Desde el repeto absoluto por la decisió

Desde el repeto absoluto por la decisión judicial (nunca dudaré de la honorabilidad de los que tienen la difícil misión de juzgar), la resolución emitida parece dar carta de naturaleza a la recepción de regalos por políticos y funcionarios, siempre y cuando no se demuestre la relación causa/efecto entre aquellos y la concesión de favores. Pero, en la práctica ¿realmente pueden no producirse esos favores cuando se dan regalos de una cierta envergadura? ¿Puede un ciudadano recibir un traje de ‘Armani’ por parte de una empresa (que por definición busca maximizar beneficios) sin esperar esta nada a cambio? En mí opinión no, y, dadas las circunstancias, deberían regularse esas ‘dádivas’ de alguna forma (por ejemplo, limitandolas a una cuantía no superior a un límite fijado que se considere razonable). Camps penalmente, de momento, se ha salvado, pero, ¿alguien puede defenderlo ética y moralmente?

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