Hay que darle la razón a Marx, otra vez

Hay que darle la razón a Marx, otra vez, cuando advirtió que los pequeños propietarios acabarían engrosando las filas del proletariado. De hecho, es una visión absurda la que considera que la clase obrera la componen únicamente los trabajadores no cualificados, algo que se está comprobando cada vez más falso a tenor del proceso de reproletarización que estamos viviendo en esta fase del capitalismo. La realidad no es otra que contemplar a la clase trabajadora como aquella que no tiene el poder, que no tiene capacidad decisoria si no transforma el estado de las cosas. Se trata de saber leer entre líneas en las relaciones que se dan entre capital y trabajo. La traducción que tiene todo esto en la España de hoy es que nuestro gobierno “socialista” está apretando las tuercas a quienes tan sólo pretenden subsistir y, de forma correlativa, prestando todo el apoyo a los más poderosos, al Gran Capital con mayúsculas. Y en el contexto de esta guerra tácita contra los autónomos y las pymes, las Administraciones públicas aparecen clavando la puntilla. Ahí está el alcalde Gallardón y sus proyectos megalómanos de Juegos Olímpicos que no tenían ninguna probabilidad de éxito tras la primera debacle sufrida. Y no sabemos de dónde ha salido el dinero invertido ni quién se ha endeudado, aunque resulta obvio. De la misma forma, nosotros, en Cataluña, tenemos que cargar con la paranoia “nacional”, la de la “independencia”, en la que pequeños y no tan pequeños ayuntamientos endeudados hasta las cejas se embarcan en la organización de referéndums ilegales cuyo impacto popular aparece convenientemente amplificado por los medios.

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