Se diga lo que se diga desde el PP, no p

Se diga lo que se diga desde el PP, no puede considerársele un partido creíble desde el punto de vista de la defensa de España y de su integridad territorial, desde la defensa de la igualdad efectiva entre todos los ciudadanos españoles. El PP ha pactado con los nacionalistas cuando se ha terciado y sigue pensando en continuar con esta suicida línea de actuación. No obstante, lo más grave es que no le ha hecho demasiada falta pactar con nadie para implementar políticas nacionalistas separatistas. Ahí están la destructiva labor de Manuel Fraga en Galicia y los gobiernos populares de la Comunidad Valenciana y de Baleares siguiendo idéntica estrategia desvertebradora a nivel político-administrativo, tributario y de usos lingüísticos a la de su homólogo gallego. El anterior presidente de Baleares, popular, llegó a pedir el voto para CiU en unas recientes elecciones catalanas, y no hace falta recordar los chantajes a los que se prestó José Mª Aznar por parte de Jordi Pujol en 1996. Significaron una nunca vista antes inyección económica al nacionalismo catalán, así como el acuerdo de ley de normalización lingüística aplicada desde entonces, entre otros lastres. El PP ensucia la bandera española colocándola en sus carteles electorales porque la realidad es que se trata de un partido que defiende únicamente a los ciudadanos más privilegiados a través de sus políticas económicas y sociales neoliberales, y que confabula cuando le parece contra la unidad de España acompañado o no de los partidos nacionalistas separatistas antiespañoles. Ni un sólo voto lanzado a la papelera del PP.

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