En los márgenes de la campaña electoral. Los «desaparecidos» en campaña.

El pensador de RodinAmigos contertulios, me dispongo a reenviaros unos artículos que Vicente Serrano me envió para su reenvío en los inicios de esta campaña electoral. Uno de ellos es un escrito que os remití y que él ha colgado como artículo en la página web de la Alternativa Ciudadana Progresista (ACP). El otro es un artículo del mismo Vicente sobre unos de los temas centrales de la regeneración democrática pendiente (la reforma de la ley electoral) y que forma parte de ese paquete de asuntos político vitales «desaparecidos» en el transcurso de la campaña. En la campaña política de los partidos y políticos relevantes (mediáticos) destacan los grandes ausencias, los «desaparecidos», como el factor más relevante. Desaparecidos están la reforma de ley electoral, la cultura y la educación, la fiscalidad, la deuda, los refugiados… ¡y la Justicia (independiente)!.

Un verdadero jaque mate contra la herencia del 15 M. Así, hoy he sabido que la juez Bolaños puede actuar con esa impunidad de quien se sabe amparada por el actual régimen de partidos amparado para sobreseer (archivar) la «pieza política» de la causa de los Cursos de Formación. También he sabido hoy las iniciativas fiscales que proponen los profesionales de Hacienda agrupados en GESTHA contra el fraude fiscal y la recuperación de más de 40.000 millones de euros para el erario público. Son tan solo dos modestas noticias de la prensa de hoy que ejemplifican muy bien la irrelevancia de la campaña y la relevancia de lo que sucede en sus márgenes.

(Por cierto, y entre paréntesis, una digresión sobre algo que me llama la atención: la unánime inquina contra Rajoy. A pesar de la canallesca política e insensibilidad social del gobierno de Rajoy durante la crisis: dependientes, copagos, inmigrantes, becas, «encarecimiento» de la justicia, rescates públicos de bancos privados, desahucios, deuda, crecimiento «histórico» de la desigualdad social, «agosto» de los más ricos, etc., etc., empiezo a pensar que es el presidente de gobierno de los conocidos menos conectado con los bancos y muchas de las grandes Corporaciones que gozan de estatus privilegiados. Me hace sospechar anta inquina de todos los otros e incluso de los suyos, como Aznar. Con excepción de los «desaparecidos» UPyD y Recortes Cero -quinta candidatura por avales en todas las circunscripciones lectorales españolas-, resulta que es el único que sigue declarando, como si fuera un «anacronismo», que con él todos los españoles tendrán los mismos derechos nazcan donde nazcan y vivan donde vivan. Sabemos que ya existe una desigualdad territorial con una brecha en prestaciones y servicios, que se va ensanchando. Pero, al menos, dice que se propone la igualdad de oportunidades de los ciudadanos. Digo esto, porque tanta unanimidad contra Rajoy, que sabéis no es santo de mi devoción, me mosquea. Los de Unidos Podemos y sus confluencias defienden, como antes y como siempre, las teorías de los déficits fiscales de las regiones ricas y la existencias de unos pactos o privilegios fiscales tanto para éstas como para las «nacionalidades» con pedigrí, es decir, las inventadas por las cavernícolas historiografías románticas(Andalucía no existe). Quienes entienden la realidad y sociedad españolas en términos de países, nacionalidades, naciones…, sabiendo las desigualdades que existen en riqueza, infraestructuras, flujos económicos y financieros, protagonismo político, principio de ordinalidad (prioridades y privilegios de los más ricos), etc., son abiertamente reaccionarios. Lo patético de la política española es que gentes de esa calaña se presenten como progres, izquierdistas… A lo mejor, el progresismo y la izquierda es eso y no nos hemos enterado)..

Prosigo. El segundo artículo es de la feminista Lilian Celiberti. Su prolijo artículo merece una lectura más detenida, pero, en una primera impresión, me quedo con la sensación de que esta feminista progresista está muy instalada en el multiculturalismo (lenguaje común a los movimientos etnicistas de las descolonizaciones, a las ideas de «pueblos» -no en el sentido de Rosa Luxemburg, precisamente-, de las plurinacionalidades, de los diferencialismos, de géneros y subgéneros…). Diríamos que, en gran parte de sus planteamientos, está enganchada a aquello lo que critica Hanna Arendt y  a lo que legitiman muchos sionistas y judíos críticos de Hanna. El encasillamiento ideológico (encorsetamiento que atrapa a ciertas «izquierdas» y a ciertos «marxismos» neoconservadores contrarios -sin más argumentos- a la globalización de la democracia, etc.-por cierto, nada marxianos-) impide plantearse preguntas elementales, por mucho que nos cuestiones los principios: ¿Hay, en la actualidad, fehacientes y existentes alternativas mejores que el capitalismo? Me refiero no a teorías e hipótesis, sino a prácticas económicas, sociales, políticas y culturales, es decir, a sistemas. ¿Podemos seguir ignorando -es decir, dejando fuera del campo de análisis crítico- los sistemas que en nombre de las izquierdas han tenido existencia histórica, aunque hayan sido un fracaso, y que han acarreado tanto o más dolor que el propio sistema capitalista?. Cuando hablamos de crisis ¿nos referimos a una crisis del capitalismo o a una crisis de los controles políticos, públicos, ciudadanos  -es decir, democráticos- de los grandes poderes financieros y especulativos de la economía global y nacional? ¿Qué estamos en condiciones de ofrecer,  controles del sistema o sustitución del sistema? La lectura del artículo de Lilian Celiberti me ha suscitado muchas de estas preguntas, más que nada por tantas propuestas y análisis en el vacío de palabras sin significados. O eso me ha parecido.

No por no hablarse de teorías alternativas o de expectativas revolucionarias, esta campaña me resulta extraterrestre, fuera de contexto, teniendo en cuenta que el contexto sigue siendo de crisis y de secuelas de la crisis. No parece que la burbuja y la crisis hayan servido de mucho para aprender la lección. No hemos salido aún de la crisis -si es que algún día salimos- y sin embargo la crisis es un asunto «desparecido» en campaña, salvo en cuestiones de emergencias sociales, para atender manifestaciones alevosas de pobreza. Fuera de eso, con algunas salvedades, no ha habido ni hay análisis y debates sobre la crisis entre los partidos políticos del carrusel mediático. Incluso Pablo Manuel Iglesias reivindica a ZP, al mismo que negó hasta tres veces la crisis, como San Pedro a Cristo. En fin, que con los actores que tenemos, no veo remedio.

Esta mañana me parecía pisar una tierra que nada tiene que ver con el espectáculo de la política. La concentración de los centenares de letrados en la Ciudad de la Justicia de Málaga me pilló allí mismo, acompañando a una joven extranjera para que la atendiera el servicio jurídico gratuito que presta la abogacía para el trámite de recursos y tantos y tantos papeleos. Algunos -muy pocos- criticaban que la concentración se hacía en tiempos electorales y contra la Junta. La confrontación con el interés de la Junta por cargarse el turno de oficio, a lo Gallardón, viene de lejos, pero ¿qué mejor que presionar también en tiempos electorales y contra quién si no, cuando es la Junta la que tiene competencias en este campo? Lo que sí es cierto es que este y otros asuntos que afectan de modo vital a la supervivencia diaria de una mayoría de ciudadanos es un asunto que se lo toman al pairo la casi totalidad de políticos y partidos políticos cegados por la campaña electoral. La situación de los ciudadanos que acuden cada mañana a demandar un abogado de oficio forman colas, que revelan la faz oculta de la sociedad española, sin medios que les esperen cada mañana a las puertas de los Juzgados. Nada mejor para conocer ese submundo -no minoritario- que ir, por ejemplo, a las colas que cada mañana se forman delante de la Jefatura provincial de la Policía de Málaga. Sale uno de ahí y se encuentra un debate o publicidad electoral y uno sabe bien si es que ha entrado en trance, entra un sueño o se han cruzado en el camino unos cuantos trileros. A veces llega uno a pensar: ¡Qué hartazgo de política y cuánto nos cuesta mantener este parasitario tinglado de la partitocracia!.

Con un drama humano sin precedentes en la historia reciente europea, como el de los refugiados de las guerras de Oriente Próximo y África, hasta esta dramática realidad humana y social ha desparecido en el desfile electoral. Ni siquiera se han mencionado las formas más lesivas -y criminales- de eliminar las resistencias para expulsar a Turquía a refugiados sirios en Grecia. ¿Hemos escuchado alguna explicación de cómo un gobierno de izquierdas, hermano de Podemos, después de toda la movilización social y ciudadana que hubo en Grecia, ha llegado a esto? ¿Cómo explicar la aceptación de las condiciones más duras de Bruselas y, a la vez, la liquidación de la resistencia social por parte del gobierno griego? ¿Cómo es que no hay debates sobre un asunto tan determinante en Europa para vida de los ciudadanos? Ni siquiera se ha comentado lo que otros hacen, por ejemplo que ACNUR rechazó gestionar fondos europeos para -como decían los de ACNUR- echar a los refugiados, o el repudio de Médicos sin Frontera a las subvenciones europeas por el mismo motivo. 

La crónica de esta campaña podría ser «20D: Vuelva usted mañana (26J)». Se trata de hacer otra cola para tramitar el mismo papel, para poder legitimar los buscadores del poder y los gastos que nos acarrean. Como dice Vicente Serrano, en el primero de sus artículos, partir del bipartidismo para llegar al bipartidismo ampliado. Duros a cuatro pesetas, cortinas de humo, donde dije digo diego, poder, poder, poder como estribillo y copla (tanto de los podemitas que todo lo pueden como de los otros que no pueden tanto)… ¡Qué hartazgo, qué engañifa, qué vodevil…, y qué NO-DO tan caro para los ciudadanos, asistentes obligados! A veces muchos no entienden por qué el anarquismo y el apoliticismo tuvieron en España tanta importancia histórica. Pienso que van apareciendo muchos datos en el presente para entender ese «enigma» del pasado.

Pero, es la misma cola del «Vuelva usted mañana», en tiempos sombríos. Me ha llamado la atención este breve escrito de Eduardo Jordá, que se atreve a decir lo que otros no se atreven a pensar ni como hipótesis.

Claudicar

eduardo / jordá | Actualizado 22.06.2016 – 01:00

  • SI las televisiones sirvieran para algo, cada año emitirían un resumen de lo que pasó en Alemania en los meses previos a la llegada de Hitler al poder. ¿Qué pasó para que alguien que no ocultaba ninguna de sus siniestras intenciones se fuera ganando poco a poco la mente y el corazón de la gente? ¿Cómo fue posible que un genio diabólico cargado de odio y de palabrería hechizara a gente inteligente, culta, sensible y en el fondo con buen corazón? Algo muy sencillo: Hitler era el único que creía en sus posibilidades y era el único que estaba decidido a hacer lo que fuera para llegar al poder. Todos los demás -comunistas, liberales, socialistas, centristas, católicos- dudaban y pasteleaban y competían entre ellos sin formar un frente común contra la gran amenaza que se les venía encima. Y mientras tanto, las frágiles instituciones de la República de Weimar se iban viniendo abajo sin que nadie hiciera nada por sostenerlas. Lo cuenta muy bien Ian Kershaw en su biografía de Hitler. Pero también lo cuenta muy bien, aunque en otro contexto, Manuel Chaves Nogales en su espléndido libro sobre la caída de Francia en 1940. Para Chaves Nogales, las causas de la derrota francesa fueron muy simples: «La falta de fe no sólo en los hombres, sino en las ideas y en los sistemas, y la íntima convicción de la inutilidad de todo esfuerzo colectivo, habían creado un ambiente de claudicación y un sentimiento de derrota».
  • Y eso mismo es lo que está ocurriendo ahora entre nosotros. El único relato que se ha impuesto es el de unos jóvenes que dicen ser socialdemócratas pero que en realidad sólo sueñan con hacerse con el poder -con todo el poder- con el mismo frenesí insaciable con que soñaba el Gollum de El Señor de los Anillos con poseer el anillo mágico («Es mío, es mío»). Que esos jóvenes, camuflados en las sonrisitas postizas, pretendan destruir todas las instituciones de una democracia representativa para sustituirlas por su propia versión de la «democracia real» -en la que el poder estará sometido a sus caprichos- es algo que no parece preocupar a nadie. Y todo el mundo pastelea o se traga las promesas sonrientes sin pensar en lo que ocultan ni en lo que incluso anuncian descaradamente. Y lo peor de todo es que si dices esto, miles de personas te consideran corrupto, vejestorio y aguafiestas. Pues muy bien, por mi parte, dicho queda.

Termino con una poesía de Montserrat Doucet, en los inicios de la crisis, que me ha enviado Antonio Pavón y que termina con «esa larga humedad en el tiempo… que vaticina la noche y sus nieblas».

ARQUITECTURA ENTRE LOS CAMPOS

Traté de recordar

cómo era antes la lluvia,

cuando los besos eran sólo

una punta de humedad entre el tabaco,

cuando los parques eran un esbozo

de arquitectura entre los campos.

Trate de recordar el mundo,

nuestro mundo ajeno

al llanto de las selvas,

al sueño curvado del arco iris,

al lento laberinto de los caracoles,

al gozo de la muerte.

Y tan sólo encontré

esa larga humedad

en el viento y sus moldes

que vaticinan la noche y sus nieblas.

Montserrat Doucet. Arquitectura entre los campos (2008)

 

Y me permito remitiros asimismo una carta (*) de nuestro amigo Angel Serradilla a un sobrino suyo, en que argumenta de modo convincente su opción por el voto en blanco. También yo lo he votado durante tiempo, hasta encontrarme con la posibilidad de participar en RECORTES CERO-Grupo Verde.

Un abrazo. Rafael.

Málaga,  23 de junio de 2016

(*) no la adjunta

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