LA CORRUPCIÓN ELECTORAL

corrupción electoralLa nueva campaña y cita electoral me provoca una gran preocupación. Quisiera transmitir algunas  reflexiones que puede que a algunos de mis queridos compañeros de viaje  puedan resultar chocantes. Van sobre la publicidad del cambio político.

Lo normal, cuando busco información, por el sesgo de mi particular currículum político y cultural, es indagar en medios, análisis y fuentes de lo que llamamos -o se autodefinen- la izquierda. En realidad, las diversas y contrarias y hasta antagónicas izquierdas. Es una limitación que acepto como tal y que trato de superar (Pese a los más de 175 años de historia de la izquierda, resulta inútil todavía poner en solfa el término izquierda para designar una posición política significativa. Es un término que considero poco útil para entender lo que sucede, pero que se impone para hacerse entender. Gustavo Bueno escribió hace unos años un denso estudio sobre “el mito de la izquierda” y analizó, desde Marx para acá, hasta siete generaciones de izquierdas, diferentes entre sí y cada una con su respectiva diversidad, y a veces letalmente contrarias. Las guerras civiles de las izquierdas durante la Guerra Civil española siguen buscando historiadores. Fue el tema de mi inconclusa investigación de doctorado. Obviamente, el “mito de la izquierda” requiere la existencia de una derecha caracterizada con toda la mitología de la “derechona” que hace al caso).

Lejos ya del 15 M, en todas las informaciones y análisis sobre la coyuntura presente,  la totalidad de las denuncias de corrupción y de los males políticos se focaliza, a grosso modo, en la derecha, o sea, en el PP y Rajoy. Los hay incluso que, con aire de incuestionada superioridad moral, condenan no solo a los dirigentes y a las élites del PP como únicos y singulares agentes corruptos, delincuentes y responsables de los males de las políticas de ajustes sociales, sino que también se señala a las bases y votantes del PP como cómplices necesarios de la corrupción y como individuos dopados  o “feligreses” incapaces de pensar. Este es el discurso elemental de las bases podemitas, que los de IU han pasado a engrosar.

Hemos llegado a una situación (conocida y vivida ya) en que unos y otros, a derecha e izquierda, nos presentan las elecciones, generalizando y simplificando, como una disyuntiva entre el bien y el mal político y social, como una película de buenos y malos (a veces, de buenísimos y malísimos), sin necesidad de mayores argumentos. Esto es lo significativo. En las redes internáuticas (facebook, etc.), sobran los argumentos; hasta pueden ser contraproducentes, pues a las primeras de cambio topas con exabruptos como réplica. Con salvedades, sirve de poco. Un columnista de prensa definía bien ese fenómeno: “No solo se politiza el fútbol, sino que se futboliza la política, con el sentido de pertenencia a un partido que recuerda al del hincha de un equipo, con sus mismas ansias de victoria sobre su rival”. Esto es lo que circula mayoritariamente en algunas “bases” de los partidos.

En mi opinión este es uno de los elementos que mejor ejemplifican que no ha cambiado nada o casi nada y que poco es lo que puede cambiar. Del 20-D acá, hay más simulacro que disyuntivas reales entre el régimen partitocrático objeto de la indignación de los movimientos del 15 M  y las alternativas que se ofrecen como el “cambio”, que incluso en la terminología cada vez se parecen más a un recambio del cambio de Felipe González de 1982 y un sucedáneo de una regeneración democrática cada vez más olvidada. Seguimos instalados en dinámicas, que en muchos aspectos discurren sin solución de continuidad con el pasado anterior al 15 M. Hemos vuelto a los tiempos del bipartidismo sin bipartidismo (con más de dos protagonistas) y a una redefinición de los pactos de gobierno con los nacionalismos de tiempos pasados, sujetos ahora a una espectacular (en el sentido etimológico de la palabra) reconversión de los mismos en movimientos, mareas y confluencias comunitarias caracterizadas con un lenguaje  más o menos radical y de izquierdas, fabricado a expensas del crédito social y herencia del 15 M.

Soy de los que vieron algo realmente distinto en el 15 M, igual que vi poco o ningún cambio sustancial en la propuesta cínicamente regeneracionista de Felipe González en las elecciones de 1982. Me considero algo curtido en estas lides, primero por militancias vividas, desde el tardofranquismo y la impactante Transición, y después por andar más o menos implicado en estos casi 40 años de ininterrumpidas campañas electorales y movimientos sociales y ciudadanos. A estas alturas, resulta inevitable –yo diría que cívicamente imprescindible- que me empiece a hacer algunas preguntas sobre la escenificación política a la que nos obligan a asistir. Digo bien, “obligado”, como obligado está uno a devolver los préstamos. Me siento un poco ridículo haciéndome preguntas de escolar de primaria, pero la situación es la que hay. Hay que volver a lo básico, a lo fundamental, cuando lo  que prima en la publicidad política es “el barro de la comunicación mediática, el electoralismo y el culogordismo” y la imagen y el lenguaje del vendedor de ideologías de marketing, que se empeñan en darle la razón a las tesis de Fukuyama sobre el fin de las ideologías.

Volviendo a lo básico, me planteo una simple cuestión: ¿Cuál es el motivo por el que el análisis en que se cataloga al PP y sus feligresías como corruptos y culpables de la degeneración democrática y del desastre social no se hace extensivo a los partidos de la «casta» -como se decía antes-, es decir a la partitocracia de todos los colores políticos, que ha ocupado y continúa ocupando las instituciones representativas y secuestrando las demandas ciudadanas que confluyeron en el 15 M?

Esa sí fue una marea y una confluencia social real, que diferencio nítidamente del reflujo posterior y de la manipulación gestionada por los agentes del desencanto de la Transición, entre los que milité durante un tiempo, en realidad, hasta que me topé con los nacionalistas periféricos y, en particular, con la izquierda nacionalista, que se ha vuelto rentista de las mareas y asonadas nacionalistas. Lo de ahora no es el 15 M y lo que se conmemoró hace unos días  poco o nada tenía que ver, pero así es como se reescribe la historia y la memoria histórica. Estos últimos (los del “desencanto de la Transición) son literalmente “oportunistas”, que han visto la oportunidad de reengancharse al desencanto que flota en el guadiana del movimiento de los indignados;  están desencantados con la democracia, pero no nos confundamos: los del 15 M, no; los movimientos del 15 M querían más democracia, un sistema más radicalmente democrático.

Un eje de los movimientos del 15 M era denunciar una corrupción sistémica (de donde sacaron lo de la “casta”), que está presente, por ejemplo, en el PSOE, desde hace mucho, desde antes de Filesa, de los maletines del 92 y de las puertas giratorias; es además sistémica en regímenes como el andaluz, pero no solo en el andaluz y el valenciano. Otro tanto ha sucedido y sucede en el régimen catalanista, en el que, desde hace más de tres décadas, existe un sólido consenso de los partidos del oasis catalán en silenciar la corrupción sistémica, amordazar los medios de comunicación y  domesticar la justicia. Por otra parte, IU (o los partidos homólogos) ha cohabitado con el PSOE en Andalucía, con los nacionalistas catalanes en la Generalitat (los nacionalistas del PSC y ERC), con el PNV en Euskadi -en tiempos de terrorismo y fascismo callejero y del monopolio peneuvista de los empleos y empresas institucionales-, aparte de beneficiarse –como los demás, menos los de UPyD- de las tarjetas black de Cajamadrid, del escándalo de Mercasevilla, del urbanismo ilegal, etc. Todos se han beneficiado de las Administraciones paralelas y del clientelismo, que han configurado la partitocracia, un régimen diseñado de principios de los 80 contra la ciudadanía.

Es una historia sin apenas rupturas significativas con el régimen partitocrático, con la novedad, contraria al eje ideológico del 15 M, de que la partitocracia queda ahora reducida al PP y pocos más. Antes, durante el 15 M, estaban los partidos y la sociedad civil, que en su mayoría ni cabía ni estaba en los partidos políticos. Estaban los partidos y la “gente”, como esferas incluso contrapuestas.

Los dirigentes que se han aupado a la ola del cambio impulsado por el 15 M, sin embargo, se han distinguido por ir “achicando los espacios”, como diría Menotti,  a Rajoy y a la herencia del aznarismo, en suma, a los peperos, que es una historia corta si se compara con la historia larga de los gobiernos socialistas y nacionalistas, mucho más determinante en la construcción el régimen de partitocracia. Incluso, en tiempos  del liderazgo de Anguita, se fue beligerante con la corrupción socialista, pero no tanto con los regímenes nacionalistas, que eran la otra pata del felipismo y potenciales aliados de las formaciones homólogas de IU en las “nacionalidades históricas”, y menos aún, con la sistémica.

Posiciones como las de J. Fco. Martín Seco eran hechos aislados. Muchos de los dirigentes de Podemos estaban entonces en IU y organizaciones adláteres (por ejemplo, la LCR, ahora Izquierda Anticapitalista) y poco dijeron respecto a las sucesivas y distintas corrupciones nacionalistas, mientras mostraban su admiración por un régimen tan corrupto como el venezolano. Me huelo que tenían más interés en reírle las gracias a Chávez que en leer a Rafael Chirbes y Leonardo Padura. También estaban más preocupados por la deriva liberal del gobierno socialista que por la partitocracia que se iba cimentando. Que los partidos políticos ocuparan las instituciones y el espacio público, el de la política, succionando la sociedad civil y cualquier control ciudadano, no parecía importarles demasiado.

Más que herederos del 15 M, una mayoría de los publicistas del cambio ha sido la que mejor han sabido manipular y rentabilizar políticamente  el 15 M. En concreto, los artífices de Podemos aguardaban y guardaban los petrodólares oportunos para su obra de ingeniería política, con ciertas connivencias financieras nacionales que no tengo aún claras. Estos proyectos, como ciertas revoluciones, son obras de ingeniería política, si se posee del instrumento determinante de un determinado tipo de partido político. Estos tránsfugas de IU y viejos compañeros de viaje desencantados de la democracia mantienen un tipo de partido leninista, de leninismo redivivo, con escaso apego sobre el poder de decisión de los ciudadanos, de las “bases”, ahora designadas “círculos”, y un discurso estalinista y multiculturalista de viejo cuño sobre los nacionalismos y las historias “plurinacionales”.

Este último asunto, que suele pasar bastante desapercibido o aparecer como tangencial y colateral, me parece fundamental, algo así como la prueba del 9. .

En realidad, la dejación de la idea de ciudadanía democrática del 15 M en beneficio de las izquierdas nacionalistas o nacionalismos de izquierdas (es decir, de los otros nacionalismos enfrentados al españolista) les ha permitido a Unidos Podemos contar con mareas y otras confluencias comunitarias o “territoriales” (es decir, enmarcadas en ámbitos de decisión  nacionalista). La cuestión merece una breve exégesis, por lo que tiene de ilustrativo del espejismo de las actuales fuerzas del cambio. Me detengo en la declaración  multiculturalista del líder podemita, hace unos días: “Euskadi es una nación” y “como tal, tiene el derecho a decidir”. La información, con la imagen del líder, aparecía como un lema de campaña en uno de los pots de un grupo de facebook  de propaganda podemita (Red de Difusión  de Podemos). No trato de rebatir la afirmación y su consecuencia de Pablo M. Iglesias Turión (ya he publicado solo y acompañado, las últimas veces, por Vicente Serrano en El Viejo Topo, varias réplicas) sino de evidenciar el procedimiento político que sirve de modelo para el asentamiento dogmático entre las bases de estas y otras cuestiones.  Hice un comentario en estos términos:

“Euskadi es una nación era el lema sabiniano, en línea con los nacionalismos herderianos y etnicistas que han encarnado la reacción europea contra el liberalismo, los regímenes constitucionales y la democracia desde la Revolución francesa. Que haya alas izquierdistas en los nacionalismos es lo de siempre (las hubo en el fascismo italiano, en el nazismo, en el falangismo y nacionalismo español y las hay en el abertzalismo, el catalanismo…). Desde el liberalismo conservador no se llega al fascismo, pero desde el nacionalismo sí: es un tránsito obligado, como desde el estalinismo se llega al totalitarismo del Partido-Estado. La «cuestión nacional» y su concepto del derecho de autodeterminación nacional según Stalin no tienen nada que ver con el pensamiento de Marx, ni con la izquierda socialista ni la democracia. Sí tienen en cambio mucho que ver con las ideas reaccionarias del volkgeist y otras afines que se desarrollaron en la segunda mitad del siglo  y principios del XX.  El populismo en esta cuestión puede causar estragos. El líder debiera ponerse al día”.

Las respuestas fueron una colección de exabruptos, plagados por demás de faltas de ortografía, en defensa del líder y cuestionando sin más o descalificando mi opinión.  Para evitar reiteraciones y entender la nula receptividad a cualquier reflexión crítica en ese y otros asuntos, sugiero la lectura atenta de lo que dice este “militante” adscrito a otra página de facebook,  Bases Podemos:

DEDICADO A LOS QUE ACOSAN A LOS DISIDENTES QUE SE ATREVEN A CUESTIONAR LAS CUPULAS. Gracias, me habéis ayudado a reflexionar y a entender lo que está pasando.

En mis años de correr delante de los grises, entendía este poema (el de Antonio Machado: Ya hay un español que a vivir empieza…) como que las dos Españas eran la de la izquierda y la de la derecha, está claro que cogí el camino más corto y así el más cómodo para comprender. Oí en mi infancia el típico !cuidado con decir rojo, los vecinos te pueden denunciar!, y también oí en otras casas que antes de la guerra y durante ella tenían que tener cuidado con que los vecinos les escucharan decir azul.

Yo ahora entiendo que la España que durante los últimos siglos ha muerto y todavía muere es la España de la fanatización, la de la comodidad del dogma, llegando al linchamiento, por la falta de estudio, investigación, y por tener líderes que para su beneficio eso han promocionado. Y la que bosteza es la que no actúa ante todo lo anterior No podemos olvidar que esas dos Españas en el pasado nos llevaron  a una guerra civil.

Me siento igual que los que fundaron Bases Podemos, que somos herederos y por eso tenemos que defender nuestra herencia, el proyecto principal del 15M: el empoderamiento del pueblo para poder fiscalizar y controlar a la corrupción de sus representantes, para conseguir una Democracia y Justicia judicial y social REAL. Corrupción es también la financiación ilegal de los partidos, el purgar a los disidentes dentro de los partidos, el contratar a familiares y amigos. El prometer una cosa y hacer otra, El promover el enfrentamiento al disidente. Yo me apunté a Podemos porque se hablaba del empoderamiento de las bases, de que no había derechas ni izquierdas, de que la prioridad era combatir la corrupción, defender la justicia social. Cuando apoyamos su creación yo no escuché que la línea roja era seguir el camino de la época anterior a la guerra y montar referéndums de cada territorio que lo desee, para crear un gran río revuelto con efecto dominó y ya sabemos a quién benefician los ríos revueltos: a los pescadores…”.

Entiendo que la expresión “montar referéndums”  es algo que solo se puede entender cabalmente si se tiene en cuenta la coerción y la manipulación en estos ámbitos de decisión nacionalistas establecidos durante las últimas décadas, sujetos en la vida política y pública al adoctrinamiento, la presión social, la coacción simbólica y lingüística, la estigmatización de los que disienten y el miedo (silencio, inhibición, complicidad, autoexclusión, sumisión, asimilación…).

Siempre hay en esto un más allá, un plus ultra. Hace unos días, el conseller de relaciones exteriores de la Generalitat de Catalunya, Raúl Romeva, ex IC-V,  proclamaba que los herederos de las seis víctimas asesinadas durante la guerra civil cerca de la frontera con Francia, a las que le rendían un homenaje, eran los que ahora clamaban por una Cataluña libre e independiente.

Aparte de la perversa manipulación de la historia -que contamina todos los currículum escolares de Ciencias Sociales y la educación pública en Cataluña, en que apenas si se dedica atención a la Guerra Civil y cuando aparece es como guerra civil española impuesta en el oasis catalán por el guerracivilismo español y los “foranis” (anarquistas y revolucionarios), resulta repulsiva su manipulación de unas víctimas de la guerra y su sentido de superioridad sobre los españoles antifascistas que lucharon en la «Guerra de España». De modo vergonzoso e inicuo, restringe esa condición de combatientes contra el fascismo y por la libertad a los catalanistas, que, en buena parte, fueron presa del pánico, se adhirieron a los sublevados y trataron de buscar una paz por separado con Franco para separarse del Estado Republicano, con la mediación de Gran Bretaña.

Pero, lo que peor he llevado siempre es el silencio oprobioso y la inhibición cómplice de una mayoría social. Cuando en septiembre de1987 presenté un revisión historiográfica crítica en la jornadas del ICE de los contenidos de historia, mis compañeros de profesión tenían miedo de hablar del asunto. Muy pocas críticas historiográficas a la manipulación de la “historia nacional” en los diseños curriculares y manuales se han hecho públicas y quienes lo han hecho han tenido que afrontar el estigma del facha, del traidor, del “butifler”, del españolista, etc.  En ese silencio, en ese miedo y en la aceptación de la manipulación del lenguaje y del pasado han participado los más de los integrantes y aliados de Podemos en Cataluña.

El engaño político y y la manipulación lingüística es, como la corrupción, una traición al electorado, aunque sea su propio electorado, suspendido en trance emocional. Con tipos de partido e ideologías tales no hay análisis ni revisiones críticas que valgan. ¿Se han preocupado –asunto importante- de analizar el devenir de Grecia y Syriza, partido hermano, el modelo que Iglesias Turión hizo suyo durante las elecciones griegas? ¿Por qué tantas mutaciones terminológicas (respecto la fiscalidad, la deuda, etc.) y pactistas con integrantes de la “casta” (ahora olvidada) en apenas dos años, sin necesidad de explicarlas? ¿Por qué la ausencia de valentía para revisar su posición respecto al chavismo, del que son en parte coautores?. Víctor Ríos puede ser uno de los paradigmas.   ¿Por qué, si no son capaces de ninguna mirada crítica, descalifican con tanta alegría a los electores del PP como “feligreses” corresponsables de los delitos y crímenes del gobierno? ¿Por qué, además, cuando sus electores y sus redes de difusión social –y no digamos los nacionalistas- se comportan como cualquier otra feligresía o fans de un equipo de fútbol? Desde luego, así, no hay necesidad alguna de andarse con argumentos y razonamientos.

En mi opinión, el ejercicio reduccionista de endosar ahora la corrupción y otras estafas solo al PP y a Rajoy forman parte de la corrupción electoral a la que asistimos. Esto no es el 15 M. Ahora, la corrupción solo la encarna y personifica el PP, y a veces el PSOE cuando conviene. Ni siquiera CDC o Junts pel Sí o ERC. También a IU y CCOO se le perdonan sus pecados. Ahora, la casta es solo el PP, y de vez en cuando el PSOE cuando viene al caso. Hay un proceso degenerativo y manipulador del legado del 15 M, imprescindible para mantener en pie este carrusel de corrupción electoral.

El programa de regeneración democrática del 15 M, según la reconversión  llevada a cabo por los encauzadores del cambio, ha quedado en quítame de en medio al PP y a Rajoy, que me pongo yo. Pero, la realidad que vemos muchos ciudadanos es tozuda. En Cataluña el problema de la corrupción sistémica persiste aunque no aparezca  a la hora de establecer pactos con los nacionalistas y elementos de la vieja casta autonómica  corrupta y encubridora. En Andalucía, otro tanto. En el País Vasco, ni siquiera muestran pudor en superar la  perversión del lenguaje de equidistancia entre los terroristas (sujetos de proyectos políticos) y las víctimas del terror, desprovistas de proyectos políticos y tachadas de mero sostén de los aparatos del Estado. La corrupción es traición a la democracia, pero la gran mentira política de que se sirven el populismo y la demagogia no lo son menos. No solo vemos la montaña de escoria del PP.

La demagogia en curso sigue haciendo el mismo ejercicio reduccionista de la corrupción que la casta del bipartidismo le endosaba al otro en exclusiva, pero con nuevas dosis de populismo y una renovada desmemoria. Hace unos días leía que una profesora de los cursos de Ojeda (el del descarrío clientelar y delictivo del dinero destinado a cursos de formación de parados) aseguraba que sacaban y colocaban los materiales para pasar la inspección de los cursos de formación y luego lo retiraban. Son noticias que cubren el noticiario cotidiano, menudencias que transitan sin ningún tipo de penalización pública ni política, si no son imputables al enemigo a batir. Debido a la recomposición del mapa político de siglas, no hay el mismo margen de antes para el “y tú más”. Una sesión del Parlamento andaluz por el fraude de los cursos de formación concluyó en un bochornoso espectáculo casi boxístico, con un presidente de la Comisión escandalizado por la posible repercusión en los medios y la opinión pública.

Ni antes ni ahora se persigue desmontar la corrupción sistémica y de acabar con la corrupción institucional; se utiliza la que es útil para abatir al adversario coyuntural. En este punto no hay distinciones que hacer entre izquierda y derecha. ¿Acaso los grandes sindicatos y sus afines políticos no estaban al caso de ese saco sin fondo de recursos públicos que eran los ERE, los cursos de formación y otros montajes del régimen juntero? No todos padecemos la idiocia partitocrática de buena parte las feligresías de partido y siglas. Sé por experiencia que la militancia sectaria y el fanatismo ideológico levantan muros para ver la realidad y mirarnos a nosotros mismos. No todos, por cierta coherencia con lo vivido, por exigencias de la edad y por la ausencia liberadora de militancias sectarias y dogmáticas, sentimos esa necesidad ni tenemos obligación de ponernos cristales en los ojos.

Lo sustancial del 15 M es que fue un combate por la democracia en el terreno de la crisis social e institucional y de la alienación de la política, resultado de décadas de partitocracia. Los ciudadanos participantes o próximos nos sentíamos implicados en las demandas de regeneración de la política, de las instituciones representativas, de las políticas inicuas de ajuste y, en suma, de la vida pública. Debido a esa manipulación y reconversión del 15 M, los ciudadanos –y éste es el otro polo de la cuestión- están ahora más pendientes  del inacabable teatro electoral y de las campañas de sus partidos que de su condición de ciudadanos. Algunos, o muchos, deben creer  que cuando los suyos manden se operará el milagro, incluso el de acabar con el abuso de las Eléctricas de las que, en mayor o menor medida, son cómplices e incluso socios todos los integrantes de la casta.

¿Qué partidos se entretienen en explicar que los ciudadanos tenemos, en cuanto tales, armas potentes para denunciar y enfrentarnos, por ejemplo, a estas grandes corporaciones y a los bancos, ya que ellos no lo hacen? Ninguno con excepciones honrosas, personales o de organización. Son excepciones a las reglas de la “casta”. Un motivo obvio es que sus intereses, como en tantísimos campos, no son esos; es más, suelen ser contrarios. Y el otro es que, de activarse los movimientos ciudadanos, ellos en un momento y u otro, como sucede ahora con determinadas plataformas de ciudadanos particulares  y asociaciones de usuarios y consumidores, tendrán que verse obligados a representar y lidiar con estas demandas.

Un aspecto clave del proceso ha sido el de los líderes de movimientos nacidos al calor del 15 M que, posteriormente y una vez usados como catapulta, los han descabezado y desactivado cuando han pasado a liderar tinglados políticos. En cualquier caso, lo que ahora nos dicen con tono casi imperativo es: entrégame tu voto y se multiplicarán el pan y los peces. No dicen: mantened vuestros movimientos y no perdáis vuestra autonomía. La pregunta que a muchos se nos plantea en estas burdas escenificaciones  electorales es: ¿Por qué hemos incluso de delegar en ellos nuestro voto y también nuestra autonomía y soberanía como ciudadanos? Los partidos son necesarios en un sistema representativo, pero no son el instrumento central de los derechos y del poder de la ciudadanía democrática. De esto último lo son los ciudadanos. Lo otro es el fundamento ideológico y político de las “puertas giratorias”.

La sociedad civil sigue muy crítica con la política, al menos en los sondeos.  La anterior campaña electoral, las pasadas elecciones, la nueva campaña, las próximas elecciones, la escenificación que seguirá, la caricatura de legislatura -que ha sido muy útil para cobrar sueldos y dietas sin grandes esfuerzos y jugosas indemnizaciones hasta la constitución del próximo Congreso y Senado, incluso  para sufragar viajes de diputados a ciudades como Ulan Bator, Tokio, Montevideo-…- , ahonda entre muchísimos ciudadanos la imagen sembrada por el régimen de partitocracia: voto para repartir sillones y cargos entre los del partido y sus redes clientelares  (echar para ocupar). El político acaba convirtiéndose en protagonista del sainete y el ciudadano sin más en sujeto mendicante o náufrago de la crisis.

Pese a que la memoria del 15 está aún fresca, no se hace memoria histórica sobre el olvido de las grandes causas de los indignados y del 15 M y, sin embargo, algunos de esos desmemoriados no paran de emborracharnos con la memoria histórica del guerra civil.

Ni siquiera en los debates, a falta de otras ocupaciones en el Congreso y el Senado, han estado presentes algunos asuntos de interés público la reforma de la ley electoral (que como propone Vicente Serrano debiera contemplar una elección  del poder ejecutivo independiente del parlamentario), la reforma del sistema judicial, el pacto de la educación, la reforma de la administración pública, el control y reforma de las instituciones partirocráticas, la fiscalidad y políticas redistributivas, el control de los movimientos de capitales y la persecución del fraude, el control de los bancos y de la grandes corporaciones, el fin de los privilegios de las castas políticas y autonómicas, de la financiación de los partidos, la ley de transparencia,  la ley de los desahucios, la devolución del dinero robado, las políticas económica de creación de empleo…?

No todo el monte es pardo y he de presentar mis respetos a UPyD, que vuelve a presentarse. El jaleo mediático y la escenificación del postureo –y sus conflictos internos propios de los partidos personalistas- nos han impedido valorar su “heroico” papel en la política española. Digan lo que digan, Ciudadanos no está en el mismo saco del régimen partitocrático; en su día asumió una opción liberal (en un Congreso opaco) y un programa reformista (en muchos aspectos, regeneracionista), que está llevando adelante con bastante coherencia a  pesar de sus contradicciones, y con una aplicación bastante rigurosa de la disciplina interna. En cualquier escapan de las demagogias, populismos y falacias historicistas e ideológicas que transitan en una y otro sentido por la pasarela electoral.

Mi voto irá, sin embargo, para RECORTES CERO, como el 20 D. Antes lo era en blanco o para escaños en blanco. RECORTES CERO ofrece en positivo una fiscalidad y una política redistributiva radicalmente democráticas, basadas –importante- en la redistribución de la riqueza para libérarnos del empobrecimiento social en una economía rica. No es un programa que convierta a los pobres en objeto asistencia y en fuente de réditos electorales. También contempla una batería de reformas indispensables para la regeneración política (ley electoral, justicia, control de las instituciones públicas, controles públicos de los mercados, etc.) y una defensa de la unidad y solidaridad nacionales frente a los diferencialismos discriminatorios y a las reacciones nacionalistas a la igualdad de derechos ciudadanos. Además, como las expectativas de conseguir escaños son mínimas, en ausencia de presencia mediática y de recursos para publicidad, las posibilidades de engaño e intereses espurios son igualmente mínimos. No necesitamos hacer demagogia ni populismo. En suma, una oportunidad para hacer propaganda argumentada y racional.

Me explico. Circula un vídeo con una vehemente intervención de Teresa Rodríguez en el Parlamento andaluz, de unos 15 minutos, en los que da bastante caña y  explica apresuradamente su plan. Entre otras cosas, afirma que para atender tantas necesidades hay que subir los impuestos. Si no ¿cómo?, se pregunta.

Ni siquiera se entretiene en decir cuáles: ¿subir más los de los autónomos y el IVA? Demasiado pronto hemos olvidado el coste de las Administraciones paralelas, del estatus privilegiado de la casta política, de las Diputaciones (o de la duplicidad de servicios), de las instituciones de la partitocracia (muchas, vinculadas a las castas autonómicas), de las SICAV, de la escandalosa -por baja- imposición a los beneficios, del pago de la deuda, de la evasión de capitales y del fraude fiscal (de la «lista» Herbé Falciani acá, ¿cuántos fraudes y evasiones han denunciado y destapado los partidos políticos, con la salvedad de UPyD, y la propia Administración?), etc. Pero sobre todo, me choca una vez más que no se plantee la fiscalidad como una redistribución de la riqueza sino como un programa del empobrecimiento, asistencial. ¿Dónde está el debate sobre el siempre pendiente I+D, el creciente éxodo laboral sin retorno, el sistema educativo, la enseñanza profesional, la formación real de los parados, las reconversiones de modelos productivos…?.

En estas estoy.

Rafa Núñez.

Mayo 2016

Rafael Núñez fue dirigente del histórico Partido del Trabajo y es profesor de historia jubilado

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