Me quedo con el final del artículo: el

Me quedo con el final del artículo: el silencio. Eso es lo más alucinante, y lo que más asusta, treinta años embolsándose una media de millón de euros por año y ¿nadie lo percibió? La asquerosa carta de Millet ofrece varias pistas que ponen los pelos de punta: se repartía dinero sin facturas ni recibos. Y todos llevaban su parte, todos los intermedirios que conseguían patrocinios trincaban su comisión, hasta los directivos de la institución que se supone es parte de su trabajo, y ¿los que daban? ¿iban a ser los únicos que se quedaban sin ella? Las empresas constructoras, las agencias de viajes, todos emitían facturas falsas ¿y nos vamos a creer que no llevaban también su parte en la repartija? Vamos entendiendo el silencio ¿quién no ha estado pringado para poder levantar la voz?

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