Partir de lo obvio

Muchas veces partir de lo obvio nos puede acercar a la verdad de forma más rápida. La Mesa del Congreso no ha quitado el grupo parlamentario a la antigua CDC. Ni ha cometido ninguna arbitrariedad. Se ha limitado a cumplir su propio reglamento. Lo que sí debería sorprendernos es que tanto PP como PSOE estuvieran dispuestos a saltárselo y hacer a los convergentes un favor tan importante, en cuanto a recursos económicos y visibilidad política, cuando no reunían ni uno solo de los supuestos para tener grupo propio. Quien se lo ha quitado no son sus rivales políticos en un acto de “venganza”, como en rueda de prensa afirmaba un Artur Mas enfurecido. Particularmente los nacionalistas culpan a Ciudadanos. Han sido sus propios votantes que el 26J no le dieron el 15% de los apoyos en ninguna de las cuatro circunscripciones y que, en el cómputo global, lo situaron por debajo del 5%. Es verdad que si no llega a ser por la votación en el Parlament, que fue un desacato en todo regla al Tribunal Constitucional, tanto populares como socialistas estaban dispuestos a pasarse por el arco del triunfo el reglamento. Eran proclives a hacer una lectura contra legem amparándose en la hipócrita “cortesía parlamentaria”. Hubiera sido un triste cambalache sin sentido que chocaría con la grave situación que vivimos en Catalunya.

La Mesa del Congreso no ha cometido ninguna arbitrariedad con CDC. Ha aplicado el reglamento.

Lo que sorprende de verdad es que haya tantos remilgos por aquí para describir lo obvio, aquello que fuera de España no dudan en calificar de hoja de ruta hacia un “golpe de Estado”. Lo afirmaba el francés ‘Le Figaró’ meses atrás, añadiendo que la política catalana había dejado de ser racional porque se intentaba hacer pasar por mayoritario algo que en las urnas no lo había sido. Y que el plan separatista no solo estaba erosionando la democracia sino que amenazaba con confiscarla. Esta misma semana la revista más importante de Alemania, ‘Der Spiegel’, advertía que el choque constitucional va en camino de ser inevitable y que el Gobierno español no tendría otro remedio al final que utilizar la fuerza. En Europa poca comprensión encontrará quien pretenda saltarse las leyes. Todo eso explica el fracaso de la internacionalización del ‘proceso’, más aún tras el ‘Brexit’ cuando ha quedado al descubierto el uso populista de los referéndums.

Entre tanto, la CUP acaba de descubrir lo obvio: las votaciones binarias pueden dividir y fracturar al 50%. Por eso ha decidido que no va someter a la votación de su asamblea la decisión de apoyar la moción de confianza de Carles Puigdemont. No quieren repetir la amarga polarización que vivieron meses atrás. Sin embargo, insisten en el referéndum unilateral para el primer semestre del año próximo. Quieren imponer a la sociedad catalana lo que no desean para ellos. De lo que se demuestra que la política catalana solo volverá a la cordura cuando sea capaz de partir de lo obvio.

Joaquim Coll
El Periodico. Jueves, 4 de agosto del 2016

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