La historia de Séraphine es bastante m

La historia de Séraphine es bastante más que un retrato de la sociedad del momento (que es la de casi siempre en casi todas partes). Lo verdaderamente naïf, más que el estilo pictórico de su protagonista, sería quedarse en una interpretación de la película en clave marxista. La obra de Séraphine es milagrosamente ajena a su tiempo y a su entorno social. Y son precisamente esa “enajenación” y ese “milagro” los que, frente al diletante provinciano, hacen posible al artista. Entender al hombre como producto de la Historia es tan peligroso como considerarlo producto de la Geografía. Tanto Marx como los adoradores del terruño natal nos encadenan a un sistema interpretativo, que en última instancia no es más que un juego de fregonas y señoritas, donde quienes pintan flores acaban siempre en el manicomio-gulag.

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