmundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfilede los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea yla cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigocaminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué estápasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo,los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas demodo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólogentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay genteperfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienesocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado adespreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por quéunas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de símismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en uninstante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.
 Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a latropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera.Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sinsalida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, susambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco lasconsecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y sumomento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, sitengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lomontan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten lasdietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entreellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importanuna mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan loscontribuyentes. Cómo se han trajinado -ahí no hay discrepanciasideológicas- el privilegio de cobrar la máxima pensión pública dejubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajohonrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan aministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles concualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuandolleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensualesdel 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sinhacer cola en ventanillas, desde el primer día.
De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Teníaganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a latecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Másrazonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino porla carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabezacuando me cruzo con ellos.

 

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