El fiasco de Madrid 2020 destapa las miserias de la política madrileña

Se acabó. Si algo ha quedado claro tras el tercer fracaso consecutivo de Madrid en su intento de ser la sede de unos juegos olímpicos es que no queda más margen para las huidas hacia delante. Y las consecuencias van a ser muy duras para la devaluada clase política madrileña.

Ni tampoco posibilidades de esconder la cruda realidad de una ciudad cada vez más hundida en el impulso que quizá hubiera recibido si hubiera triunfado la apuesta por la Olimpiada de 2020.

El día después va a ser duro para los actuales líderes regionales de los dos grandes partidos. Aunque, inevitablemente, será el PP, cuyas administraciones llevan más de una década ‘enganchadas’ a ese sueño como único programa político, la formación que más sufra la onda expansiva del desastre.

Probablemente llegue primero al Ayuntamiento. La realidad es que la gestión de los sucesivos alcaldes populares, en especial la de Alberto Ruiz Gallardón, el instigador de la quimera olímpica, ha convertido a Madrid en la ciudad más endeuda de España, característica que condiciona todos los movimientos del equipo actual, empeñado en recortar, subir impuestos, rebajar contratos a los proveedores y, en fin, apañárselas como sea para salir adelante. A costa claro de los sufridos ciudadanos de la capital.

Por eso, casi al mismo tiempo en que las imágenes en directo servidas por las televisiones mostraban la desolación de la alcaldesa Ana Botella en los mentiremos del PP madrileño se reabría la batalla por su sucesión.

La esposa de José María Aznar, si son ciertos los rumores que la rodean casi desde que llegó al cargo tras la marcha de Alberto Ruiz Gallardón, su valedor político, nunca estuvo muy segura del todo de si quería volver a aspirar a su puesto, esta vez como cabeza de lista. Y la tragedia del Madrid Arena habría acabado por convencerla de que era mejor no repetir. Sin embargo, tal vez una victoria de la candidatura olímpica hubiera cambiado el panorama.

Ahora, es probable que Botella, muy cuestionada en el partido, pierda definitivamente el interés por volver a ser candidata. Entre otros motivos, porque para conseguirlo tendrá que enfrentarse a una purísima batalla dentro del propio PP, donde no tiene demasiados adeptos y casi nadie considera que sea la persona ideal para retener el mando en esta plaza estratégica, como muestran unas encuestas en las que las expectativas de voto se desploman a velocidad vertiginosa.

De momento, tras su grave accidente de moto, la delegada del Gobierno Cristina Cifuentes, aún hospitalizada, parece fuera de la batalla en la que, desde hace meses, intentaba implicarla un sector del PP madrileño. La triste circunstancia hace subir las acciones de Concepción Dancausa, la actual número dos de la Administración Botella, que cuenta algunas bazas.

Aunque para el núcleo duro de la formación, esta derrota deja libre el camino a ese posible regreso a la política pública de Esperanza Aguirre que mantiene su puesto como presidenta del PP madrileño y sigue muy activa en clave interna y de quien se ha dicho en muchas ocasiones que quiere ser alcaldesa sin que ella lo haya desmentido nunca.

Pero sean estos nombres u otros, lo cierto es que, al menos según creen algunos observadores, el malestar y las divisiones que llevan tiempo instaladas en esta formación política van a salir a la luz ahora con toda su crudeza en los próximos meses y se harán perfectamente visibles cuando llegue la hora de elaborar las listas de las próximas elecciones locales.

Quizá, como sucede últimamente, el único consuelo que encuentren los populares en estas horas bajas sea el lamentable estado en el que también se encuentra el PSOE, todavía el principal partido de la oposición que no parece tener alternativas.

De momento, es inevitable, que los focos se posen en estos días sobre el actual portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetsky, el hombre que ha estado en todas las derrotas olímpica. En este puesto de ahora y antes cuando era secretario de Estado para el Deporte y aparecía en las fotos con Gallardón. Hasta el punto de que su imagen esta tan ligada a estos desastres como la del actual ministro de Justicia o la de Ana Botella.

Con otro problema añadido Lissavetzky fue derrotado en su asalto a la Alcaldía, como tantos otros candidatos socialistas. Pero aterrizó en las listas de la mano de Rubalcaba, cada vez más a la baja, y sin contar inicialmente con el líder regional del partido, Tomás Gómez, que también tiene sus propios problemas.

Ahora todo hace presagiar que la tradicional fragmentación de este partido y sus históricos enfrentamientos carnitas vuelvan al primer plano. Al fin y al cabo, al dar su apoyo al proyecto de candidatura olímpica ahora fracasado, los dirigentes municipales del PSM han sido incapaces de marcar un perfil propio o de explicar a los ciudadanos cual es su proyecto para la ciudad.

El fracaso de Madrid 2020 también va a afectar a los dirigentes autonómicos de uno y otro partido. El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, enfrentado abiertamente con casi todo su electorado por sus recortes, su proyecto de privatizaciones sanitarias y un enorme listado de desencuentros que se agranda cada día, no va a poder contar con el analgésico olímpico. Y ni siquiera tiene claro a estas alturas su puesto como cabeza de lista en los próximos comicios.

Su problema no son sólo las encuestas desfavorables. Hay mucho mas. Por ejemplo, los avances judiciales en la investigación de la trama madrileña del ‘caso Gürtel’ que, de la mano del magistrado Pablo Ruz, se acercan cada vez con más peligro hacia los acontecimientos que, cuando Esperanza Aguirre era la gran lideresa incontestable, abonaron la aparición y el desarrollo de una red corrupta que esquilmó el dinero público en beneficio de unos pocos y de la que destacados miembros del PP madrileño sacaron tajada.

Por ejemplo, Alberto López Viejo, aquel consejero de Presidencia y Deportes que era uno de los favoritos de Aguirre, y al que en los últimos informes policiales conocidos se le atribuye un aumento del injustificado de su riqueza y patrimonio de más de cinco millones de euros durante la edad dorada de la trama en Madrid.

La próxima cita clave será el 16 de septiembre, cuando la esposa de López Viejo, Teresa Gabarra, declare ante Ruz como imputada en un posible delito de blanqueo de capitales. Además, ese mismo día pasarán por la Audiencia otros nombres notables de la trama como el ex diputado de la Asamblea de Madrid Benjamín Martín Vasco o el ex alcalde de Arganda del Rey, Ginés López.

Según muchos observadores, López Viejo es la última barrera que le queda a Ignacio González antes de que le llegué el duro impacto del caso. Al fin y la cabo, la consejería de Presidencia, que ocupó López Viejo, y la propia Vicepresidencia, en la que estaba González, son, según un informe elaborado por Hacienda, las dos que cuando Aguirre era presidenta trocearon más contratos para poder adjudicar trabajos a las empresas de la trama Gürtel sin convocar los concursos preceptivos.

Una circunstancia que, sin embargo, no ha aumentado la combatividad de la oposición socialista en la Asamblea de Madrid ni de su líder Tomás Gómez en lo relacionado con este asunto. Su exceso de tibieza en lo fundamental a la hora de desarrollar la tarea de oposición, que contrasta a veces con ciertas formas explosivas pero sin demasiada sustancia política, según sus críticos, puede también pasarle factura a medio plazo.

El Boletín, 08-09-2013

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