El Papa pide una reforma urgente de la ONU para darle poder efectivo

Cristo y el ComunismoEn su tercera encíclica, Benedicto XVI reclama una autoridad política mundial

El Pontífice denuncia la reducción de los derechos de los trabajadores y pide salarios justos

El papa Benedicto XVI pide en su tercera encíclica, Caritas in veritate, presentada ayer, una autoridad política mundial que en su opinión podría ser confiada a la ONU, para lo que reclama una reforma urgente de esta organización. «Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios», es urgente «la presencia de una verdadera Autoridad Política Mundial» con «poder efectivo», señala Benedicto XVI en el texto, publicado la víspera de la cumbre del G-8.

El Pontífice insiste en la necesidad de una «reforma» rápida de las Naciones Unidas y de «la arquitectura económica y financiera internacional» en su comunicación a los obispos y a los católicos del mundo. La ONU «debería tener esa autoridad para resolver los problemas del mundo», indicó ayer el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz durante la presentación del texto.

Esa «Autoridad Mundial» constituiría, según la encíclica, «un grado superior de organización a escala internacional de tipo subsidiario».

Debería proceder «hacia un deseable desarme integral, procurar por la seguridad alimentaria, asegurar la protección del medio ambiente y regular los flujos migratorios», todo ello según el «principio de solidaridad», a juicio del Papa.

El cardenal Martino subrayó que la encíclica, cuyo objetivo es promover el «desarrollo humano integral», es decir, las necesidades morales, espirituales y éticas del ser humano, «no se plantea específicamente como respuesta a la crisis» actual, ya que el texto papal «durará mucho más» que la recesión económica.

Tras destacar que la globalización «a priori, no es ni buena ni mala», Benedictto XVI apela en la encíclica a no ser «víctimas» sino «protagonistas» de ella, ya «corregir sus disfunciones», algunas veces «graves». En este sentido, el texto aboga por un nuevo orden financiero mundial guiado por la ética y la búsqueda del bien común, y denuncia la mentalidad del beneficio por encima de todo, a la que culpa de la crisis económica actual. «La economía necesita de la ética para funcionar correctamente, y no cualquier ética, sino una ética centrada en el ser humano», señala.

El texto establece también una «estrecha relación entre pobreza y paro», y denuncia «la reducción del nivel de protección de los derechos de los trabajadores». Asimismo, defiende el «derecho a un salario justo», y recuerda que los sindicatos «han sido siempre respaldados por la Iglesia».

La encíclica ataca «el hedonismo y el consumismo», especialmente en el turismo internacional, «que puede transformarse en ocasiones en explotación», en referencia al turismo sexual.

Benedicto XVI destaca también que el fenómeno de las migraciones lanza «desafíos dramáticos», y recuerda que todo «migrante es una persona humana» que posee «derechos fundamentales inalienables».

La Vanguardia (8.07.2009)

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