Parece que, de entrada, esta organizaci

Parece que, de entrada, esta organización nace para agrupar el discurso no-nacionalista y favorecer la coordinación entre los diferentes partidos y asociaciones. Pero, ¿se puede contar con aquellos que sólo buscan su beneficio electoral y agitan una bandera con cada mano en función de sus intereses partidistas? Me refiero, obviamente, al PP, a quien no debería contarse entre los partidos no-nacionalistas a tenor de su hipocresía y su mala fe, a tenor de los hechos y de muchos otros aspectos. La comunidad catalana es complicada políticamente. Hoy por hoy, es inimaginable postular la creación de un gobierno constitucionalista teniendo en cuenta la naturaleza, cada vez más evidente, del PSC. Por su parte, el PP de Cataluña, al margen de su actitud ambigua, no tiene, a nivel regional, el peso sociológico que tiene su homólogo en el País Vasco. Yo creo que el mundo asociativo no-nacionalista en Cataluña tendría que mantener una actitud beligerante con el PP como debe mantenerla con el PSC y el resto de partidos catalanistas, y apostar directamente, aunque críticamente, por los partidos verdaderamente constitucionalistas. Ciutadans lo fue en su momento, y ahora es el tiempo de UPyD. Sin embargo, redundando en el argumento de José Domingo, las asociaciones que defienden el bilingüismo y la Constitución no cuentan con apoyos institucionales, sino todo lo contrario. Su actividad es demasiado parcial y poco cohesionada políticamente. Puede que la aparición de Impulso Ciudadano signifique un punto de inflexión en este sentido. De todos modos, no nos engañemos, casi todas estas organizaciones, con la honrosa excepción de asociaciones como Ágora Socialista o ACP, no enfocan directamente el debate político, y se concentran en el asunto de la lengua. A mí me da la sensación de que Impulso Ciudadano va a seguir por esta senda desideologizada, como ya apuntan sus maneras transversales. Siempre con el asunto del bilingüismo y las libertades a cuestas, pero sin atender a otros problemas más concretos de los ciudadanos catalanes afectados especialmente por la crisis. Que nadie olvide que Cataluña es la comunidad autónoma en la que existen más diferencias entre la calidad del servicio que ofrecen las instituciones públicas en relación con los recursos privados. Eso implica una dejación, arrastrada desde la época de Jordi Pujol, en lo que respecta al fundamento esencial de la labor de los poderes públicos en un Estado del Bienestar: la nivelación de las desigualdades sociales a través de los servicios públicos. El nacionalismo, como sabemos, tiene mucho que ver con todo esto, como lo tiene con la corrupción, y la corrupción lo tiene a su vez con el robo del dinero de nuestros impuestos. No tengo ninguna duda de que lo que realmente necesitamos los catalanes no-nacionalistas son unas CUP antinacionalistas. Entiéndaseme bien. No estoy hablando de apostar por una suerte de vía irlandesa de confrontación violenta y conflicto civil. Lo que quiero decir es que es necesaria una organización de combate, claramente ideológica, situada en la izquierda explícita, que haga política de calle, que asista a todas las movilizaciones y se deje ver, que se mueva en el mundo del trabajo, de las universidades y de las asociaciones vecinales y de inmigrantes, con un discurso social y no meramente metapolítico. Se trata de calar en la gente de a pie, en los jóvenes, en los trabajadores situados en la cuerda floja del desempleo. Se trata de demostrar a las clases populares que el nacionalismo no es nada rentable para ellas. Creo que hace tiempo que llegó la hora de la verdad, y ésta se tendría que expresar dirigiéndose explícitamente a unos sectores de la población incomprensiblemente casi ignorados por nosotros hasta la fecha.

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