Cataluña tras las elecciones europeas. Una visión personal

votar en EuropaA la vez que empieza a bajar el soufflé de las reacciones de euforia o decepción tras los resultados del pasado 25 de mayo, conviene ir analizando desde qué situación afrontamos los catalanes el período político que se nos viene encima, con el horizonte del 9 de noviembre y sin obstáculos electorales en el camino hacia él.

Sin ser fiel reflejo de la realidad (alta abstención, menor seriedad de voto en las europeas) los resultados del 25-M seguro que son una buena aproximación, y mucho mejor que cualquier encuesta.

La realidad del 25-M es que en España el bipartidismo no alcanza el 50 % de los votos. Que un nuevo partido, Podemos, ha arrancado 1,25 millones de votos cuando hace mes y medio no salía en ninguna encuesta (la información y opiniones con cierta radicalidad a favor y en contra de esta nueva formación política pueden encontrarlas en larepublica.es  y  publico.es), y que ahora son 10 los partidos con representantes en el Parlamento Europeo. Y a pesar de su notable caída en votos, la falta de rival consistente apunta a que el PP agotará su legislatura.

¿Y aquí, en Cataluña?

Curiosamente, el bipartidismo catalán que conforman CiU y CiU-2 (llamada en público ERC) aparentemente ha salido reforzado aunque no alcanza el 45% de los votos catalanes.
El PSC sufre un gran retroceso, pero quizás haya parado ya su caída una vez que su sector crítico (tan apoyado por los medios de comunicación públicos y subvencionados catalanes) se está quedando sin margen para seguir haciendo daño. Aceptable resultado de ICV, que no se ve tan arañada por Podemos como IU. C’s tenía la oportunidad de dar el salto en el escenario catalán, pero se dedicó a pasear por la meseta y la perdió.  

En resumen, la falta de rivales es lo que hace ver el resultado del bipartidismo catalán como un éxito. Su mensaje conjunto, el soberanismo, va a seguir siendo el eje central, quizás único, de la vida política catalana, con aspiración a serlo también de la española.

Pero, ¿la finalidad del mensaje soberanista es el soberanismo?

Sinceramente, creo que no. La defensa del «dret a decidir» en el Congreso de los Diputados fue muy emotiva pero tropezó con un obstáculo que era fácilmente salvable. La negativa del Congreso se basó en que la soberanía es de todos los españoles. Entonces, ¿por qué no se propuso una pregunta a realizar a todos los españoles? ¿Acaso no son las europeas unas elecciones a circunscripción única y todos sabemos lo que se ha votado sólo en Cataluña? Para conocer la opinión de los catalanes no hace falta privar a otros de dar su opinión.

La presión nacionalista hacia el soberanismo iba viento en popa mientras el PUC (Partit Unic de Catalunya, formado por todo el espectro ideológico que abarcaba Unió, Convergència, ERC, el PSC de Maragall y Montilla, ICV  y la EUiA dirigida por el PCC) se mantuvo compacto. La masiva fuga de votos del PSC hacia C’s y la abstención rompió el idilio que se vivía en el PUC. El control social que ejercía el PUC se rompía al desmarcarse el ya PSC de Pere Navarro de una consulta no pactada con el parlamento español.

Y es que fracturar el PUC abría la puerta a cuestionar el gran pilar sobre los que se sostiene el proceso soberanista: «Catalunya és una nació». Pero el nuevo rumbo del PSC evidencia que Cataluña, como España, es plurinacional.

Y como plurinacional que es, es también plurilingüe y pluricultural, por lo que en buena lógica hay una notable resistencia de un buen número de catalanes al planteamiento «una Nació, una Llengua, una Cultura» que guía las decisiones de quienes mandan en la sociedad catalana y nos percuten constantemente con las ventajas del soberanismo.

Veamos qué ha ocurrido al respecto en estas elecciones. Entre CiU y ERC (CiU-2) han conseguido 4  eurodiputados:

Ramon Tremosa i Balcells, Francesc de P. Gambús i Millet, Josep M. Terricabras i Nogueras, i Ernest Maragall i Mira.

Como fácilmente puede comprobarse, los cuatro tienen padre de origen extremeño y madre canaria.  En ambas listas había apellidos como Fernández, Gómez, Cano, Iglesias ó Flores, pero ni en el mejor de los sueños tenían opción a salir elegidos. Así es Cataluña: unos mandan y otros acompañan y se creen que también mandan.

Los cuatro son herederos generacionales de quienes vivían en Cataluña en 1714, y se consideran los únicos con derecho a dirigir esta sociedad. Y muchos otros les reconocen ese derecho, en una actitud claramente monárquica y opuesta al principio republicano de igualdad.

Ninguno de los cuatro nos ha dicho qué hicieron sus familiares en la Guerra Civil y el período franquista, pero quienes conservaron el patrimonio no debieron oponerse mucho.

Quizás el caso más visible de esta sociedad catalana tan monárquica en que unos deciden cuál es el camino correcto y el resto asume súbditamente ese camino, sea la immersió lingüística.

La «immersió» arrancó en un momento de clara desigualdad del dominio de las dos lenguas mayoritarias por parte de la población catalana. La «immersió» parecía una buena herramienta para corregir de forma rápida y masiva esa desigualdad y como tal fue aceptada y apoyada por buena parte de la población catalana, que era y es mayoritariamente castellanohablante.

Pero han pasado tres décadas, la radio es mayoritariamente en catalán, hay varias cadenas de televisión en catalán y la prensa escrita sigue siendo mayoritaria en castellano porque el empresariado catalán y catalanista edita los diarios más leídos, el Mundo Deportivo y el Sport, en la lengua negada en la «immersió» (por qué no hay una campaña para «immersionar» plenamente esos diarios es uno de los muchos misterios de este rinconcito ibérico llamado  Catalunya).

Hoy día no es necesario tratar al castellano como lengua extranjera (dos horas de clase a la semana) para que la población pueda dominar el catalán, máxime cuando en muchos centros escolares se está dando alguna asignatura troncal en inglés (pero no en castellano, claro).
Entonces, ¿cuál es el motivo de la defensa a ultranza de la «immersió»? El fracaso escolar se concentra masivamente en castellanohablantes. Vemos mucha gente de lengua materna castellana que al tener formación y constituirse en profesiones  y administrativos medios y medios-altos asumen en su totalidad los principios del catalanismo más soberanista. En resumen, clasismo puro fomentado desde la escuela, que crea el imaginario de “en catalán, bien; en castellano, mal».

Y ello va acompañado de fuertes consecuencias económicas. El propio Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat) nos dice que el índice S 80/20 tiene un nivel de 6,5 en Cataluña para el año 2012 (el 20% que más gana se lleva 6,5 veces la renta del 20% que menos gana). Si se miran las estadísticas de Eurostat, sólo hay 2 territorios de tamaño similar que tengan índices de desigualdad superiores: Grecia y Letonia.

¿Por qué los catalanes de origen africano y asiático aprenden antes castellano? Porque en los barrios de renta baja es la lengua mayoritaria.

Lo sorprendente, es que la llamada izquierda catalana siga defendiendo la «immersió» y la izquierda española siga hablando de Cataluña como una nación. Aprenderse el marxismo del siglo XIX está bien; mantenerlo inalterado en el siglo XXI demuestra una falta de criterio propio imperdonable.

Por todo ello, cada vez hay más gente de izquierdas que no entiende la actitud de ICV y de EUiA.  Si hasta ahora no ha surgido ningún movimiento político que recoja a la izquierda no nacionalista (realmente, la que cree que izquierda y nacionalismo son conceptos contrapuestos) es porque ingenuamente se quería creer que los cambios llevarían a cambios en la estructura social. Pero hasta el mayor ciego puede ver que quienes encabezan el proceso soberanista no van por ahí. Parece que ha llegado ya el momento que ese movimiento político cristalice.

Mientras tanto, queda alegrarse de lo positivo que hacen otros. Que CiU-2, es decir ERC, haya ganado a CiU en estas europeas, no deja de tener su importancia. De momento, ya ha dimitido «voluntariamente» el «Cap» de los mossos, Manel Prat. No se sabe si traerá más consecuencias, pero hoy un compañero bromeaba diciendo que el futuro de Artur Mas será pronto acompañar a Pasqual Maragall a los mítines de ERC; quizás no vaya desencaminado.

Pedro Fernández, presidente de A.C.P.

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