El mismo hecho de que un articulista tan

El mismo hecho de que un articulista tan poco sospechoso de ultra-españolismo argumente CON TEMOR a que sus razones puedan ser tildadas de anticatalanas, da una idea cabal de cómo están las cosas en esta Catalonia-is-not-Spain. A subrayar la distinción de Arregi entre España como Estado de derecho y España como realidad cultural. Porque, efectivamente, lo que aquí está en juego no es la supremacía de tal o cual imaginario colectivo, sino la pervivencia de algo mucho más inmediato y palpable: las libertades cívicas y los derechos individuales, que son esas cositas de las que hablaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y a las que todo buen linguócrata de nivel C en adelante sabe dar esquinazo con la mayor naturalidad. En Catalonia-is-not-Spain existe un muy extendido rechazo hacia la monarquía española (aunque más por lo de española que por lo otro), y se podría pensar que el origen de ese rechazo es el amor a la condición de ciudadano, que es incompatible con la de súbdito. Parece que buena parte de los catalanes no están dispuestos a rendir pleitesía a una institución anacrónica, difícilmente conciliable con los valores de libertad, democracia e igualdad ante la ley. Por lo tanto, se diría que en Catalonia-is-not-Spain las libertades cívicas son lo más de lo más… pero la realidad es que, en nombre de la Construcción Nacional, los derechos individuales efectivos han sido suplantados por supuestos derechos colectivos. El hecho de que alguien pueda ser multado por rotular su negocio en determinado idioma es un ejemplo más que significativo. Por no hablar del hispanófobo lavado de cerebro en los centros de enseñanza, ni de la imposibilidad de escolarizar a los niños en la lengua maldita. Si algo similar a esta noche de los cristales rotos (versión de larga duración y baja intensidad) sucediera bajo el amparo de la rojigualda, y no bajo la cuatribarrada y sus camisas pardas, el escándalo mediático sería inimaginable. Cada día se entiende mejor a Boadella.

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