Antonio: Es que ya no se trata simple

Antonio: Es que ya no se trata simplemente de definiciones. Es que la entrevista en sí misma es un varapalo para quienes queremos creer que UPyD es la alternativa progresista a los dos partidos imperantes en España y al nacionalismo. Es muy grave lo que se deduce de esta entrevista. Sosa se pone del lado de los más poderosos y de la demagogia más trasnochada que practican los grandes partidos. No ha ido preparado a esta entrevista y se lo han comido vivo. Ha acabado diciendo lo que querían que dijera, y el titular no es más que una muestra de lo descolocado que le han pillado. No le gusta la expresión “abaratar el despido” pero está a favor de esta medida neoliberal. No está al corriente de las políticas de inmigración pero ya deja caer que no le importará ver retenidos aún más tiempo a los inmigrantes antes de mandarlos de vuelta. Relaciona directamente la independencia energética con la energía nuclear sin valorar las posibilidades sobre las que ya están trabajando los países europeos más avanzados. Trata sólo por encima el asunto de la Ley de Dependencia cuando es un tema que podría haberle dado muchísimo juego… Por otro lado, hace unas declaraciones especialmente graves que definitivamente lo dejan todo patas arriba. Afirma que la Carta de Derechos y Responsabilidades de los inmigrantes propuesta por UPyD es nuestra tabla de salvación porque define nuestra identidad como europeos (!!!). ¡Un partido que se define no-nacionalista hablando de salvaguardar la identidad europea! ¿No se trataba simplemente de hacer cumplir las leyes y respetarlas? ¿A qué viene ahora sacarse de la manga lo de las “identidades”, tan cacareadas por los nacionalistas? No hace falta insistir mucho más. Se trata de un paso en falso. Esta entrevista ha sido un fiasco si realmente UPyD es un partido progresista. Si no lo es, digamos que ha quedado en evidencia ante el regocijo de sus rivales y del medio que ha urdido la emboscada, en este caso el diario propsoísta El País. Insisto: un partido que se vanagloria de ser verdaderamente progresista no puede dinamitar los derechos de los trabajadores, trivializar el drama de la inmigración y situarse en la cuerda floja con el debate sobre las “identidades”. Muy mal.

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