“Era hija de un rojo, y ahora, primera ciudadana de Suiza”

Loly BolayRODRIGO CARRIZO COUTO.Se presenta sonriente y con proverbial puntualidad helvética. Sin formalidades ni protocolos. Con acento gallego cargado de expresiones en francés. "Disculpe que no haya respondido al teléfono", dice nada más llegar a un café en el corazón del casco antiguo de Ginebra, "pero es que me hubieran podido poner una multa". Quien así habla es Dolores Cruz de Cousillas, más conocida como Loly Bolay, por su apellido de casada.

La presidenta del cantón de Ginebra es hija de un republicano español

Nacida en La Coruña en 1950, es desde el 15 de noviembre presidenta del Gran Consejo del Cantón de Ginebra. La española que ha llegado más lejos en el escalafón político helvético. "Nada menos que la primera ciudadana de la República", aclara con humor. ¿Y se puede poner una multa a quien dirige el Parlamento de la ciudad más internacional de Suiza? "Obviamente", dice con un punto de ironía, "porque debemos dar ejemplo a los ciudadanos". Pero, ya más en serio, aclara: "Aquí los políticos no tenemos privilegios, está muy bien".

Loly Bolay es apreciada en su ciudad. Mientras se dirige al restaurante se ve obligada a detenerse casi a cada paso para estrechar manos a quienes la saludan así: "Bonjour, madame la présidente". "Es que yo era propietaria de un bar en este barrio", explica. Pero eso era antes, ahora se dedica a organizar las sesiones del Parlamento, establecer vínculos entre los diferentes partidos y gestionar los debates. Tareas exigentes y, por lo visto, poco remuneradas. "Yo gano 26.000 euros anuales", confiesa. "Para mí este puesto es un gran honor", aclara, "y no estoy en política para ganar dinero, sino por vocación de servicio". Una sobriedad muy protestante que nos es recordada por la imponente cúpula de la catedral de San Pedro.

¿Y cómo una gallega de Corme alcanza la más alta magistratura de Ginebra? "Soy hija de un republicano que debió esconderse durante años para evitar represalias". En aquellos años, su padre se escondía en la buhardilla de su casa. "Y cuando en la escuela preguntaban a mi hermano dónde estaba mi padre, respondía: 'en América'. Así que en nuestra imaginación, esa buhardilla era América". Un padre maestro que luego pasó seis meses de cárcel y que no pudo seguir a su hija por tener confiscado el pasaporte.

"Como hija de rojos no tenía ninguna posibilidad de futuro", así que se trasladó a Ginebra a los 17, donde ya vivía su hermana. Loly primero estudió francés antes de seguir una formación bancaria. "Lo que me permitió trabajar en el mundo financiero durante 20 años mientras comenzaba mi militancia".

Mientras almuerza, Bolay analiza la situación de los numerosos inmigrantes en Suiza, una de las prioridades de su trabajo. "En Ginebra el porcentaje de extranjeros es del 46%, lo que es inaudito en otras latitudes", explica. ¿Y cómo explica madame la présidente el auge de la derecha nacionalista en su país de adopción? "Cuando llegamos los italianos y españoles en los sesenta, aquí había pleno empleo, lo que ya no es el caso", lamenta. El porcentaje de paro es hoy superior a un 6% en Ginebra. "Un dato inconcebible para los suizos". "Yo he vivido la xenofobia", rememora. "Y por ello mi deber es recordar que todos hemos sido emigrantes alguna vez". Con un guiño concluye diciendo: "Incluso los suizos".

El País, 15/12/2007

 

 

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