El futuro de las lenguas en la UE

Foto: MARÍA TITOS El uso de los idiomas en las instituciones europeas

Proponer que el catalán tenga oficialidad a nivel comunitario no tiene muchas perspectivas de éxito

La campaña de las elecciones europeas discurrió en clave española, los ciudadanos votaron (o no) en clave española y los resultados se interpretaron en clave española. Ahora bien, quizá sea oportuno recordar que las elecciones sirvieron para elegir a diputados europeos que ocuparán escaños europeos y debatirán de temas europeos.

Uno de los pocos temas europeos que asomó en una campaña tan poco europea es el futuro lingüístico de la Unión Europea. Ahora habrá que ver cómo nuestros representantes intentan hacer realidad sus contradictorias propuestas electorales.

En un extremo, tendremos un eurodiputado español partidario de reducir el número de lenguas oficiales de la Unión. En su programa, UPD defiende la «reducción de las actuales 23 lenguas oficiales de trabajo a solo 5 lenguas –inglés, alemán, francés, italiano y español–por ser las mayoritariamente habladas por los habitantes de la UE». Será interesante comprobar si Francisco Sosa Wagner logra convencer a sus 50 colegas polacos, por ejemplo, de que su lengua deje de ser oficial. Cabe decir que si el número máximo de lenguas oficiales debe ser cinco, la propuesta es arriesgada: si Turquía entrase en la Unión, el castellano perdería un puesto en el ranking y adiós oficialidad.

COMO PARTIDARIOS de mantener el statu quo lingüístico de la Unión, tendremos a Juan Fernando López Aguilar y a Jaime Mayor Oreja. Entre ambos, eso sí, existe una gran diferencia. En su programa, el PP apuesta por el sorpasso y promete una actuación «para que el español pueda pasar a ser la cuarta lengua de trabajo de la Unión» (por delante del italiano), aunque la verdad es que en campaña Mayor Oreja obvió su propio programa para afirmar que el reto es convertir al castellano en la «segunda» lengua de la Unión, sobrepasando también al alemán y al francés. De nuevo, será apasionante comprobar si Mayor Oreja y sus 22 correligionarios logran convencer de la idea a sus 99 colegas alemanes, por ejemplo. Por otra parte, también hay que decir que el PP se pronunció en contra de ampliar la nómina de lenguas oficiales de la Unión con lenguas no estatales como el catalán-valenciano, una técnica que Vidal-Quadras bautizó con un epíteto tan sugerente como «chorrada».

El PSOE, en cambio, no dice ni una sola palabra sobre lenguas en su programa: ni reducir las lenguas oficiales de la Unión ni ampliarlas; pero tampoco subvertir el ranking actual, que excluye al castellano del núcleo duro (durísimo en el caso de la lengua de Shakespeare) formado por el inglés, el francés y el alemán. Para ver propuestas de cambio en el espacio socialista, hay que ir a buscar a Maria Badia y Raimon Obiols, que repetirán como eurodiputados del PSC. En este sentido, el PSC ha hecho una reveladora evolución: si en el 2004 los socialistas catalanes se proponían «conseguir que el catalán sea lengua oficial en la Unión Europea», todo lo que prometen ahora es «revisar la normativa de los usos lingüísticos de la UE en base a criterios de respeto y reconocimiento de la diversidad cultural y lingüística de Europa». ¿Renuncia? Más bien pragmatismo: en el PSC saben que prometer la oficialidad sin más es un brindis al sol, porque es extraordinariamente difícil que el catalán-valenciano supere el procedimiento que conduce a la plena oficialidad (la petición del Gobierno español y el acuerdo unánime de todos los estados miembros).

La verdad es que los socialistas catalanes no son los únicos que han evolucionado en este aspecto. En el otro extremo ideológico de Sosa Wagner, la ERC de Oriol Junqueras también se muestra ligeramente revisionista: si en el 2004 pedía el «reconocimiento del catalán como lengua con rango oficial en la UE», ahora se conforma con «vehicular iniciativas de reforma legislativa en el Parlamento Europeo que posibiliten dotar a la lengua catalana de un estatus de uso oficial superior al actual», aunque la verdad es que sus socios de coalición del BNG siguen planteando «el reconocimiento de la lengua gallega como oficial en la UE» (lo que demuestra una vez más que las coaliciones europeas que se organizan en España son espejismos electorales).

EN CATALUNYA, los únicos que mantienen impertérritos la reclamación de la oficialidad son CiU e ICV. También será interesante comprobar cómo Ramon Tremosa impulsa «las reformas legislativas necesarias para facilitar la oficialidad del catalán en la UE» o cómo Raül Romeva se dispone a conseguir el «reconocimiento de la lengua catalana como lengua oficial comunitaria». Entre nosotros: estas propuestas, que se vienen haciendo desde hace 20 años, no tienen demasiadas perspectivas de éxito. La clave está en un sintagma del programa de ERC: una cosa es el «uso oficial» y otra es la «oficialidad»; la oficialidad del catalán-valenciano quizás no esté al alcance, pero ciertamente su uso oficial podría ser superior al actual, hasta alcanzar incluso los niveles de lenguas que sí son oficiales. Para muestra, un botón tan pequeño como significativo. La comisaria Androulla Vassiliou ha organizado un premio europeo al periodismo sobre salud, que se concederá el próximo otoño. He aquí lo que dicen las bases del premio: «Los artículos tienen que presentarse en una de las 23 lenguas oficiales de los 27 estados miembros de la UE. También puede hacerse en lengua catalana». ¿Está claro?

Albert Branchadell, Profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB.

El Periódico de Catalunya (25.06.2009)

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