La cohesión europea se tambalea

Disturbios en Atenas (Grecia)Cambios en la economía mundial

La crisis acentúa los desequilibrios entre el norte y el sur de la zona euro

MODELO ROTO Ya no se aguanta el pacto por el que los países con superávit financiaban al sur

BOOM INMOBILIARIO La brecha de productividad se ha ensanchado en los años de la burbuja

PESIMISMO Los analistas temen la aplicación de expansiones fiscales insostenibles

Andy Robinson – Atenas.- La división norte sur en la balanza de pagos de la zona euro empezó a perfilarse durante los años de expansión. Pero la crisis amenaza con convertir los desequilibrios en un terremoto.

 Durante los años de boom, Alemania, Bélgica, Holanda, Austria, Finlandia y otros países del norte registraban constantes superávit por cuenta corriente. Las autovías del sur, de Atenas a Andalucía – construidas con fondos de cohesión-,se atascaban de coches Audi y sus propietarios hablaban por teléfono Nokia. Los países deficitarios del sur basaban su crecimiento en la importación de bienes y de capital. España llegó tener un déficit por cuenta corriente equivalente al 10% del PIB y un endeudamiento privado sobre todo en el sector empresarial del 12% del PIB. Grecia registró un déficit medio del 7% del PIB del 2000 al 2007. Portugal y, aunque en menor medida, Italia también.

Al igual que ocurría a escala mundial con China y Estados Unidos, en un pacto faustiano, los países con superávit financiaban los crecientes déficits externos del sur para mantener sus mercados de exportaciones. Ahora en el centro de Atenas, la ciudad de la generación 700 (euros al mes), de endémico paro juvenil y violencia política desestabilizadora, queda plasmado el fracaso de este modelo. «Aquí tienes el resultado del plan neomercantilista europeo – convirtiendo el superávit comercial en fetiche-en el cual Alemania quería mercados de exportación sin más», dice Yanis Varoufakis, economista de la Universidad de Atenas.

Nadie lo esperaba al nacer la zona euro hace siete años y medio. «No se preveía una divergencia de desequilibrios externos en la zona euro; la movilidad de capital y trabajo iba a aumentar la competitividad en el sur», dice Nikos Christodoulakis, ex ministro de Finanzas socialista que ahora ejerce en el caótico campus de la Universidad Central, epicentro de las revueltas estudiantiles. Incluso los economistas eurokeynesianos se lo creían. «La balanza de pagos no debería haber sido un problema en una unión monetaria siempre que se coordinen las políticas salariales y de empleo», dice John Grieve Smith, de la Universidad de Cambridge.

Pero la Europa que se diseñó en Frankfurt y Bruselas no consiguió ni flexibilidad neoliberal ni coordinación keynesiana, sino «una deflación salarial que sustituyó las devaluaciones competitivas, el pilar de neomercantilismo europeo», dice Varoufakis. Lejos de ofrecer su mercado interno como fuente de expansión equilibrado, Alemania desreguló su mercado de trabajo, recortó salarios reales y buscó nuevos mercados.

En vez de converger, se empezó a ver «una asimetría sin precedentes», dice Christodoulakis.

Los crecientes déficits externos del sur eran el aire que hinchaba las burbujas. La vivienda y el turismo inmobiliario «captaron más entradas de capitales que inversiones directas en sectores productivos en el sur». Mientras, «en el norte, las inversiones llegaron al sector productivo», explica Christodoulakis. Esto ensanchó la brecha de productividad. Comentaristas en el sur minimizan el problema citando un modelo Florida. Ya tienen lo que buscaban; urbanizaciones abandonadas en Murcia, Mikonos o Miami, y la larga resaca posburbuja.

Incluso ahora, tras la desaparición de sus mercados en el sur y en un momento de insuficiencia de demanda mundial, Alemania, y otros en el norte, insisten en que la salida pasa por las exportaciones. Pero en la confusión que reina tras la quiebra de modelos económicos, algo es aritméticamente indiscutible: no todo el mundo puede tener superávit.

Hace falta replantearlo todo, dice Gary Dymski, otro economista griego afincado en la Universidad de California. «Los países del sur tenemos que meter a todo el mundo en torno a una mesa y proponer un sistema regional radicalmente distinto, un banco central que impulse el crecimiento para que áreas de bajo crecimiento no se vean castigadas por su pertenencia al euro», dice. España es un aliado clave porque «ya se ha pinchado el espejismo de crecimiento por la vivienda».

El primer paso hacia un modelo más equilibrado – según explicaba Martin Wolf, el agudo columnista del Financial Times-sería que «la demanda privada repuntase en las economías acreedoras, particularmente Alemania». Pero en la Europa mercantilista «lo más probable es que, otra vez, la demanda sea impulsada por expansiones fiscales insostenibles en las economías posburbuja», advierte.

La Vanguardia (21.06.2009)

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