Perdido en el laberinto judicial

Hotel AlgarrobicoGreenpeace apremia a Medio Ambiente para que derribe el polémico hotel Algarrobico, sin esperar a los tribunales

Medio Ambiente asegura mantener su voluntad de derribo, pero el retraso siembra la duda

Víctor Bejarano.- El Algarrobico, edificio de la costa de Almería que simboliza la más flagrante infracción urbanística y ambiental, sigue imperturbable. Espoleada por las denuncias de los ecologistas y por los innumerables escándalos urbanísticos que jalonaban la costa española, la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, enarboló Algarrobico como bandera. El expediente de expropiación arrancó en diciembre del 2005, y en aquel momento parecía que iba a ser demolido de inmediato. Pero el asunto quedó atrapado en la maraña judicial y hoy por hoy, visto desde la playa, parece más sólido que nunca.

La pelota está en el tejado del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), que ve el recurso contra la decisión del juez de Almería, Jesús Ribera. Este juez declaró nula la licencia de obras y ordenó su revisión. Considera que el edificio es ilegal porque está construido en suelo no urbanizable y de especial protección, en pleno parque natural del Cabo de Gata-Níjar. Además, no respeta los 100 metros de servidumbre que establece la ley de Costas. El juez envió un escrito a la fiscalía de Medio Ambiente por si encontraba indicios de delitos de prevaricación y contra la ordenación del territorio en la actuación del Ayuntamiento de Carboneras y en la Junta de Andalucía. Pero el fiscal archivó.

El TSJA o el Tribunal Supremo en última instancia tendrán que decidir sobre la validez de esa licencia. En el supuesto de que el TSJA declarase legal el edificio, el ministerio se vería abocado a retomar el expediente de expropiación si la voluntad política sigue siendo la del derribo. De ahí las prisas de Greenpeace para que el derribo se haga efectivo lo antes posible. En caso de expropiación, la empresa promotora, Azata del Sol, demandará a las administraciones por el daño económico sufrido.

Libe Villanueva, vecina de Carboneras, término enel que se ubica el Algarrobico, duda que el hotel vaya a ser derribado. «Mucha gente en el pueblo ya lo pone en duda. Tiempo atrás creíamos que el edificio duraría poco, pero, conforme pasa el tiempo y vemos que sigue ahí, da la impresión de que la Junta y el Gobierno se han echado atrás». Sostiene que los vecinos están divididos entre partidarios de derribar la mole de veinte pisos y los que apoyan su continuidad por el trabajo y el dinero que traería. José Ignacio Domínguez, abogado y también vecino de Carboneras, está convencido de que el edificio será derruido. Aunque él calcula que no ocurrirá antes de ocho o diez años.

Mientras, el Ministerio de Medio Ambiente ha confirmado a La Vanguardia que la decisión política sigue siendo el derribo y la restauración del espacio natural. El propio ministerio sembró la inquietud en junio al anunciar que, a la espera de una resolución judicial, desistía del expediente de expropiación del inmueble para su demolición. Eso ha provocado la protesta de grupos ecologistas como Greenpeace, que lo considera una traición a la voluntad de acabar con el Algarrobico.

En realidad, lo que hace el ministerio es cambiar de estrategia. Una portavoz asegura que «no renunciamos a nada, y el Algarrobico caerá. La diferencia con los ecologistas es que ellos prefieren pagar 200 millones de euros para derribarlo ya y nosotros creemos que es preferible esperar a que se pronuncie la justicia». La Junta de Andalucía se limita a decir que espera la decisión de los tribunales.

Por su parte, Azata del Sol, a través de su subdirector, José Rodríguez, reconoce que en algún momento del proceso Medio Ambiente les ha ofrecido unos 100 millones de euros de compensación por el derribo. Otras fuentes indican que el ministerio habría rebajado la cifra a la mitad.

A estas alturas, lo único claro es que la solución tardará tanto que cuando llegue tal vez el Algarrobico haya caído en el olvido y en el abandono. A la empresa, el paso del tiempo sólo le sirve si hay un cambio en Medio Ambiente y que un nuevo Gobierno decida amnistiar el edificio, aunque para entonces el deterioro haga más costosa la rehabilitación que levantar uno de nueva planta.

La Vanguardia (21.09.2009)

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