Radicalismo catalanista en el poder

Volver de vacaciones tras conseguir desconectar de la matraca obsesiva del procés y hacerlo en una semana tan dura como la del 14 de agosto es fastidiosamente desalentador.

Mientras la izquierda sigue en su patera a la deriva, los muchos hechos y declaraciones de ideología totalitaria se agolpan a cada vez mayor velocidad. Sólo quiero centrarme en 3 hechos, creo que suficientemente ilustrativos, de una forma de actuar y razonar paranoica y que roza la irracionalidad.

Ya antes de la masacre yihadista, desde Sabadell llegaban noticias que sólo se pueden calificar de demenciales. Desde el gobierno municipal, es decir, desde el poder de una ciudad de 200.000 habitantes, el radicalismo catalanista (hay quienes les empiezan a llamar catalibanes) encarga y paga un informe donde se dice que se ha de eliminar del callejero a Antonio Machado porque era, átense los machos, españolista. La tumba republicana más visitada y estos dementes, manejando el dinero público municipal de todos los sabadellenses, concluyen que Antonio Machado debe desaparecer del callejero por “españolista“. Y a Quevedo y Goya el informe encargado y pagado propone eliminarlos por “franquistas“, ahí es nada. Si fuera un examen de selectividad sería trendic topic de la risa pero no, es desde el poder. Y la izquierda, desde su patera a la deriva, ha contribuido con notable dedicación a que el radicalismo catalanista alcance y consolide poder.

Ya tras la masacre yihadista se ha lanzado desde los medios subvencionados por la Generalitat que el gobierno español sabía del riesgo y no había advertido a los mossos. Entre los periodistas de más renombre en Cataluña está Antoni Bassas. Su artículo en ara.cat es un soberbio malintencionado ejercicio de amplío lo que quiero y oculto lo que no me conviene. Bassas dice que si la actuación de los mossos no ha sido perfecta es porque el gobierno español no le deja sentarse en las Mesas de Coordinación de la Lucha Antiterrorista Internacional.

En definitiva, viene a decir Bassas y otros muchos que el gobierno español estaba deseando que hubiera una masacre en Barcelona. Sólo desde un obsesivo odio se puede pasar por racional semejante majadería. Sería lo mismo que decir que Junts pel Sí quería un atentado para aparcar el 1-O y no se viera en septiembre que están perdiendo fuelle. Les parece soberanamente estúpido, ¿verdad? pues eso.

Bassas, afamado periodista aupado por TV3, es decir, por el dinero público de todos los catalanes y no sólo de la parte independentista, habla de tener competencias de verdad en el mismo párrafo que dice que Cataluña tiene una policía, un sistema de emergencias y unos hospitales preparados para responder eficazmente. Y sin ruborizarse.

No nombra en su artículo, como no lo ha hecho ningún catalanista en sus declaraciones y artículos, que los terroristas eran mayoritariamente jóvenes de Ripoll, que no hacía falta estar en ninguna mesa antiterrorista internacional para seguirles el rastro. Que estos jóvenes estuvieron en el sistema educativo catalán y crecieron rodeados de esteladas. Los catalanes no podemos culparnos por no haber detectado algo que, obviamente, se ha ido gestando de forma sumamente discreta. Pero culpar a otros de lo que es un error básicamente nuestro es de notable inmadurez.

El tercer hecho, por no venir del radicalismo catalanista, es el que más me duele. Ante la convocatoria del referéndum para el 1-O las bases de izquierda en Cataluña han roto costuras y se han mostrado críticas con los dirigentes de los que debieran ser nuestros partidos y sindicatos. Por fin, se ha dicho a las claras: el 1-O no debemos ir a votar.

Sin embargo, no puedo compartir el motivo alegado para no ir a votar tanto por el manifiesto de los afiliados a Catalunya en Comú como por el manifiesto que impulsan López Bulla y varios exdirigentes sindicales y políticos.

No puedo compartir que se defienda la unidad de las clases trabajadoras en España y en más amplios espacios y, a la vez, no haya una oposición radical a un instrumento que va contra la unidad de clase. Ambos manifiestos se acogen a que este referéndum no cumple ningún canon democrático. En ambos se defiende un concepto de pueblo inalterable en sus esencias y “derechos“, por los tiempos de los tiempos. El remate lo contiene el manifiesto de los compañeros de López Bulla: “Estamos convencidos  de que… para salir de la actual confusión, es necesaria una consulta a la ciudadanía catalana para que se exprese con claridad la voluntad del pueblo de Catalunya sobre su relación con España. Una consulta consensuada en su convocatoria y con plenas garantías democráticas en su realización. En esta consulta nos pronunciaremos inequívocamente contra la secesión…. Es éste un escenario en el que la fragmentación de España sólo nos debilitaría“.

Digo el remate porque en este manifiesto se dice claramente que se defiende un referéndum para decir no. ¿Vd. quiere un referéndum sobre la pena de muerte ó la supresión del aborto para votar no? Apoyar que se pregunte algo ahora es apoyar que se pregunte ese algo siempre. Si ya tienes la respuesta que darías a la pregunta (supresión de la pena de muerte, derecho al aborto) es absurdo que defiendas que se vuelva a preguntar. ¿Para qué, para perder lo que tienes?

Sí defiendo un referéndum sobre la supresión de la monarquía ó la salida de la OTAN. En ambos, indiscutiblemente, votaría sí para tener algo que ahora no tengo. Respecto a los que puedo perder algo que tengo me tendrán siempre en contra.

Sé perfectamente que tanto el manifiesto de los afiliados a Catalunya en Comú como el que impulsan López Bulla y sus compañeros han de tener una visión posibilista, buscando el más amplio frente contra el 1-O, cuya realización sólo supondrá la visualización de una notable fractura social catalana.

Pero ya es hora de decir NO a los referéndums en los que votaría No.

Pedro Fernández
Vicepresidente de Alternativa Ciudadana Progresista ||
Crónica Popular • 30 Agosto, 2017

 

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1 Comment on "Radicalismo catalanista en el poder"

  1. No, al referendum; no, a la mentira; no, a la estafa.

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