La ley del más débil le perjudica

Bibiana Aido, Ministra de IgualdadSí comprendo en cambio las dificultades accesorias del cine en catalán: a mí también me gustaría medir 1,80, pero no obligo a nadie a pagarme los zancos.

La ministra Bibiana Aído se está revelando como una persona crecientemente sensata. Dijo ayer que no comprendía el rechazo causado por la discriminación positiva que va a aplicarse al cine dirigido por mujeres, cuando medidas similares, aplicadas al cine catalán o a cualquier otra minoría han sido recibidas con normalidad. Dejando esto último al margen, porque las ayudas a lo estrictamente en catalán tienen un rechazo tan viejo y falto de novedad como ellas mismas, la equiparación de minorías es pertinente. Desde el punto de vista de la discriminación positiva tanto da ser mujer como catalán. Y en el imaginario socialdemócrata, además, mujer y catalán, comparten un cercano “lugar de bondad” para utilizar la expresión de André Lapied en “La ley del más débil”, este ensayo disoluto que acaba de traducir al español la editorial Tres Fronteras.

El canto a la coherencia racional de la ministra no puede implicar, desde luego, un acuerdo de fondo. Yo razono en base 10, pongamos, y la ministra lo hace en base 5: pero al menos no es como ésos que, razonando en una base, pretenden tener razón también en otra distinta. Yo no sé, ciertamente, qué dificultades accesorias, distintas de los hombres, encuentran las mujeres para hacer películas. A primera vista no se me ocurren. No estoy muy al corriente de las sutilezas de la Igualdad, pero no me importaría saber si esas dificultades afectan a las pintoras, a las escritoras o a las violinistas, y pongo estos ejemplos para no salir del mullido reducto del arte, tan subjetivo, y adentrarnos en áreas implacables como la Física, la Química y la Matemática.

Sí comprendo en cambio las dificultades accesorias del cine en catalán: a mí también me gustaría medir 1,80, pero no obligo a nadie a pagarme los zancos. Comprendiendo o no las dificultades hay una consecuencia indeseable de la discriminación positiva, muy perceptible, por ejemplo, en el caso general de la cultura catalana. Y es la organización de un mercado cultural de segunda división, ahormado, artificial, pueril: «Ah, cine, de mujeres», dirán, como se dice del dinero monopoly. El método hunde en la ¡indiscriminada! sospecha a todos los productos sujetos a la ley del más débil. Incluidos aquellos que presentan un valor objetivo, y que se encuentran con la sorpresa de tener que cruzar una aduana de desconfianza más erizada que la del llamado género.

Arcadi Espada

blog de Arcadi Espada (25.09.2009)

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