En Cataluña estamos llegando al punto de confrontación

Hannan Serroukh, coordinadora de estudios islámicos del GEES: “En Cataluña estamos llegando al punto de confrontación”

ENTREVISTA.  Por ÁNGELES ESCRIVÁ. Barcelona

Hannan Serroukh, coordinadora del Área de Estudios islámicos del GEES, un grupo que asesora a diferentes fuerzas policiales sobre el riesgo de amenaza terrorista, asegura que su historia personal es el reflejo de la evolución experimentada por Cataluña en los últimos años.

Ella, musulmana, nacida en Barcelona y de padres marroquíes, pasó de estar perfectamente integrada en la sociedad en la que había nacido, sin que su religión implicase ninguna distinción, a tener que escapar de casa cuando su madre, tras enviudar, se casó con uno de los primeros salafistas que llegó a España para imponer su doctrina como la única válida.

Entre otras cosas, asegura que lo que pretenden los musulmanes radicales es “establecer un orden social islámico”, advierte de que están preparando líderes yihadistas en las universidades españolas y denuncia la “irresponsabilidad” de los políticos al reconocer, por conveniencia e ignorancia, el estatus de determinados musulmanes permitiendo algo en lo que éstos son expertos: filtrarse por las “grietas” del sistema democrático occidental para romperlo.

“El radicalismo no lo podemos menospreciar, ni pensar que son cuatro fanáticos primitivos sin más. Es mucho más complejo y es un peligro para occidente que viene desde hace tiempo y se ha internacionalizado. Los atentados nos han hecho tomar conciencia de su existencia pero desde los años 80, los que apelan a un orden social islámico, que salían huyendo de Egipto o de Argelia, sabían dónde se instalaban y qué pretendían. Vieron que podían utilizar el flujo migratorio como un elemento de fuerza si lo manipulaban, que podían llegar a las nuevas generaciones. Y se dieron las circunstancias: una gente formada, con una idea obsesiva, junto a sus paisanos, que ya estaban aquí, en una situación más frágil y delicada. Se generó a partir de ahí el discurso del victimismo y de la islamofobia, del ellos y del nosotros”, asegura.

Usted lo llama muy gráficamente “terrorismo de desestructuración social”

Hay diferentes víctimas del yihadismo y cuando dicen que la mayoría de las víctimas de ese terrorismo son musulmanes, es cierto. No sólo se les decapita la cabeza, también la dignidad o las ideas…

Y supongo que, desde su punto de vista, es imposible que la desestructuración social sólo afecte a los ciudadanos musulmanes que viven en España y, por ende, en Europa.

En Cataluña se han producido tensiones respecto a la instalación de mezquitas. Yo suelo poner un ejemplo muy sencillo: el de la señora María jubilada que siempre ha ido a la carnicería de al lado a comprarse 100 gramos de jamón y después a tomar un café con sus amigas. De repente, el barrio se transforma. La carnicería es jalal, ya no tiene jamón y ella no entra a comprar, no porque rechace el comercio sino porque no tiene un producto. Y en el café ni entra porque la mayoría son hombres y se siente desplazada. ¿quién está ayudándola a entender todo esto? ¿Quién la está acompañando? Sólo la extrema derecha, los racistas de verdad, le dan su versión. Tenemos que vigilar. Está claro que Europa va a tener un volumen de ciudadanos de confesión musulmana que no suponen ningún problema. Pero de la confesión al orden islámico hay un tramo frente al que tenemos que ser responsables porque hay quienes se aprovechan de la situación en todos los sentidos.

En los servicios de Información de este país se habla de un Estado oculto dentro del Estado que desdeña la Constitución y no se rige por el Código Penal. Hasta qué punto es esto cierto.

En Cataluña hay varias fases. Una primera en la que están presentes las entidades que se relacionan con la administración. Agentes sociales que explotan el discurso del victimismo y cuyo concepto de integración es el de normalizar la idea islámica, que no del Islam. Son cosas distintas. Yo hago una distinción entre asociaciones religiosas, como la del señor Halpud, del consejo Islámico, cuya actividad es como la de cualquier iglesia, y las organizaciones islámicas. Estas últimas organizan actividades colectivas para la infancia, la adolescencia o la juventud, dedicadas a la identidad islámica -no a la fe musulmana-, con unos baremos de control por parte del Estado casi nulos. En la segunda fase hay grupos que se dedican a distinguir quiénes pueden volcarse en una lucha más activa en la instauración de esa identidad islámica. Estos grupos ya no tienen relación con la Administración excepto en casos puntuales. Aquí entrarían las mezquitas salafistas, los supuestos imames que ni saben ni les interesa saber en qué país están, ni el idioma en el que se habla. Lo suyo es controlar. En Inglaterra se ha descubierto que existe la policía islámica. Aquí se ha descubierto que, según en qué barrios, las chicas tienen que cuidar su vestimenta si su familia no quiere tener problemas. Pasa en Figueras, en el barrio de la Marca del Ham. Apenas quedan españoles. O en Can Anglada, en Terrasa, o en zonas de Vic, Salt y Torredembarra. La tercera fase es la de los grupúsculos violentos.

Los partidos políticos se acercan a los líderes musulmanes buscando votos. ¿Animan así a los verdaderos musulmanes?

Hacer fotos, fomentar la presencia mediática de quienes pretenden normalizar la identidad islámica no quiere decir tener un proyecto de gestión de la inmigración ni de cohesión social. Eso no es trabajo. Ni siquiera es una respuesta, es un maquillaje que esconde la falta de ideas y de compromiso. Están animando a los líderes no musulmanes, sino islámicos, que aprovechan todas las fisuras para normalizar ese discurso de la identidad islámica. Tanto que pedimos la separación Iglesia Estado, no es admisible que aquí lo hagamos al revés. Estamos haciendo que la política vaya a la mezquita y que desde la mezquita se esté haciendo política. Eso no es fe. Es adoctrinamiento.

Nous Catalans, la organización de Convergència dedicada a fomentar las relaciones de este tipo adquirió bastante relevancia en este sentido.

Nous Catalans, que buscaba la exaltación de una identidad musulmana catalana para garantizarse una participación en la política, unos votos, terminó. Fue una demostración de irresponsabilidad e inconsistencia totales. Sin calcular cual puede ser el perjuicio para el resto de la sociedad. La foto folclórica tiene consecuencias y las tiene porque es el estatus de un reconocimiento y una presencia a una ideología islámica en la política y, por lo tanto, reconoce la posibilidad de que haya un orden político islámico sin profundizar adónde nos puede llevar todo eso. Sin ni siquiera debatirlo.

¿Llegaría a algo una discusión social al respecto? ¿No es obligación de los políticos entender el problema y dar soluciones?

Yo creo que en este caso hemos de consensuar al menos cuáles deben ser las líneas rojas, cual es nuestra identidad. Hablamos mucho de la identidad del otro pero existe la identidad occidental, española y europea y tenemos que preservarla. Tenemos que saber y ser realistas. Tenemos que empezar a dialogar para sentar las bases de la sociedad del futuro donde ciudadanos españoles van a ser de confesión musulmana. Yo no reniego de ser musulmana pero lo soy en una sociedad occidental en la que he nacido. No todo el islam ni el orden islámico (Hamás, Hermanos musulmanes…) se pueden asentar en Europa y en España. Eso lo tenemos que tener claro. El problema no es la mezquita o el hiyab, el problema es que hay gente que ha llegado a España o a Europa pero no sabe que vive en Europa. En cualquier caso, hay que debatirlo, hay que hablarlo. Mientras haya debate se sabrá el porqué de los cambios que se han ido sucediendo. Sin debate, un día los ciudadanos se encontrarán que el último día del Ramadán es fiesta nacional en Cataluña y no lo entenderá. Y los problemas crecerán de forma exponencial.

¿Cuándo usted habla de un orden islámico se refiere a estructuras islámicas que han sido trasladadas a nuestro país?

A las mezquitas, los colegios, los pisos en los que educan a los niños… Se está produciendo una captación aquí en Cataluña de líderes jóvenes, universitarios, formados, que han normalizado la idea de identidad islámica. Son perfiles de jóvenes que han nacido aquí, que no son inmigrantes, son españoles, están en las universidades, que han pasado por todas esas fases y que, una vez llegan a la universidad pueden llegar a ser futuros líderes con un potencial para instaurar un nuevo orden islámico. quieren tenerlos preparados. Son sus juventudes, como las tienen los partidos políticos. Son las juventudes islámicas.

Hablaba de fisuras…

El terrorismo es algo muy complejo. No es simplemente un ataque. Le precede una estructura y una historia muy antigua, con un ideal que es el sometimiento al orden islámico y la función de quienes quieren establecerlo es entender las fisuras de un Estado para poder filtrarse. Por ejemplo, cuando se dice: los jóvenes miran internet y se radicalizan. No es cierto, no funciona así. Es cierto que los grupos armados organizados hacen los vídeos pero saben que donde va a llegar la publicidad, quien la va a consumir está en un entorno que ya es receptivo.

¿Eso es lo que ocurrió en el atentado de hace un año?

Es que no basta con hablar de prevención, hay que trabajar en ello. Las Fuerzas de Seguridad estaban trabajando a nivel 4. ¿Los agentes sociales estábamos trabajando al mismo nivel? ¿Sabemos en qué fase estamos trabajando y quién es quién? ¿Tenemos conciencia de cómo actuar ante situaciones como las de estos chavales de Ripoll que atentaron? Se conformaron con sorprenderse. ‘Si estaban integrados, si hablaban catalán…’, decían. En la fase secundaria es donde se genera la ideología de la identidad islámica y donde se localizan aquellos que pueden acabar generando una actuación violenta como la que se produjo.

Quiere decir que hay carencias en la Administración, en este caso en la Administración catalana…

Yo creo que después del atentado, todos los discursos previos fueron puestos en evidencia. La fotografía que se nos enseñaba no era la fotografía de la realidad. Se aferraron a la idea de que Cataluña es integradora pero esto no aborda los problemas. Que no haya debate -y sigue sin haberlo- y que no haya fisuras no significa que la convivencia esté siendo buena sino que está habiendo una resistencia. En estos momentos, en Cataluña, en lugar de generar cohesión en la diversidad, se están generando distancias y espacios: el espacio islámico y el español, el islámico y el occidental. La cuestión es cuando llegaremos al punto de confrontación.

¿Llegaremos?

Yo creo que estamos llegando pero los políticos empezarán a cuestionárselo todo cuando llegue un dirigente político, como está pasando en Bélgica, que quiera instaurar la tan temida sharia. Hasta entonces habrá muchas fases que se habrán dilapidado por el camino.

Publicado en El Mundo

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