La fortuna de los Millet se inició en 1907 y se expandió con el «desarrollismo» franquista

Francisco Franco«Es un hombre que hacía cosas por el municipio», dice un alcalde del PSC

E.P./La República .- La clase social burguesa se caracteriza por haber hecho, en algún momento, un «pelotazo» con el que inicia su fortuna y expansión aprovechándose de las sucesivas legislaciones liberales y de «amistades» en los círculos políticos. En el caso de la familia del hoy acusado de ladrón Fèlix Millet, todo nace en 1907, en l’Ametlla del Vallès. Y tiene su apogeo en los años del insostenible desarrollismo franquista.

Se trata de la famosa parcela 202. Popularmente se conoce como La Miranda, por las vistas que desde ahí se tienen no solo sobre el propio pueblo, sino sobre el Vallès entero, en casi todas las direcciones. En total, unos 600.000 metros cuadrados que hasta los años 60 eran propiedad de Marta Vallès Guarro y Fèlix Millet Tusell, mujer y marido. Fue la época en que en Catalunya surgieron las urbanizaciones salvajes promovidas por la dictadura franquista, cuyo fin fue convertir España en un «paraíso» del turismo y la costa mediterránea, antaño bella, en un atroz muro de cemento.

Aún hoy, Millet y Vallès poseen terrenos en La Miranda, donde su empresa más antigua, la inmobiliaria Bonoima, tiene a la venta dos nuevas casas, hasta el 30 de noviembre en oferta por un precio de 360.000 euros.

En ella se erige la residencia geriátrica privada Millet Park, una monumental masía modernista que inicia la historia de los Millet en L’Ametlla. Conocida también como Can Xammar de Dalt y originaria del siglo XIV, era propiedad de la familia Xammar hasta que el escritor Eugeni Xammar la tuvo que malvender en 1907 a Joan Millet Pagès, el hermano de Lluís Millet, funfador del Orfeó Català y abuelo de Fèlix. En 1910, la propiedad pasó a Joaquim Sindreu, pero poco después de la guerra civil, Fèlix Millet Maristany, el ilustre padre del ahora defenestrado hijo, lo recuperó para la familia. La masía fue finalmente a parar al hermano, mientras que los Fèlix se quedaban el bosque.

Y es allí donde éstos días Fèlix Millet se mantiene lejos de los focos y a salvo de una justícia que está retrasando el juicio lo máximo posible, ante las presumibles presiones del entorno político y económico catalán.

Incluso después del alborozo mediático que se ha organzado entorno a la «confesión» del robo de 3,3 millones de euros (son 10 millones, en realidad), aún existen restos de pleitesía hacia su figura. «Millet es un hombre que también hacía cosas por el municipio. Trajo a cantar gratis al Orfeó y en el milenio del pueblo vino con el Barça juvenil para jugar un partido», dice el alcalde Jordi Pousa (PSC). Pousa es amigo de Fèlix Millet.

larepublica (28.09.2009)

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