El mal ejemplo siempre cunde

Cartel anunciador de la consulta de Arenys de MuntLo preocupante es el clima de desprecio y desafío al Estado de derecho

Es comprensible  el entusiasmo nacionalista por el resultado del llamado referéndum de Arenys de Munt. A primera vista, que fueran a votar 2.670 personas, el 41 por ciento de una especie de censo (podían votar los mayores de 16 años), y casi todas a favor, es un buen resultado. Sin embargo, con una mirada más fría, este resultado era previsible si se tiene en cuenta el reparto habitual de votos en Arenys. El fervor independentista está, entonces, menos justificado.

En Arenys de Munt, como en tantos pequeños municipios, el voto nacionalista es alto, mucho más que en las grandes y medianas ciudades. En las elecciones autonómicas del 2006, el conjunto de votos obtenidos por los partidos que eran partidarios del sí en la consulta del domingo (CiU, ERC e IC) fue de 2.633, el 71,53 por ciento del total. En las municipales del 2007, fue de 2.595, el 80,2 por ciento (aquí hay que incluir la agrupación AM2000, apoyada por ICV y la CUP). En las elecciones generales, disminuyen algo CiU, ERC e ICV (y duplica votos el PSC, que es el partido más votado, una tendencia general en Catalunya) aunque entre los tres consiguen 2.113 votos.

Por tanto, si los máximos dirigentes de CiU (lo dijo Artur Mas), ERC e ICV (el alcalde de Arenys es de su entorno), propugnan el voto afirmativo a la independencia, es normal que los electores sigan esta consigna. Quizás la consecuencia más destacable de todo ello es que CiU, arrastrada por ERC, se ha radicalizado claramente.

Así pues, el resultado era previsible y, por supuesto, no es para nada extrapolable al conjunto de Catalunya.

Lo preocupante, a mi modo de ver, es otra cosa. Lo preocupante es el clima en el que ha tenido lugar la consulta, un clima de desprecio y desafío al Estado de derecho y a la ley propiciado por nuestros líderes políticos más destacados. Pujol y Maragall, tres días antes del experimento de Arenys, emplazaban al president Montilla a que forzara al Gobierno para que el Tribunal Constitucional no modifique ni una coma del Estatut. Montilla, a su vez, afirmaba en su mensaje institucional que «nada impedirá» que el Estatut se cumpla íntegramente.

Fíjense en el sentido de todo ello: los dos ex presidentes de la Generalitat empujan al actual presidente para que presione al alto poder jurisdiccional y el actual presidente asiente y asegura que el tribunal no podrá impedir que se aplique el Estatut.

Ante tal ejemplo de desobediencia civil practicado desde las más altas instancias políticas, no es de extrañar que el alcalde de un pequeño municipio pretendiera celebrar un fantasmal referéndum.

El mal ejemplo siempre cunde.

Francesc de Carreras
La Vanguardia (15.09.2009)

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