Cómo darle la vuelta a la Diada

Más de uno han manifestado su extrañeza por la elección del 11 de septiembre como fiesta grande del nacionalismo catalán, que luego fue aceptado como Diada Nacional de todos los catalanes. ¿Cómo explicarse la celebración de una derrota? Hay quien dice que es por masoquismo, por recrearse en el fracaso, por una especie de victimismo consustancial, por sentirnos presa de unos hados adversos y maléficos. Sea como fuere, el caso es que el relato está construido así, y la conducta social ante la fecha es de acendrado catalanismo, o sea antiespañolismo, lo que viene a ser lo mismo, y perdonen los ripios.

¿Pero podría ser de otra forma? Sin duda. El material objetivo es tan ambiguo, los hechos históricos tan chocantes, que permiten construir diversos relatos, tan distintos que pueden resultar contrarios. Ell Onze de Setembre podría celebrarse igual como una victoria: la victoria felipista contra el austracismo. De hecho, los antepasados de la mayoría de catalanes actuales debíamos estar fuera de las murallas de Barcelona, más que dentro: o sea que decir que los catalanes fuimos derrotados en 1714 es inexacto, o mejor, es una barbaridad. Fue derrotado el partido austracista español. Aparte de que hubo muchas ciudades catalanas felipistas, y no pocas castellanas austracistas: la guerra no fue en absoluto una guerra de liberación entre España y Cataluña, como pretende el actual nacionalismo, sino entre dos aspirantes al trono de España, lo cual afectaba al equilibrio de fuerzas de la política europea de entonces.

Yo creo que el Onze de Setembre bien podría celebrarse como la definitiva incorporación de Cataluña a España: una feliz incorporación, que al cabo de 300 años se percibe con un balance espléndido. De entrada desaparecieron dos grandes males internos de Cataluña: la sociedad estamental y el bandolerismo. Y aparecieron dos grandes bienes externos: el mercado de Ultramar y la protección real de la industria metalúrgica y de paños. Esos cuatro factores hicieron que la sociedad catalana del XVIII diera un estirón espectacular, y que se pudieran acumular los capitales para la industrialización del XIX. Cataluña en el 1700 no era ni rica ni plena: éramos pobres y pasábamos hambre. Si lo fue depués, rica y plena, algo pudo deberse, quizá, sugiero, a la tan denostada “Nova Planta”…

Todo esto lo saben las clases dirigentes, y quizá cuando conmemoran el Onze de Setembre separatista, en el fondo –¿inconscientemente?- están también celebrando la incorporación a la España borbónica, la que le dio el amplio mercado español y los recursos inmensos de las colonias. Es un movimiento paradójico y curioso, que merecería ser analizado por algún psicoanalista perspicaz: con la unión a España me hago rico, y luego para seguir siendo rico reclamo la separación de España, y todo ello lo presento como el desquite por la derrota original, la que me unió a España. Un bucle más que inquietante.

Es hora de presentar un relato neutral de los hechos de 1714. Los hechos ya son de por sí bastante chuscos: el diario impreso en la Barcelona sitiada se editaba en castellano, los soldados defensores de Barcelona eran en un 40% castellanos, los austracistas habían bombardeado Barcelona –desde fuera- antes de defenderla desde dentro, Cataluña fue un hervidero de espías ingleses que les costó una millonada a los contribuyentes británicos, hasta que decidieron retirarle el apoyo a Barcelona, que por eso quizá cayó sin gloria un desgraciado 11 de septiembre. Ojalá nos hubiéramos reservado el heroísmo para otro asalto, el de enero 1939. Que fue un vergonzoso paseo fascista Diagonal abajo hasta el puerto. Sin pegar un tiro.

Jesús Royo Arpón. barcelona-spain. 7/09/2016

1 comentario en «Cómo darle la vuelta a la Diada»

  1. Julián Sanz Pascual | el 11 octubre, 2016 a las 6:07 pm | Responder

    Ésta es la verdadera historia tal como yo la he estudiado en los libros de autores serios. Claro que para aceptarlo así hay que ser ciudadanos serios y estar asistidos por profesores serios y por políticos serios, y no por gente marrullera que no tiene ningún interés por la historia real, sino por su amaño más interesado.

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