La macro contraataca

MacroeconomíaLas dudas sobre la credibilidad de indicadores como el IPC están a la orden del día por su incidencia asimétrica

Los datos recientes sobre desempleo e inflación, así como las controversias acerca de la magnitud de la desaceleración o recesión de la economía, han devuelto al centro del debate los temas macroeconómicos más clásicos. Una mala noticia para quienes habían vuelto a tener la tentación de pensar que los ciclos económicos habían sido dominados. Pero los problemas macroeconómicos actuales, pese a trabajar con indicadores tradicionales, tienen características diferenciales respecto a los de las décadas anteriores.

Las políticas macroeconómicas adquirieron carta de naturaleza cuando, tras la crisis de los años treinta, los gobiernos asumieron compromisos con la ciudadanía en materia de estabilidad económica y protección social, combinándose recetas keynesianas y el Estado de bienestar. Los indicadores económicos agregados tuvieron, en este marco, un creciente reconocimiento ya que se consideraban representativos del impacto y preocupaciones de un ciudadano promedio,en el marco de esas políticas sociales y de equidad ahora en baja o al menos a la defensiva ante la competencia global.Y asimismo ahora las dudas sobre la credibilidad de indicadores como el IPC y su valor de promedio representativo están a la orden del día. Está cada vez más claro y documentado que la evolución de los precios incide de forma muy asimétrica entre los diferentes grupos sociales.

También la distribución profundamente desigual de las ganancias del "modelo de crecimiento español" en los últimos tiempos – incluyendo el deterioro en los salarios reales de amplios sectores- diluye de forma sustancial el significado y compromiso con la evolución del producto interior bruto (PIB). Y no puede por ello sorprender que buena parte del debate sobre la evolución en un futuro próximo se concentre en la distribución por colectivos de las cargas del desempleo más que en los datos agregados.

Otro aspecto en que las realidades macroeconómicas han cambiado en este siglo XXI radica en los cambios en las herramientas a disposición de los gobiernos. Transferida a Europa la política monetaria y la cambiaria, y al albur de crecientes interdependencias globales por canales cada vez más complejos y en ocasiones – como en la actual crisis financiera- explícitamente opacos, parece quedar solamente una política fiscal sujeta a estrechos corsés, que debería verse revalorizada, pero cuya utilización preelectoral provoca a menudo sonrojo.

En resumen, la macroeconomía se refiere a agregados que la propia evolución económica ha hecho más heterogéneos y menos cohesionados, mermando la representatividad y sentido de los indicadores macroeconómicos.

Y la macroeconomía se ha hecho global pero no tenemos políticas macroeconómicas globales. El contraataque de los problemas macroeconómicos parece habernos sorprendido con muchos deberes sin hacer.

Juan Tugores Ques es Catedrático de Economía de la UB

La Vanguardia (19.02.2008)

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