Epílogo.¿Nos merecemos…? (y 3). La ley electoral, el régimen y de la superioridad a la podredumbre moral

DesconsolEste correo, en lo sustancial, data de hace poco más de tres años. Lo escribí algo después de finalizar las grandes movilizaciones del 15 M.  Recordareis que la reforma de la ley electoral fue uno de los lemas de aquellas movilizaciones. Con el 15 M el asunto de una imprescindible reforma de la ley electoral pasó de los corrillos de críticos con  el régimen de partidos políticos a las plazas y a la calle y, por ende, a la agenda de algunos partidos; cuatro años después resulta ser una agenda oculta. Que recuerde, solo en Asturias UPyD rompió su pacto con el PSOE por el cumplimiento por parte de éste de la reforma de la ley electoral en un sentido más democrático. Otros compromisos (como en Andalucía) han sido incumplidos.
Para entender la trastienda de este asunto -y de otros homólogos del 15 M- conviene -en mi opinión- prescindir del tópico de una supuesta superioridad moral de la izquierda, que es uno de los lastres más castradores que arrastramos para cambiar la realidad y regenerar la democracia. La supuesta superioridad moral de la izquierda se ha convertido en muchas ocasiones en un pretexto para echar las redes del oportunismo en los movimientos sociales radicales. Sucedió con el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN (primero, para la captación del voto por el PSOE con el ambiguo señuelo «de entrada, no» y, después con el intención de capitalizar el voto crítico con la formación de IU/CA, IC…) y ha sucedido ahora con los movimientos del 15 M. El resultado, como ya he indicado en otras ocasiones, es el encauzamiento de la disidencia, debidamente organizada o domesticada, por instituciones y organizaciones políticas, obviamente de izquierdas, porque la derecha, ya se sabe, está en la otra orilla.

El mantenimiento, contra viento y marea y contra toda evidencia, de la divisoria entre izquierda y derecha en todo momento y lugar no ha servido más que para mantener el artificio político de unas ideologías totalmente desnaturalizadas respecto a los supuestos orígenes y naturaleza que reclaman y obtener sustanciosos réditos electorales. En este sentido, aunque las siglas, a las que se les atribuyen tales supuestos ideológicos supuestamente enfrentados, han dejado de tener legitimidad y credibilidad democráticas (una de las evidencias del 15 M), han encontrado en esa línea divisoria y el «tú más» la activación de unos prejuicios muy útiles para la pervivencia política del tinglado, y un instrumento muy eficaz para el mantenimiento vivo, en ebullición, de sus respectivas feligresías, en mi opinión, alienadas en o de su condición de ciudadanos. El funcionamiento del régimen partitocrático ha recordado en ocasiones a una guerra larvada de religiones.

Recuerdo que en el homenaje del Ateneo de Málaga a José Jiménez Villarejo (hermano de Carlos) se decía en uno de los escritos que se leyeron (no recuerdo si en el del propio J. J. V., que, debido a su forzada ausencia por una caída, envió un escrito) que la regeneración de la vida política española tenía que venir de la izquierda. A la mayoría de los allí presentes les parecía que el 15 M, a lo que respondió el espíritu del homenaje, era de izquierdas y que solo las izquierdas podían dar respuesta a sus propuestas y demandas. La paradoja es que todas las izquierdas conocidas (las realmente existentes) eran y son parte de la !a «casta».. Esa paradoja aparecía casi de modo grosero en el Manifiesto de intelectuales y gentes de la cultura que promovió poco después el Ateneo, parecido al que hace unos días hicieron público Garzón (el ex juez) y los “abajofirmantes” habituales. Como el de los «nuevos pedagogos» (o «pedagogos» de barrera, que dice José L. Pérez Fuillerat) es proverbial la cínica pertinacia en reclamar para sí la autoridad y legitimidad para resolver el fracaso educativo del que ellos mismos son responsables. Por cierto, en el Manifiesto regeneracionista del Ateneo, en el que se reclamaba para la izquierda la misión de regenerar la democracia y la política en España, creo recordar que aparecían las firmas de próceres de la nueva pedagogía logsista como  Pedro Pérez,, Santos y Eugenia Jiménez Gallego.

Como era previsible, estos regeneracionistas se olvidaron de los supuestos de la regeneración y ni siquiera han expuesto en tribunas públicas ninguna radiografía ni denuncia de la corrupción del régimen andaluz. Esto es exactamente lo que ha sucedido con uno de los caballos de batalla de la regeneración política y de la profundización de la democracia: la ley electoral.  

Para mantener la continuidad con correos anteriores, de años atrás, he adjuntado un enlace para contextualizar el análisis (el de la presentación del Partido X, que, en mi opinión, fue el que mejor interpretó el 15 M) y un trabajo de Vicente Serrano sobre una nueva ley electoral, en que recoge los supuestos imprescindibles para una regeneración del vigente sistema político (que tiene uno de sus pivotes en el sistema electoral). Adjunto asimismo unas observaciones (ver al pie) que escribí a propósito de su trabajo. Ahora, adjunto la  aplicación del análisis de Vicente Serrano tras las recientes elecciones de Andalucía, las del fallido “susanato”. Uno lo he recogido en «Crónica Global» y el otro en el último número de «El Viejo Topo». Os recomiendo su lectura porque si atendemos a lo que dice deduciremos que el régimen partitocrático se aguanta casi por la vigente ley electoral. Sus estudios vienen de lejos, de los pocos, si no el único, que ha mantenido la vela.

Rafa Núñez
Málaga, 21/05/2015

Presentación Partido X

Nuevo sistema electoral

El sistema electoral español

Diseccionando un sistema electoral tramposo

COMENTARIOS A LA PROPUESTA LEY ELECTORAL DE VICENTE SERRANO
Agradezco la atención que Vicente ha prestado a mis apuntes y trato ahora de corresponder con algunos comentarios sobre su exposición en la Voz de Barcelona.
Comparto su enfoque sobre la doble finalidad de su propuesta, que se propone que una futura y nueva ley electoral garantice la mayor proporcionalidad y representatividad  posibles  y que, dadas nuestras circunstancias, el sistema electoral sea un factor de “regeneración democrática”.
Estoy asimismo de acuerdo en que cualquier “regeneración democrática”  pasa por “desmontar” -como dice Vicente- la partitocracia que padecemos. Pienso que medidas como una efectiva división e independencia de poderes, el control de la financiación y de las finanzas de los partidos políticos por organismos independientes (o  la efectividad de los que hay), la exigencia de democracia efectiva y de transparencia tutelada en el funcionamiento de todas las organizaciones que reciben fondos públicos, los “recortes” en las subvenciones a los partidos políticos, sindicatos y organizaciones afines a costa del erario público, los “ajustes” de principio en el estatus de los cargos políticos electos, la elección directa (por los ciudadanos) de los consejos de determinados organismos e instituciones claves en el ordenamiento jurídico y legal, etc., apuntan a ese objetivo y son condición sine qua non  para la vitalidad de la democracia.
Cuando leo que los ciudadanos sostienen, de modo reiterado y fijo, que los políticos y la corrupción (asociados ambos) son uno de los principales problemas que sufrimos,  pienso que tiene que ver mucho con eso, es decir, con el régimen partitocrático y con sus consecuencias políticas, económicas , sociales y éticas, a las que me referiré un poco más adelante. Para la opinión pública, por la fuerza de los hechos y no a resultas de la demagogia ni del populismo (no hay de momento movimientos políticos relevantes de ese cariz salvo los nacionalistas) existe una conexión entre la falta de confianza y credibilidad de vigente régimen de partidos, la desconfianza hacia las élites dirigentes y la `casta´ de los políticos y la corrupción más o menos generalizada e in controlada.
No es un problema específicamente español, sino europeo. Es un  grave problema político en la UE y, en  este sentido, pienso -y cada vez con más fundamento- que los movimientos sociales y ciudadanos del Sur son el más sólido garante del futuro democrático de la UE, en cuanto es en el SUR de la UE donde las cloacas del sistema salen a la luz. En el Norte (en se Norte sorprendentemente radiografiado por trilogía) las cloacas se encuentran soterradas y embovedadas de modo muy diligente y eficiente. Incluso, así lo intentan las élites y partidos específicos del Norte del Sur en España gracias a la sujeción de la Justicia, a la apropiación de las instituciones públicas y al control y mordaza de los medios de comunicación.
Este es un tema pendiente de análisis, que normalmente hurtan o eluden los medios de comunicación españoles y europeos. Hay cierta lógica en que en España y la UE en los países o regiones “más rica” mayores son las presiones de los grandes poderes financieros/políticos  sobre los medios y las instituciones y más gris se torna la democracia y más tenue el protagonismo de los ciudadanos. Incluso episodios clamorosos como e l de Islandia han sido muy poco mentados y referidos. El que se conozca la trastienda del proceso de acumulación de la crisis es  un fantasma que sobrevuela las mentes de los integrantes de los organismos directivos de la UE. Basta ver las reacciones habidas cuando se planteó un referéndum en Grecia –y despsués en Chipre-  sobre el plan de “rescate” y ajuste, la manipulación sobre el M5S italiano, los intentos de rechazo y, más sutilmente, de cooptación de los movimientos ciudadanos del 15 M en España (con la complicidad inestimable de IU y su planetario nacionalista), la precariedad informativa sobre el movimiento ciudadano portugués que retomó el himno de “Morena Vila Grandola” y, desde el inicio, como acabo de señalar antes, el elocuente silencio u ocultación del “proceso islandés”. Por ello, el objetivo final de una reforma de la ley electoral en España tendrá que ser una propuesta de ley o sistema electoral verdaderamente nacional en el plano político (supra estatal) para la propia UE. Es una de las claves de cualquier hipotético proceso constituyente europeo, una condición indispensable para la vigencia democrática de una ciudadanía europea.
Hay, aparte de la dimensión europea del problema político,  un par de cuestiones del sistema electoral que me parece merecen más relieve que el que le da Vicente, seguramente por falta de espacio y por la necesidad de centrar las urgencias. Una es el de las elecciones primarias. Es evidente que no constituyen un remedio de efectos milagrosos para acabar con la partitocracia, pero sí para oxigenar algo el funcionamiento democrático interno de los partidos políticos y para establecer una conexión más directa entre elegibles y electores, entre candidatos de los partidos y los ciudadanos. Las primarias internas y externas (en las que participan además electores, no solo los militantes y afiliados) debiera ser una exigencia cualquier partido, un requisito primordial, teniendo en cuenta el modelo de partidos que se ha enquistado en uno sistema político  a resultas del cómo discurrió la transición y del proceso político posterior. Hablamos, obviamente, de unas primarias que no sean un apéndice oportunista de los “aparatos” de partido, como el célebre “centralismo democrático” era una parodia oportunista e impúdica del funcionamiento democrático.   
Los partidos en España son básicamente “aparatos” y estructuras de poder, con una serie de cuadros y militantes adictos y dependientes y unas redes sociales de tipo clientelar o caciquil (como pueden serlo las feligresías de las iglesias, los fans de los equipos de fútbol o el funcionamiento de determinadas sectas), dirigidos por los hombres del aparato; estos suelen ser “profesionales” de la política de despachos y reuniones que normalmente han desarrollado toda su “carrera” política dentro del aparato. Esa masa fiel de “cuadros medios”, “militantes” y gente de “base” son, por lo demás, bastante ajenos (por ubicación y por formar parte de la red clientelar) a las conexiones de las esferas dirigentes con los “aparatos” del poder económico, empezando por los financieros y el entramado empresarial de las grandes constructores. Siendo una estructura tan opaca, endogámica y jerárquica -la negación de la democracia-, es un montaje bastante débil, cuando se organizan unas primarias sustanciales y se invierte ese esquema piramidal de funcionamiento.  Basta recordar la que se armó con Borrell. También basta ver las reacciones posteriores a unas primarias conflictivas en los partidos para evaluar la dificultad ante la que nos enfrentamos.
El asunto es crucial, porque una asignatura política pendiente (de las axiales) es cómo se centró la atención, la indignación ciudadana, en la dimensión política de la crisis y cómo ha tratado de diluirse esa significación política. Y no hay manera de que dimensión política aparezca desnuda con el actual régimen de partidos que padecemos. Han sido los movimientos vinculados al 15 M los que han desnudado la responsabilidad y naturaleza política de la crisis en la que nos encontramos sumidos, pero asimismo han sido el principal objeto de desactivación mediante la usurpación de su nombre.  
Fueron las políticas económicas, la total ausencia de controles políticos de los “mercados” (a los que los políticos –especialmente los progres- les atribuyen un poder casi teleológico), la conexión múltiple de las cúpulas de los partidos con bancos y cajas, constructores y especuladores y, en general,  con todo el magma de la corrupción institucional y de las mafias clientelares y económicas, han sido –en definitiva- el juego de las diversas políticas escenificadas en el transcurso de la crisis y el mantenimiento del privilegiado estatus de las organizaciones  políticas (y afines)  lo que ha impedido y está impidiendo diagnosticar las causas y las salidas de la actual crisis. Falta la rendición de cuentas políticas para un esclarecimiento de las responsabilidades políticas y penales y el consiguiente desvelamiento de los responsables económicos.  .
Fijémosnos en el caso chipriota: ¿Cómo explicar que el BCE no fiscalizase las cuentas de los bancos chipriotas? ¿Cómo explicar que un mini Estado con un millón de habitantes fuera el primer inversor europeo en Rusia? ¿Qué medidas adoptó la Comisión europea y demás organismos de su ingente burocracia ante los informes que alertaban hace por lo menos dos años que la banca chipriota era como un gigantesco Lehman Brothers? ¿Y cómo es que las agencias les daban tres estrellas? ¿Qué competencia, inteligencia y aptitud política demuestran unos expertos, reunidos hasta altas horas de la madrugada, que acaban requisando los ahorros chipriotas para costear la salida de la bancarrota? ¿Qué decían los dirigentes de la UE cuando los bancos alemanes y otros obtenían jugosos beneficios prestando dinero a los bancos chipriotas y compartiendo las inversiones en Rusia? El alfa y el omega de tantas y tan asombrosas preguntas es: ¿y qué han pintado en todo esto los ciudadanos? Nada, salvo el papel de claque que les asignan básicamente a través del sistema electoral y de participación política de partidos.
En mi opinión, mientras no se alumbre un sistema de representación democráticamente “sostenible” seguiremos padeciendo partitocracia en España y merkievelismo en la UE, con el consiguiente chantaje permanente de la fiscalidad regresiva (ideas de déficits y expolios fiscales) a escala europea y en los Estados democráticamente más débiles, especialmente los “plurinacionales” y afines .
La otra cuestión es la de la exigencia de un programa “nacional” para el Congreso de los Diputados. No tiene por qué ser un requisito previo para estar representado que se defienda un asunto parcial o sectorial (`por ejemplo, el animalismo), pero sí debiera serlo que el ámbito de interés de ese programa sea nacional, o sea, que se dirija a la totalidad de los ciudadanos sin distinción  y por igual.
(Proseguirá)   
Rafa Nuñez

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