“Sobreviví porque me volví un animal”

El activista chino de derechos humanos Harry WuAparece en castellano el libro considerado el ´Archipiélago Gulag´ del régimen chino

Harry Wu, que publica ´Vientos amargos´

Justo Barranco – Barcelona.- Harry Wu se llamaba antes Wu Hongda. Nació en 1937 en Shanghai en el seno de una familia más que acomodada, de padre banquero y madre descendiente de terratenientes. Una mala tarjeta de presentación para los tiempos de Mao y su revolución cultural. Wu estudió Geología en Pekín y fue arrestado por primera vez en 1956 durante la etapa conocida como la Campaña de las Cien Flores, en la que supuestamente todo el mundo debía expresar sus puntos de vista para contribuir a construir el país. En 1960 fue condenado a trabajos forzados, esto es, enviado a un campo de reeducación a través del trabajo, a un laogai, en calidad de "contrarrevolucionario derechista".

No saldría hasta casi veinte años más tarde, tras haber construido carreteras, trabajado en minas… y sobre todo después de haber pasado hambre, sufrido torturas y visto morir a muchos de sus compañeros. Los vientos volvieron a cambiar y fue liberado en 1979, tras la muerte del Gran Timonel. Poco después conseguiría una beca para trabajar en la Universidad de California y pudo exiliarse en EE. UU., desde donde lleva años luchando por dar a conocer las atrocidades de un sistema por el que han pasado – y muerto- millones de personas y que dura hasta hoy.

Para realizar su misión creó The Laogai Research Foundation y ha escrito libros como Laogai: The Chinese Gulag o Vientos amargos,sus memorias, escritas en 1994 con la colaboración de la periodista Carolyn Wakeman, que han sido comparadas al Archipiélago Gulag de Solzenitsin, y que ayer publicó en España la editorial Libros del Asteroide. Harry Wu ha hablado telefónicamente con La Vanguardia.

¿Por qué el gulag y los campos de concentración son hoy tan conocidos y los laogai no?

Toda dictadura necesita definitivamente maneras de asustar a la gente para que se esté quieta, así que por qué no iba a tenerlo China. Desafortunadamente, el país estuvo cerrado, bloqueado, hasta hace no tanto, y era difícil ver lo que sucedía. Pero de hecho la palabra laogai es muy popular en China. Puedes escuchar que el padre de tal persona estuvo en un laogai.Hoy el país está abierto al exterior, pero se habla de Tíbet y no del gulag chino. Hay demasiados intereses económicos de por medio, demasiadas empresas americanas invirtiendo en China. Se ignoran los derechos humanos, nadie hace nada, aquí no hay juicios de Nuremberg.

¿Qué les hacían, les hacen, a los prisioneros en los laogai?

La palabra laogai está formada por dos palabras chinas que significan trabajo y reforma, esto es, reforma a través del trabajo. Así que había trabajo forzado y reforma para convertirte en un comunista. No se trataba sólo de que tu trabajo fuera bueno, sino de que firmaras papeles renunciando a tus creencias, tus puntos de vista, tu religión, desde que entrabas, y periódicamente tenías que admitir un crimen, arrepentirte y explicar tus pensamientos. Había prisioneros de todo tipo, pero inicialmente sobre todo prisioneros políticos. Lo que se estaba produciendo en los laogai era un genocidio de clase, de toda la clase capitalista, como sucedería en Camboya. Era la misma gente, sin diferencias de raza o religión, intelectuales, terratenientes… fue un clasicidio. Si un hijo de un campesino robaba se le perdonaba, sólo recibía una crítica, pertenecía a la clase revolucionaria. Si el ladrón era de la antigua burguesía, lo suyo se trataba de un crimen político y necesitaba reforma.

¿Cuánta gente ha pasado por los laogai?

Es difícil decirlo, porque son secretos, pero mi fundación ha documentado hasta mil campos. Desde el inicio hasta hoy, entre 40 y 50 millones de personas han debido pasar por ellos. Actualmente debe haber unos tres millones. Desde que declaré en el Congreso de EE. UU. en los noventa y pedí que se incluyera en los diccionarios la palabra laogai,igual que la de gulag,ya no los llaman así, sino prisiones, pero la función no cambia, sólo el nombre.

Hablemos de lo que se produce en los laogai. Usted denuncia que sus productos se venden también en Occidente.

El laogai es parte de la economía china, infinito trabajo gratis. La mayor fuerza esclava del mundo. Además de construir carreteras, venden todo tipo de productos al mercado, incluida ropa y juguetes. EE. UU. prohibió que se pudieran vender en su territorio los productos procedentes de estos campos y algunas compañías han sido sancionadas por importarlos. Pero hoy son más listos y los laogai venden sus productos a otras compañías chinas de comercio que sí que los exportan como si fueran de fábricas normales. Los productos chinos que compre pueden tener sangre de presos.

Entre esos productos se incluyen órganos.

En los laogai hay sentencias de muerte y el hecho es que China es el segundo país donde hay más trasplantes en el mundo. En el 2006 el Ministerio de Salud admitió que el 95% de los órganos procedía de prisioneros ejecutados.

Y también afirma que muchos de los cuerpos de la exitosa exposición Bodies provienen del laogai.

Es un nuevo desarrollo. Desde que un doctor alemán inventó la técnica de la plastinación, un profesor chino lo copió y se ha creado una minindustria para mostrarlos gracias al dinero de una empresa americana, Premier. Es evidente al ver los cuerpos que muchos de los hombres y las mujeres son chinos, cuerpos no reclamados que deben proceder de los laogai,desde los que no se ha informado a las familias de la muerte.

¿Cómo fue su vida durante tantos años en el laogai?

Fui sentenciado de por vida, no tenía ninguna esperanza. No podía ni siquiera imaginar, ni tener un sueño. Estaba totalmente muerto. Cada día tenía que trabajar hasta la extenuación. Estuve entre la vida y la muerte un par de veces, vi a mucha gente morir, pasé mucha hambre, me torturaron…

¿Cómo sobrevivió a tantos años de sufrimiento?

Porque me volví un animal. No soy un héroe. No pude mantener mi religión después de salir de allí.

La Vanguardia (7.05.2008)

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