Una vuelta de tuerca más

Una vuelta de tuerca más en torno Costas Lapavitsas y el secesionismo catalán (con apunte sobre “Un país en comú” y recuerdo de la II República)

La tercera cita elegida para esta sabatina es más larga. De una entrevista a Joan-Lluís Marfany, de una contra de La Vanguardia del pasado 13 de marzo de 2017. Vale su peso en oro. Como si se tratara de “un cambio de paradigma”, de un giro copernicano sustantivo. Se trata de mirar y comprender con otros ojos:

“Al contrario, los intelectuales de la Renaixença fueron los precursores del moderno nacionalismo español… Porque buscaban una justificación patriótica para ayudar a los fabricantes catalanes, que ya dominaban el mercado hispano, a cerrarlo a la temible competencia inglesa… Ese patriotismo español empieza en Catalunya ya a finales del XVIII cuando la burguesía catalana ve la oportunidad de dominar el mercado español en proceso de unificación y se lanza a fabricar y vender en él. Los catalanes recorren la Península y establecen nuevos lazos entre ciudades de España y no sólo con Barcelona, sino con pueblos catalanes como Calaf o Copons. Ese despegue económico va creando una red de relaciones comerciales y personales que acostumbra a los catalanes a pensar en España no como reino, sino como nación. Marx decía que el nacionalismo se aprende en los mercados, y este sería otro ejemplo… Se iba creando, sí, pero cuando los catalanes se convierten sin titubeos en patriotas españoles es cuando derrotan a los franceses en la guerra de la Independencia. El caso de los Torelló de Igualada es paradigmático. Habían mantenido correspondencia en catalán durante décadas y, de pronto, de un día para otro de 1809, el notario Albert Combelles, su cuñado y custodio de las grandes fortunas catalanas, se pasa al castellano. Y con él, todos… Por patriotismo, el español en ese momento era la lengua de la patria en peligro ante el francés. Y lo mismo hacen otras muchas familias de la alta burguesía catalana. Muchos siguen hablando el catalán, pero los que van ascendiendo en la escala social también van pasándose al castellano. Hablamos de un proceso de generaciones, por supuesto, y con innumerables y difusas etapas y fronteras. Serlo era lo más popular entonces. Un callista llamado Navarro, por ejemplo, se anuncia en un diario de Barcelona en 1840 como “Callista Español”. También es indicativo de ese sentimiento dominante otro fabricante catalán que anuncia sus bragueros españoles como “Industria Nacional”. [P: Respondían –parece– al sentir popular]  Y al relato de las élites cultas: lo podrá comprobar si repasa la literatura de la época. Un apunte sería que Milà i Fontanals fue el creador del nacionalismo español y Aribau, el de la “Oda a la pàtria”… Pues, en realidad, ni era oda ni patria. Aribau escribió, en buen castellano, una prolija obra muy celebrada entonces, como también la escribieron en castellano Joaquim Rubió i Ors o Víctor Balaguer. [P: ¿ Cuál era el proyecto español de los fabricantes e intelectuales catalanes?] Querían construir una España eficiente, moderna e industrial. [P: Pues hoy no son muy leídos] Porque esa producción literaria de autores catalanes en castellano se ha quedado en tierra de nadie: aquí no se considera propia y fuera de Catalunya no acaba de valorarse como la de otros autores. [P. Es lo malo de quedarse en medio] Es que entonces no estaban en medio. El nacionalismo español y su patriotismo eran ampliamente compartidos en Catalunya… Llegó el noucentisme, la Mancomunitat, y, después, el fracaso de los intentos regeneracionistas de España desde Catalunya… La identidad catalana se ha ido expresando en castellano y catalán de muy diversas formas: apostando por un rey; creyendo en un regionalismo al servicio de España o, al final, en un nacionalismo propio…  Catalunya también fue el primer mercado cultural español y su gran industria gráfica… Pero todo lo que le he explicado no prejuzga el futuro. La historia no es prescriptiva; no dicta nada: explica cómo llegamos donde estamos, pero nada más. [P. Pero los que quieren dominar el futuro intentan cambiar la historia] Me temo que en eso tiene usted razón y es fatal para la historia y la política.”

¡Hay que leer el libro de Joan-Lluís Marfuny, Nacionalisme espanyol i catalanitat! Aunque no es fácil, lo digo por experiencia propia, y la brevedad no es, no ha podido ser en este caso de forma justificada, una de sus características. ¡950 páginas, cinco en uno! Una buena propuesta para un seminario; con calma, un año por delante, con sesiones semanales. ¿Quiénes se apuntan?

Los asuntos previos. Dos en esta ocasión.

Sin estar muy puesto en el tema, lo sucedido en el Ayuntamiento de Madrid enseña. Cuando se hace política electoral tomando como eje central las “grandes personalidades”, pasa luego lo que pasa, lo que suele pasar. La izquierda consistente, la que dice y hace lo que dice o cuanto menos lo intenta, a la cuneta. Como casi siempre. ¿Los argumentos? Los de siempre: son unos izquierdosos, no se enteran de nada, no sabe de qué va la copla ni cómo se canta, la lucha institucional tienen sus límites y hay que saber acomodarse, etc etc. La creatividad semántica de los significantes vacíos pasa, según parece, por el centrismo y la moderación.

De la asamblea y formación de “Un país en comú”, el pasado sábado 8 de abril, selecciono esta información: “Continúan las votaciones a las enmiendas al grupo impulsor. Ahora deciden sobre el eje tercero, el cual versa sobre la definición del nuevo partido en relación a la posición sobre la cuestión territorial. Por una gran mayoría se han desestimado las modificaciones al texto impulsor. Había dos enmiendas, una que apostaba por un encaje de carácter federal en el Estado español y otra que apostaba por posiciones independentistas. Finalmente, ha ganado el que no se incluya ninguna de estas enmiendas. Queda, por tanto, el texto, como lo había diseñado el grupo impulsor, que apuesta por compartir la soberanía con un Estado plurinacional. “Apostamos por la creación en Cataluña de una República social, democrática y ambientalmente justa, como máxima expresión y realización de su soberanía nacional. Esta República quiere compartir soberanías con un Estado plenamente de carácter plurinacional”.

El texto del grupo impulsor, el que acabo de citar, lo ha defendido el propio Xavier Domènech, “junto a David Cid, Elisenda Alamany y Toni Salado, de ICV, ex de la CUP y de EUiA, respectivamente. “El doble impulso republicano catalán desafió a toda España”, ha recordado Domènech en referencia a 1931. “Con esa doble fuerza se puede construir un impulso de cambio. Estamos para construir un nuevo futuro. No podemos quedar atrapados en etiquetas ni en hojas de ruta”, ha comentado, en referencia al proceso independentista y a la hoja de ruta del Govern catalán. “La libertad y la igualdad se construye desde la fraternidad. Libertad, igualdad y fraternidad no es indefinición”, ha añadido mandando, según dicen, un mensaje a los partidos independentistas, “que les acusan de tener una indefinición en relación al referéndum”.

Una enmienda, que algunos caracterizan como federalista, consiguió 148 votos a favor, 1.129 en contra, 67 en blanco; la marcadamente independentista, según esas mismas fuentes, 300 votos a favor, 960 en contra, 98 en blanco. Pero no fue el caso, lo contrario es lo verdadero. El lenguaje usado, nada que esté relacionado con la claridad y distinción cartesianas, una vieja característica por cierto de la vieja política, es probablemente la causa de la confusión.

La primera enmienda, la de los 148 favor y 1.129 en contra, decía así: “República y Estado plurinacional. Hacemos nuestra y queremos actualizar la tradición mayoritaria del republicanismo catalanista y de las clases populares catalanas a partir de la defensa de soberanías y libremente compartidas. En este sentido, apostamos por la creación en Cataluña de un Estado republicano, social, democrático y ambientalmente justo, como máxima expresión y realización de su soberanía nacional. Esta República podrá compartir soberanías con un Estado plenamente de carácter plurinacional”. La diferencia con la ganadora, la del grupo impulsor: en lugar de “por la creación en Cataluña de una República social, democrática y ambientalmente justa, como máxima expresión y realización de su soberanía nacional”, se propuso, “por la creación en Cataluña de un Estado republicano, social, democrático y ambientalmente justo, como máxima expresión y realización de su soberanía nacional”. La diferencia es mínima: Estado, República. Transitan por el mismo sendero nacionalista-soberanista. La enmienda perdedora, supongo, intentaba marcar más la finalidad secesionista: construcción de un nuevo Estado propio.

La, digamos, más federalista, la que habla de relación fraternal con otros pueblos, la que obtuvo 300 votos de apoyo y 960 en contra, la que también apuesta por la soberanía nacional plena, decía así: “República y Estado plurinacional. Hacemos nuestra y queremos actualizar la tradición mayoritaria del republicanismo catalanista y de las clases populares catalanas a partir de la defensa de soberanías plenas y libremente compartidas. En este sentido, nos definimos como una fuerza partidaria de la república como forma de Estado y luchamos por una Cataluña democrática, social y ambientalmente justa, que ejerza su soberanía nacional decidiendo el tipo de relación, siempre fraterna, que debe tener con los otros pueblos y naciones que forman actualmente el Estado Español”.

300 votos son 300 votos desde luego. Los colectivos federalistas -eso sí, soberanistas .Cat- de “Un país en comú” no son biyectables con el vacío. Existen. No todo es soberanismo-nacionalismo-identidad-nacional-sobrecargada.

Sin ningún ánimo descortés: ¿ sabían todos los asistentes lo que votaban realmente en cada caso? Seguramente sí, pero hay que estar puesto o muy puesto en materia para diferenciar A, B y la del grupo impulsor. Nadie, en todo caso, habló claramente de una España federal de la que Cataluña formara parte. No queda bien; “España federal”, ¡España!, es expresión prohibida.

El doble impulso republicano de 1931, diga lo que diga el historiador Domènech, no tiene nada que ver con la posición marcadamente soberanista y catalanista, y poco definida (digan también lo que digan) que ellos defienden. La tradición del republicanismo catalán y de las clases populares fue y es la defensa de una sola República, federal, de una sola soberanía popular. Nunca se planteó una república catalana por separado. La soberanía nacional catalana, el nacionalismo, nunca fue el componente del republicanismo catalán no catalanista ni siquiera del catalanista. Por descontado, nadie de la tradición a la que se alude pensó durante la lucha antifranquista en una República catalana soberana y diferenciada del resto de España. Durante la guerra, el PSUC rechazó cualquier insinuación independentista. Lucharon, se luchó por la defensa de la II República Española. Barcelona también fue una de sus capitales. Como Madrid o Valencia. Sin ambigüedades ni expresiones ocultadas. En este punto, “Un país en comu” no prolonga, no abona, sino que rompe nítidamente con una tradición federal.

¿No podemos quedar atrapados en hojas de ruta afirman, cuando, como los y las que defienden esas hojas de ruta, se apuesta como ellos hacen por el inexistente derecho a decidir? ¿”Un país en comú” propondría la abstención en caso de un referéndum secesionista o propondría el voto negativo? ¿El SÍ tal vez? ¿El que cada uno haga lo que mejor le parezca? ¿La diversidad de voto porque el país es plural? ¿Estamos en eso, en ese inmenso error por decirlo suavemente? No lo sabemos por el momento.

Dijeron que se estaba construyendo el nuevo PSUC del siglo XXI. La tradición comunista catalana, mayoritariamente y de forma más que abrumadora, ha sido, como ya he señalado, siempre federalista, no otra cosa. En principios, definiciones, actos y sentimientos de la militancia. España también estaba en su corazón. “Un país en comú” cada vez recuerda más otra cosa, a grupos de la transición como “Nacionalistes d’esquerra”. Marcadamente soberanistas-nacionalistas-catalanistas, y bastante prudentes y moderados en el resto de temas. Hablan, por ejemplo, de una República social y democrática. ¡Hasta el PSOE de Susana Díaz -quin horror!- se podría definir en estos términos! El añadido, “ambientalmente justa” (¿y qué significará aquí “justa”?), lo podría incorporar como lema cualquier fuerza de centro izquierda o de centro. La proposición “la libertad y la igualdad se construye desde la fraternidad” no parece que lleve anexa los principios de claridad y distinción. ¿Cómo se construye esa libertad e igualdad desde una fraternidad reducida, de entrada y esencialmente, a .Cat?

De hecho, nota marginal si se quiere, la designación “Un País en comú” es contradictoria con “Barcelona en comú”. Si aspiramos a que Barcelona sea una entidad comunal de los barceloneses (no veo otra lectura), no puede ser que .Cat sea en el futuro una entidad comunal de los catalanes porque una parte de esta última, Barcelona, es asunto exclusivo de los barceloneses. De hecho, y sin ningún ánimo de incordiar, lo de “Un país en comú” puede sonar a “Cataluña para los catalanes” o, puestos y como en los viejos tiempos, “España para los españoles”. Se impone, probablemente, un cambio de nombre.

Más allá de eso, en mi concepto de comunidad (como en el de millones de personas en .Cat) no entran mi Millet ni Mas ni Pujol ni Fainé ni tantos otros embaucadores, manipuladores y explotadores, y encajan, en cambio, a la perfección, los trabajadores de Fuenlabrada, los estibadores gaditanos, los pescadores gallegos o los campesinos aragoneses (por poner unos pocos ejemplos). Para los de “Un país en comú”, los últimos citados, de entrada, están excluidos. No son de .Cat; son gentes de otros países, extranjeros. No están incluidos en su “soberanía plena”. Los primeros sí. Son catalanes de debò.

Ni que decir tiene que espero y deseo equivocarme en todo, que los hechos falseen todas las críticas que acabo de señalar, de la primera a la última consideración. Más allá de eso, ¿cabe alguna duda de que la improbable separación de Cataluña de España sería una abrumadora derrota histórica total para la izquierda, en Cataluña en primer lugar y en el resto de España en el segundo? ¿Vamos a contribuir a esta inmensa derrota o vamos a transitar por sendero antagónico?

Para cerrar, un comentario más que oportuno del helenista gramsciano Miguel Candel: “Las ambigüedades calculadas acaban deshaciéndose casi siempre por el mismo lado: el que favorece a quienes ostentan la hegemonía en cada momento. Y ¿se han enterado estos compañeros de quién ejerce la hegemonía hoy en Cataluña, con toda una administración autonómica, un aparato educativo y una amplia gama de organizaciones sociales y medios de comunicación a su favor? Si no se han enterado, malos políticos son. Y si se han enterado, son políticos malos”.

(Sin entrar en ningún enfrentamiento identitario, lejos de mí ese cáliz, y dicho sea lo siguiente entre paréntesis, la tradición federalista del PSUC, y del PCE, estuvo más que abonada por militantes heroicos del partido de origen andaluz, extremeño o aragonés, los hombres a medio hacer en el decir del gran embaucador, manipulador y estafador, con el corazón partio y partido entre dos tierras, fraternalmente unidas en sus almas. No conozco ningún estudio sociológico sobre este nudo pero no creo que me equivoque de mucho si conjeturo que, en sus grandes momentos, la mitad de la militancia del PSUC, o acaso más, tenía orígenes propios y familiares que apuntaban hacia el Sur o hacia el Oeste de .Cat. No descubro tampoco ningún Mediterráneo si señalo que también el PSUC tuvo su arista netamente nacionalista aunque ocultada en ocasiones. Algunos, muchos de sus piquitos de oro, estaban incluidos en esa casilla. Décadas después, siendo simpatizantes o incluso militantes de ICV, llegaron a pedir el voto a Junts pel Sí -¡anda menos!- en las elecciones autonómicas de 2015. Era “un momento histórico para Cataluña” aseguraron, en impecable terminología nacionalista. Quina estafa!).

Salvador López Arnal
Rebelión, 15 de abril de 2017
Para leer el artículo completo pinchar aquí

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1 comentario en «Una vuelta de tuerca más»

  1. No estoy de acuerdo con el federalismo aplicado a España, la segunda República no era federal, (y no hay ninguna razón para que una tercera tenga que serlo, y no vendamos la piel antes de cazar el oso), en la segunda dos estatutos regionales, el vasco que solo fué operativo en la mitad del territorio vascongado (con traición a la república) y el catalán ( con las oportunas traiciones separatistas). Franco derogó el estatuť, pero antes el doctor Negrín ya había desposeído a la Generalidad de casi todas sus competencias (por algo sería).
    El PSUC fue creado con trozos como un Frankenstein, con entre otros objetivos el de acabar con la hegemonía anarquista, y al igual que el insignificante PCE, medró gracias a la influencia soviética y siempre a las órdenes de Moscú. Paso al PCF si Moscú pacta con Hitler pues muy bien, en plena guerra campaña pacifista, ataques al imperialismo inglés, y sabotajes al ejército,(hubo fusilamientos), derrota de Francia y ocupación, el partido no es molestado, L’Humanité se publica sin problemas y cuando Alemania ataca a Rusia, entonces si, pasan a la Resistencia.
    Y aquí después de cárceles, torturas, y el sacrificio de tantos militantes, en una semana cambian y aceptan la continuación del régimen, elecciones y fracaso, no hay silla para todos,luego puñaladas entre ellos por una silla, Almeidas, Curieles, Lopeces Garridos, Tamames etc. al igual que los maoístas ORT, PTE, etc. en loca carrera para comer de la mano de Felipe el protegido de Carrero, y en estos tiempos, pues iniciativas, PSUC-zombi, confluencias, mareas, comuns, en plural, todos y todas, verdes, LGTV, podem (yo puedo todos los días sin apretar mucho), ahí te estás, locos por pillar una canonjía, a poner el cazo, a colocarse y de paso a la parienta o al chulo, en fin como dijo la Marie Le Pen, en España no hay Frente Nacional, ya tienen a Podemos.

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