El castellano, en Cataluña, es clase obrera

Convocados por varias organizaciones de izquierdas críticas con el nacionalismo el pasado miércoles, 2 de diciembre, acudimos más de 300 personas ante la delegación del Gobierno en Barcelona, en el cruce de las calles de Roger de Lauria con Mallorca.

Animados por un megáfono, que repetía eslóganes contra la marginación del castellano o español en las aulas. El más coreado: “Gobierno no te enteras, el castellano es clase obrera”; el más intelectual: “No al feudalismo lingüístico. Viva la ilustración” y otros como: “Inmersión es secesión. Bilingüismo es libertad” o “No al blindaje de la inmersión”, esperamos a que una delegación de las organizaciones entregase el manifiesto. Tras identificar la Policías Nacional a la delegación, recogieron el escrito en la misma puerta, sin llegar a entrar. Después se leyó el manifiesto y hubo intervenciones de representantes de las entidades convocantes.

La Junta Directiva de Alternativa Ciudadana Progresista, convocante, entre otras entidades, de la manifestación, se reunió al día siguiente. Realizado el análisis del resultado de la convocatoria y tras mucho debate se impuso una conclusión “Damos por hecho que existe un espacio de izquierda no nacionalista y quizás esa premisa no sea cierta, que ese espacio esté por crear. Es una reflexión interesante que puede ser orientadora de nuestra actuación futura”.

Es decir existe una contradicción no resuelta entre los estudios demoscópicos que apuntan a la existencia de un amplio descontento entre los catalanes respecto a las políticas secesionistas de la actual Generalitat, soportadas por el actual Gobierno Español, como es el blindaje del sistema de inmersión lingüística forzosa que margina a los niños castellanohablantes en su proceso de socialización, y la capacidad de convocatoria de los que nos autodenominamos de izquierda no nacionalista.

Es evidente que entre los que rechazan la inmersión lingüística hay mucha gente de derechas. Pero también es cierto que mucha gente es de izquierdas, mayoritariamente trabajadora. La continua pérdida de votos del PSC desde hace decenios apunta en esa dirección, los diferentes resultados de los Comúns/Podem según tipo de elección lo refuerza. Es el llamado abstencionismo diferencial por el que las gentes de izquierda se abstenían en elecciones autonómicas y en cambio participaban masivamente en las generales.

Es de temer que los altos niveles de participación en Cataluña de las elecciones autonómicas de 2015 y 2017 y las generales de abril de 2019 ─ver datos de abstención en el cuadro siguiente─, que rompieron ese abstencionismo diferencial, caigan aun más que en las generales de noviembre de 2019. Lo que permitirá, gracias al sistema electoral, un Parlament mayoritariamente secesionista, aun cuando la sociedad catalana mayoritariamente no lo es.

Algunos verán un éxito de convocatoria que acudieran 300 personas en tiempos de pandemia. Otros constatamos que los problemas de construcción de ese espacio, que consideramos imprescindible, para avanzar hacia una sociedad más justa, libre y solidaria, son muchos. La falta de presencia pública no es achacable al interno del movimiento, es consecuencia de una clara política desde los resortes del poder autonómico/secesionista en Cataluña ─no nos quieren ni ver, con incluirnos/diluirnos entre los fascistas españoles ya les vale─ y del poder del Gobierno Sánchez/Iglesias temerosos de que aparezca una izquierda que les saque los colores.

Los egos si parecen abundar entre esa izquierda no nacionalista y parece que nuevamente nos llevará a la imposibilidad de crear una candidatura capaz de juntar a ese supuesto espacio y darlo a conocer a los potenciales votantes que irremisiblemente acabarán en la abstención.

Es tal vez momento de mirar hacia el horizonte, más allá del 14 de febrero. Más temprano que tarde, sin reposo…

42 años de Constitución Española y la izquierda sin enterarse

El 6 de diciembre de 1978 los españoles votamos la constitución. Participó más de 2/3 del censo electoral (el 67,11%) y un voto favorable del 91,81%. En Barcelona, la participación fue del 67,6%, ligeramente inferior a la del conjunto de España, el voto favorable fue del 95,03%. Censualmente, el voto favorable a la Constitución fue del 58,97%.

Pocos estatutos de autonomía han alcanzado esa participación y nivel de votos afirmativos. La reforma del Estatut de Cataluña en 2006 solo recibió el 35,78% de votos afirmativos (Censo) mientras que más de la mitad de los catalanes no acudimos a votar (51, 15%)

Hora es de empezar a valorar cambios que refuercen la democracia, como, por ejemplo, exigir mínimos de participación y de voto en reformas de estatutos o referéndum. Y menos interpretar el sentir popular teniendo una pobre mayoría, soportada por intereses espurios, que, en todo caso, tiene la endeblez de una viga carcomida.

Señores Pedro y Pablo repasen la Constitución de la II República, verán que España nunca fue ni plurinacional, ni federal.

Salud y República… Española claro.

Vicente Serrano

Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

Nou Barris, Barcelona. Domingo, 6 de diciembre de 2020. Día de la Constitución.

*Autor del ensayo EL VALOR rEAL DEL VOTO, Editorial El Viejo Topo. 2016.

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