To be or not to be

Artur Mas, convertido en el “embajador volante” del proceso independentista, ha dicho en la Universidad de Harvard que Cataluña aspira a ser “la Dinamarca del Mediterráneo”. Y yo digo: si la Generalitat ejerciera sus competencias de manera eficiente y, en vez de gastar montañas de dinero en chorradas y en corruptelas, hiciera una gestión seria y responsable de su presupuesto, Cataluña ya sería, desde hace años, una nación/región europea ordenada y ejemplar. Con la ventaja, además, que tenemos euros en los bolsillos, en vez de las engorrosas coronas danesas, que hay que cambiar para entrar o salir de aquel país frío y ventoso.

Esconder la impotencia que provoca el estallido de los casos de corrupción y los durísimos recortes que ha sufrido la administración catalana con el argumento que todo esto no pasaría con la supuesta independencia es un inadmisible acto de irresponsabilidad política. Bajo las faldas de la Generalitat hay un millar de altos cargos, asesores, enchufados y subvencionados que cobran unos salarios estratosféricos y fuera de mercado. Son ellos, por motivos egoístas, quienes hacen el caldo del procesismo que les permite vivir los mejores años de sus vidas y de ninguna forma no quieren renunciar.

Ya que queremos ser como Dinamarca (Artur Mas dixit):

· En Dinamarca no hay miles de alumnos que tienen que dar clase en barracones

· En Dinamarca no subvencionan con dinero público las escuelas del Opus Dei ni de los Legionarios de Cristo

· En Dinamarca, los universitarios no tienen que pagar unas matrículas prohibitivas para los bolsillos de las familias con menos recursos

· En Dinamarca, los hospitales públicos no están saturados ni hay unas listas de espera de más de un año para hacer una prueba o que te atienda un especialista

· En Dinamarca, los farmacéuticos no tienen que hipotecar su piso porque cobran tarde y mal las recetas que dispensan

· En Dinamarca no hay más de 100 pueblos abandonados, como pasa en el Pirineo catalán

· En Dinamarca, las autopistas de peaje dejan de serlo cuando se acaba la concesión

· En Dinamarca, el nombramiento del director de la televisión pública se hace por concurso de méritos y no a dedo para poner a alguien afín al gobierno de turno

· En Dinamarca no permiten que los ganaderos tiren al aire libre las deyecciones sin depurar de las granjas de cerdos

· En Dinamarca no hay 139 municipios con las aguas freáticas contaminadas por nitratos

· En Dinamarca, los cultivos con productos transgénicos están prohibidos

· En Dinamarca es impensable que se expropien campos de cultivo para hacer un complejo privado de parque de atracciones, campos de golf, hoteles y casinos

· En Dinamarca nunca habría quedado impune una agresión como la que sufrió Ester Quintana por parte de los Mossos d’Esquadra ni se habría permitido la omertà del corporativismo del cuerpo policial para proteger al agresor

· En Dinamarca no hay carreras de Fórmula 1 y no están dispuestos a pagar la fortuna que cuesta el circo contaminante de Bernie Ecclestone

· En Dinamarca, una ley tan importante como la de transitoriedad jurídica no se mantendría en secreto ni se intentaría aprobar violando los principios más elementales del parlamentarismo democrático

· En Dinamarca, un diputado como Germà Gordó, señalado por el cobro de comisiones corruptas del 3%, ya habría dimitido

· En Dinamarca, las advertencias y las denuncias del Defensor del Pueblo se tienen en cuenta

· En Dinamarca habrían saltado todas las alarmas ante la constatación que el país se haya convertido, como pasa en Cataluña, en la gran plataforma de producción y distribución clandestina de marihuana de toda Europa

· En la frontera de Dinamarca con Alemania no hay grandes prostíbulos ni chicas buscando clientes a pie de carretera

· En Dinamarca, habría una conmoción nacional porque el principal espacio natural del país está desapareciendo bajo el mar, como pasa con el Delta del Ebro en Cataluña

· En Dinamarca sería intolerable que un monumento fascista como el de la Batalla del Ebro que hay en Tortosa restara en pie

· En Dinamarca ya se habría abierto hace años una comisión de investigación parlamentaria para averiguar porqué las obras de construcción de la L9 del metro saltaron de los 3.000 millones de euros del presupuesto inicial a los 16.000 millones, sin no estar ni siquiera acabadas

· En Dinamarca, las empresas que han sido pilladas en actos de corrupción no pueden volver a tener contratos de la administración (aquí, todas continúan mojando como si nada)

· En Dinamarca es impensable que se haya construido un aeropuerto como el de Alguaire, situado en una zona que está durante meses sumergida en la niebla

· En Dinamarca, la implantación de un mastodóntico almacén de Amazon que amenaza con cargarse el comercio de proximidad del área metropolitana de Barcelona habría suscitado un intenso debate público y político. Aquí, la Generalitat lo ha recibido como Bienvenido Mr. Marshall.

· En Dinamarca, las puertas giratorias de la política a las grandes empresas privadas están mal vistas. En Dinamarca, Felip Puig, salpicado en numerosos casos de corrupción, nunca habría sido nombrado presidente del Tram ni David Madí, presidente del consejo asesor de Endesa.

· En Dinamarca, la desaparición de nueve cajas de ahorros por la mala gestión de sus responsables habría provocado un enorme escándalo y, a buen seguro, los responsables de esta catástrofe financiera estarían en prisión o con todos sus bienes embargados

· En Dinamarca, el gobierno no subvenciona en vena a todos los medios de comunicación –prensa, radio, televisión y digitales- para influir en su línea informativa y editorial

· En Dinamarca nunca habrían invitado a un acto institucional del gobierno a un ex-presidente que ha confesado tener cuentas escondidas en Andorra ni a otro ex-presidente que nunca ha dado explicaciones de porqué era beneficiario de dos cuentas en los paraísos fiscales de Liechtenstein y Suiza

El problema de Cataluña no es la independencia o no tener un Estado propio. El gran problema de Cataluña es que no tenemos sentido de Estado y que, en el sacrosanto nombre de la patria y la bandera, hemos estado y estamos gobernados, con perdón, por una pandilla de oportunistas, hipócritas, sinvergüenzas, indocumentados, corruptos y aprovechados.

Como dijo Hamlet, príncipe de Dinamarca, a través de la pluma de William Shakespeare: “To be or not to be”.

Jaume Reixach

El Triangle, 22-03-2017

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