¡Qué bonita austeridad!

El 'tripartito'El tripartito, que tanto se calentó la boca con el pujolismo, ha cometido sus errores y los aumenta

Leo las buenas intenciones del conseller Castells y me invade una gran ternura. ¡Qué bonito! La Generalitat ha decidido acordarse de que estamos en una crisis económica galopante, y ha anunciado, a bombo y platillos, que reducirá gastos. El plan de ajuste presupuestario prevé reducir el gasto en unos 950 millones de euros, yenel colmo de la perfección, asegura que no recortará plantilla. Solo congelará las plantillas existentes, y reducirá algunas partidas. Con este anuncio, pues, el conseller envía dos magníficos mensajes a la ciudadanía: que está informada de que existe una crisis, y que ha decidido ahorrar. Son buenas noticias, y si las comanda el conseller Castells – una de las cabezas mejor amuebladas del Govern-,hasta pueden acabar sucediendo.

Sin embargo, esta decisión, ¿no llega tarde y mal? O, peor aún, después de haber aumentado el gasto en personal enun40%, yde llegar a la estratosférica cifra de 220.000 funcionarios, ¿no resulta chocante – y hasta burlesco-que la Generalitat quiera ahora dar una imagen de austeridad? Lo digo porque este gobierno de izquierdas, ecologista, nacionalista, republicano, socialista, y solidario, ha sido especialmente solidario en hinchar el globo de los departamentos, con el gratuito aire de montones de altos cargos, asesores de cualquier pelaje, que nadie sabe para qué sirven. Lo sorprendente del anuncio de Castells es que dicho recorte no llegará a estos asesores, cuya media de sueldo, según los sindicatos, sobrevuela los 75.000 euros anuales.

Si añadimos, además, las embajadas trotamundos, con parada en la Quinta avenida de Nueva York (que para eso somos ultrapijos), los informes virtuales sobre el sapo violeta del delta del Ebro, los liberados de los tres partidos, la persistente propaganda gubernamental que envían a miles de ciudadanos, para mayor gloria de su gloria, la Audi-alegría del parque automovilístico, las puestas en escena millonarias de algunas actividades oficiales, los abultados viajes con claca incluida, y un sinfín de partidas más, cuya inconsistencia sólo se salva por su secretismo, llegamos a la conclusión de que, para este viaje, podían haberse ahorrado algunas alforjas. No se trata de ajustarse precipitadamente un cinturón que no puede con el buche que tiene. Se trataba, previamente, de no haber hinchado el buche hasta tal nivel de voracidad. El tripartito, que tanto se calentó la boca en los tiempos del pujolismo, asegurando que era un gobierno manirroto, ha cometido todos los errores de esa época, los ha aumentado y ha sumado el agravante de hacerlo en nombre de una ideología social. En fin, lo dijo Churchill y ahí queda: «El problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles, sino importantes». ¿Y qué hay más importante que un cargo rodeado de asesores?

Pilar Rahola

La Vanguardia (25.06.2009)

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