El mito de las primarias

Desde la militancia de decadas en el PSOE

Hace como un par de años, los socialistas muy ufanos celebramos primarias, y salió elegido Pedro Sánchez: así, el PSOE iba a alcanzar el cielo. Sin embargo, en las primeras elecciones generales, 20/12/2015, los resultados fueron pobrísimos, 90 escaños, veinte menos que en las elecciones anteriores. Pedro Sánchez hizo el intento vano de todos conocido para formar gobierno con Ciudadanos, lo que a todas luces fue un error, pues, si bien desatascó la situación dando paso a unas nuevas elecciones, las del 26-J, los resultados en éstas fueron aún peores: el PP subió de manera muy ostensible mientras que el PSOE descendía de manera alarmante, pues perdía cinco diputados.

En estas segundas elecciones, el intento de formar gobierno por parte de Rajoy mediante un acuerdo con Ciudadanos, dejó a PSOE ante la única alternativa de permitir la formación de este gobierno mediante la abstención de 11 diputados o unas terceras elecciones con unas perspectivas pésimas para el partido, también para el país. Sánchez, ante esta situación, podía haber aceptado el reto de una abstención pactada, pero se enrocó en una negativa absoluta con su rotundo “no es no”. Ante la situación de desastre que se preveía y sin expectativa alguna de que Sánchez estuviese dispuesto a dimitir, ni siquiera después de unas terceras elecciones por desastrosos que fueran los resultados, los órganos del partido reaccionaron legítimamente dejándole sin apoyos en la ejecutiva para poder continuar como Secretario General.

Esta extraña situación sólo se puede explicar como un efecto perverso de las primarias, como de cualquier otra fórmula de elección a la que se mitifica, que puede llevar a eximir de cualquier responsabilidad al dirigente así elegido, mucho más en esta fórmula en la que el cuerpo electoral es una masa amorfa de individuos, sin estructura alguna ad hoc desde la que éstos pudiesen replicar a una interpretación viciosa, por no decir falsa de su voto. Yo fui uno de esos electores, que lo hice sin otra razón que la palabra de unos compañeros que me invitaron a que votase a Pedro Sánchez, al que no conocía en absoluto y del que como mínimo esperaba que estuviese a la altura de cualquier dirigente democrático, dispuesto a dimitir cuando los malos resultados de su gestión así lo exigieran, sin necesidad de que los órganos del partido tuvieran que intervenir.

Yo creo que ésta es la sustancia del drama que hemos vivido, sólo que disfrazado de una motivación hábilmente manipulada, el rechazo de todos los militantes a que Rajoy formase gobierno, como si esto supusiese una amnistía general de toda la corrupción que últimamente acorrala a su partido. Ni un solo militante desea eso, sino que echarle es lo que todos queremos. Ahora bien, del queremos al podemos hay un gran trecho, el que sólo se puede salvar intercalando un adecuando sabemos. Es lo que significa la frase que de chico decíamos en mi pueblo: “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. La mera aplicación del “no es no” rotundo, no sólo no iba a echar a Rajoy, sino que lo iba a reforzar en su liderazgo. El hecho es que a todos las vísceras nos pedían el no, pero la inteligencia nos estaba pidiendo a gritos la abstención. A no ser a los imbuidos de una mentalidad cerrada, la que no para en barras y que fatalmente ha de llevar a la tragedia, la que de manera tan brillante los antiguos griegos supieron representar en su teatro, en el que la final, como se suele decir, muere hasta el apuntador.

Hoy ya, con la formación del nuevo gobierno (octubre 2016), el país ha salido de un peligroso atolladero, pero es de suponer que esto dé tiempo y sosiego para que el partido socialista pueda salir del suyo dejando a un lado la confrontación y centrándose en la búsqueda de las que han sido sus mejores señas de identidad, las que tantos éxitos le han dado en el pasado, cuando la ciudadanía lo ha percibido como un partido puesto siempre al mejor al servicio del país. Y esto, por supuesto, sin atender a cantos de sirena, las que confunden el culo con las témporas, como antes se decía en el lenguaje clerical, el queremos con el podemos, un podemos que con tanto tesón nos ha estado exigiendo el “no es no” y que a ellos les iba a empoderar hasta alcanzar el cielo.

Julián Sanz Pascual
(Octubre 2016)

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3 comentarios en «El mito de las primarias»

  1. Se agradece que haya voces diferentes y sensatas en el PSOE. Las infinitas muestras de solidaridad que ha recibido Pedro Sánchez son el colmo de la falsedad. ¿ qué persona que tuviera una empresa mantendría en el cargo a un gerente que lleva la empresa al precipicio ? exacto, sólo tiene interés en que mantenga el cargo el propietario de la empresa rival, en este caso, el dúo de íntimos que se pelean en público Mariano Rajoy-Pablo Iglesias.

  2. El autor pone en entredicho las primarias, como sistema poco fiable de acertar. Tiene razón. Rodríguez Ibarra confesaba que los socialistas no podíamos quejarnos de las políticas de Zapatero, ya que éste era «nuestro producto», «nuestra elección», ¿a quién podemos culpar sino a nosotros mismos?. En efecto, las primarias, los sistemas de elección internos, nacen viciados por lo que los precede: los juegos internos de intereses, los «qué hay de lo mio». Dentro de los partidos hay la misma miseria moral que fuera, pero más organizada, más soterrada, más disimulada, más clánica y más perversa. ¿Hay solución…? Creo que no, mientras no haya discurso ideológico claro y predominio del interés social que toca defender. Sin embargo, a pesar de la fuerte ideologización que se supone a los militantes, acaba triunfando el fatalismo expresado en «si no se actúa como se piensa, se acaba pensando como se actúa…»

  3. En España no hay Democracia, lo que hay es una oligarquía de partidos estatales, no existe representación ni separación de poderes, hay como en la dictadura separación de funciones
    Los partidos son pagados por el Estado, son órganos del Estado,
    En España se vota pero no se elige, los que eligen son los que elaboran las listas.
    Lo de las primarias aquí, es una mala copia de Estados Unidos, pues el «candidato» solo lo es a diputado, y ellos mismos los Zapateros, Aznares etc. alimentan la confusión presentandose como Presidentes de España.

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