“Fidel puso su idea muy por encima de su vida personal”

Natalia Revuelta y Fidel CastroAniversario en Cuba Vida de un comandante

Naty Revuelta, revolucionaria y madre de Alina, hija de Fidel Castro

EL AMOR Y LA REVOLUCIÓN "He sido algo más que la madre de la hija de Fidel; la revolución mereció la pena"

Fernando García – La Habana.- Natalia Revuelta, Naty, nos concedió esta entrevista para, a sus 83 años, "aclarar" su historia y sus sentimientos más allá de la breve historia de amor que vivió con Fidel Castro, de la que nació su segunda hija, Alina Fernández. "He sido algo más que la amante de Fidel y la madre de su hija". De origen burgués, Naty defiende la revolución con firmeza: "Si algún día esto se vacía, yo seré quien apague el faro del castillo del Morro", asegura.

LA CURA DEL TIEMPO "Me llevó muchos años quitarme a Fidel del corazón para pasarlo a mi cabeza"
¿Cómo vivía cuando se sumó al movimiento revolucionario? Trabajaba en la petrolera Esso. Estaba casada con un cardiólogo de prestigio y teníamos una hija, Natalí. Entré en el Partido Ortodoxo por una cuestión de conciencia. Después, decidí hacer algo por personas que estaban en peligro, Fidel entre ellas. Unos meses más tarde, me lo presentaron en un acto en la universidad.

He leído que la impresionó.

Siempre estuve impresionada, en el sentido de que Fidel era carismático, convincente y muy valiente. Pero entonces no existía nada desde el punto de vista sentimental. Esa relación más cercana surgió cuando él nos visitó en casa y nos planteó que estaba acopiando recursos para su movimiento. Le dije que podía disponer de la vivienda para hacer reuniones. Me volqué en aquello.

Usted vivió las preparaciones del asalto al Moncada, ¿no? Sí. Ellos lo hablaban todo delante de mí. Fueron días intensos. Se manejaban asuntos de vida o muerte. Días antes de partir para el asalto, Fidel me dio el Manifiesto a la nación que iban a leer: el aspecto político de las acciones del 26 de julio. Lo debía distribuir en La Habana, a políticos y periodistas fiables, justo a la hora del asalto. Tuve que hacerlo sola.

Fidel también le había pedido que, si le ocurría algo, se ocupara de su esposa Mirta.

Sí, de su mujer y su hijo Fidelito. Veía que yo podía ayudarles.

¿Y cuando salió de prisión?

Me llamó al llegar a La Habana. Fui a verlo en casa de su hermana Lidia. Fue durante esos 53 días que estuvo aquí, haciendo contactos, cuando sucedió lo inevitable. Fue una relación breve.

Fidel se había divorciado.

Sí. Y se supo que yo no había tenido que ver con su separación. El problema con Mirta fue que su hermano, viceministro del Interior, le buscó un cargo con sueldo y sin trabajo. El ministro, picado con el viceministro, lo sacó a la luz. Fidel se divorció.

Ustedes intimaron y él marchó a México. ¿Y su relación?

Antes de partir me había dejado la misión de informarle de todo. Pronto supe que estaba en estado. Seguí enviando informes.

¿Cuándo se le dijo a Fidel?

Cuando la niña nació. No quería que la información llegara a otras manos… Aquello vino propiciado por las circunstancias. Yo quería un hijo: él tenía que irse y estaba segura de que iban a matarlo.

¿Cuándo volvió a saber de él? Me mandó dos balas usadas de ametralladora (desde la Sierra). Sin más. Ahí están. No le vi hasta que entró triunfal en La Habana.

Entonces se encontraron en el Hilton, ya con la niña, ¿Cuál fue la reacción de Fidel?

Dijo que era muy linda. Y ya. No había que decir más nada.

Usted siguió viviendo con su marido hasta… Hasta que nos divorciamos en el 59. Él se fue a EE. UU. en el 61. Natalí quiso acompañarlo y no volví a verla hasta 1982, allá.

Usted se quedó con Alina.

Sí. Y seguí trabajando. En 1960, la nacionalización de la Esso me dejó sin empleo. No me llamaron al Instituto de Petróleo, al que debían asignarme. Entré en el hospital nacional, de jefa de compras. En el 64 me mandaron a Francia para un estudio de química.

¿Quién la mandó a Francia?

Fidel. Vino a verme para pedirme unos fragmentos de unas cartas y conversamos sobre mi trabajo y qué me gustaría hacer.

Ya no había relación… ¿O había mala relación?

Ni buena ni mala. Pero yo no sentía compromiso por ningún lado.

Usted volvió de Francia porque quiso.

Por supuesto. Me destinaron al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (1965-73), después a Comercio Exterior. Me jubilé en 1980, pero trabajé voluntaria en el Ministerio de Cultura hasta el 94. Mi hija menor se había ido (en huida) en diciembre de 1993. Y en el 94 sucedió algo que me molestó. Me habían reconocido como combatiente del Moncada, y como tal fui a la conmemoración. Pero alguien me dijo que esperase en la presidencia mientras los otros combatientes aparecían bajando la escalinata. Pregunté por qué. "Instrucciones", respondió. Rompí la invitación ante su mirada y no fui a la tribuna. Me quedé oyendo el acto, flemáticamente, por radio.

¿Se sintió dejada de lado?

Sola. Y, oficialmente, podría decir que se me apartó: nunca se me explicó lo del 26 de julio del 94 ni por qué no me llamaron a trabajar tras nacionalizar la Esso.

¿Y su relación con Raúl?

Él y toda su familia siempre fueron muy afectuosos con mi hija, y eso no lo olvidaré jamás.

Su hija le dio un disgusto al irse. La relación será difícil…

Lo que pasa es que se fue muy joven y con resentimientos. Se sentía muy marginada. Mantenemos la comunicación por correo electrónico. Una buenísima relación que, según ha pasado el tiempo, ha ido creciendo y definiéndose.

¿Qué opinión tiene de Fidel Castro, como hombre al que amó y como líder?

Es difícil. Fidel comprometió su vida con un proyecto que siempre ha tenido muy claro. Nunca engañó a nadie. Me imagino que ha debido tomar decisiones que quizá dolieran mucho. Pero no creo que en Fidel haya maldad o crueldad alguna. Lo que sucede es que él siempre puso su proyecto revolucionario muy por encima de su vida personal.

¿Cree que la revolución ha merecido la pena?

Absolutamente. Mire qué camino han ido tomando los otros países de América Latina. Ya no estamos solos. Y los cubanos somos muy resistentes.

¿Qué cambiaría de su país?

Se trata más bien de renovar. Lo que quisiera es que se acabaran las trabas para que mi nieta (la hija de Alina, residente en Miami) pueda venir a verme.

¿Sigue enamorada de Fidel?

Pasé muchos años para quitármelo del corazón y ponérmelo en la cabeza: lo veo como un ser de tremenda dimensión…

… al que sigue admirando.

… al que sigo respetando. Y así será hasta el final de mi vida.

La Vanguardia (2.01.2009)

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