Se apaga la voz de América Latina

Mercedes Sosa, retratada en Madrid en el año 2000.- MIGUEL GENERFallece a los 74 años Mercedes Sosa, la cantante argentina que popularizó el folclore hispanoamericano – Detenida durante la dictadura, se exilió en España

Serrat: «Su voz era fantástica. Ha hecho llorar mucho a los hombres» 

Centenares de personas dieron ayer su adiós a La Negra, la folclorista de América Latina por excelencia, Mercedes Sosa, cantando sus tonadas a la puerta del Palacio del Congreso, de Buenos Aires, donde se instaló la capilla ardiente. Rodeados de decenas de conmovidos seguidores de La Negra, músicos, artistas y escritores pasaron por el Salón de los Pasos Perdidos para dejar testimonio de su admiración por la cantante, fallecida en la madrugada del domingo, a los 74 años. A última hora de ayer, acudieron la presidenta argentina, Cristina Fernández, y su marido, Néstor Kirchner. Sus restos mortales serán incinerados hoy en el cementerio de la Chacarita.

«Mercedes fue un ser bondadoso y su presencia era una necesidad para todos los que actuamos o grabamos con ella», resumió el letrista Antonio Tarragó Ros en nombre de los muchos músicos argentinos que colaboraron con ella. El cantautor español Joan Manuel Serrat, desde Estoril (Portugal), recordó que compartió con ella «un sinfín de conciertos, pero también de discusiones y abrazos y de todo aquello que compartes con quien quieres». «Mercedes era una artista muy popular en el mejor sentido, porque hay muy pocos que puedan dar la emoción que ella transmitía», aseguró Serrat. «Su voz era fantástica, afinada, pero no hubiese valido de nada sin un corazón que la empujara. Ella lo tenía y eso lo sabía la gente; ha hecho llorar mucho a los hombres», sentenció.

Mercedes Sosa forma parte de la memoria sentimental no sólo de los argentinos, sino también de miles de españoles que acudieron a sus primeros conciertos por toda España, recién reinstaurada la democracia. Gracias a la vida, Alfonsina y el mar, Sólo le pido a Dios fueron parte del cancionero popular de la transición española como lo fueron después de la argentina, a la caída de la dictadura militar. La Negra fue decisiva para dar entrada al folclor latinoamericano en Europa y en España (donde estuvo exiliada cuatro años), en la década de los setenta y ochenta, y miles de seguidores cantaron con ella fuera de América zambas, milongas, chacareras y tonadas, que la convirtieron en una de las más famosas intérpretes del continente.

Su muerte fue acogida con dolor también en los medios rockeros y de América Latina, a los que siempre prestó su generoso apoyo. Su relación con los músicos jóvenes argentinos fue constante, como reflejan los 40 álbumes que integran su carrera. En su último álbum doble, Cantora, ya enferma, fueron muchos de esos músicos quienes se ofrecieron a cantar duetos con ella: Shakira, Fito Páez, Charly García, Caetano, Soledad, Julieta Venegas, Drexter o los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina colaboraron para lanzar un disco que ahora está nominado como mejor álbum del año para los Grammys Latinos 2009. «La Negra era la mejor cantante de Argentina y la voz de América Latina», aseguró Fito Páez. Ella, sin embargo, rehusó siempre el apelativo de «La Voz de América Latina», que le parecía excesivo.

Michelle Bachelet, presidenta de Chile, que conoció el agravamiento de la salud de Sosa cuando visitaba el pueblo natal de la folclorista chilena Violeta Parra, expresó su admiración por La Negra y recordó la amistad que mantuvieron ambas cantantes. Sosa cantó insuperablemente algunos de los temas más famosos de Parra, entre ellos su Gracias a la vida. «Ella era, quizás, la voz más vigorosa de América Latina», lamentó Bachelet. Sosa fue siempre una cantante comprometida con causas políticas y sociales. Formó parte de la bohemia que acompañó el folclor argentino en los setenta y ochenta, el llamado Movimiento del Nuevo Cancionero, y participó en cuanta manifestación o encuentro hubo en esa época a favor de las comunidades indígenas, luchas sindicales o derechos humanos. Durante un concierto celebrado al inicio de la dictadura militar fue detenida. Al recobrar la libertad, marchó al exilio (España y Francia), de donde no regresaría definitivamente hasta la llegada de la democracia. En una reciente entrevista comentó aquellos momentos de intensa lucha política: «Antes, los sueños eran más radicales, perfectos. Ahora, se hace lo que se puede».

Viuda, con un hijo y dos nietas, se distinguió por su magnífica voz, con registros de soprano, y su conexión con todas las grandes figuras del folclor latinoamericano, desde Atahualpa Yupanqui a Violeta Parra. Sus interpretaciones de la Cantata Suramericana o la Misa Criolla recibieron premios internacionales. Sin embargo, ella siempre se consideró una «negra petisa [una mujer pobre, morena y pequeña], sin glamour, tal y como se refiere a mí la oligarquía de mi país». «Éste es un país de negros», decía con ironía, «en el que todos son rubios».

En los últimos tiempos, cansada y enferma, aseguraba encontrarse feliz, rodeada de afecto. «Tengo suerte», decía, «… pero me ha costado mucho». Sosa luchó hasta el final por cumplir los objetivos del Manifiesto del Nuevo Cancionero que firmó en Mendoza, en 1964, cuando sólo tenía 28 años, y en el que se proponía renovar la canción argentina popular para conseguir que «se integre en la vida de todo el pueblo, expresando sus sueños, sus alegrías, sus luchas y sus esperanzas».

El País (5.10.2009)

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