La Marcha Verde del catalanismo

Espero que esta vez España entera se tome en serio el desprecio por la legalidad constitucional del catalanismo. Con su desacato al TC, ante la desautorización de éste a la declaración de soberanía del Parlamento de Cataluña, se cierra un ciclo de simulaciones. Quieren romper España, y hacerlo con el descaro de la insumisión parlamentaria. Quien todavía crea que buscan el diálogo aún no han entendido que éste es uno de tantos eufemismos que utilizan para conseguir sus fines sin oposición.

El catalanismo ha sido durante estas últimas tres décadas una fábrica de manipular sentimientos, simular fines y amañar el lenguaje para decir bonito lo que era sucio desde el principio.

Se inflan a apelar a la democracia, al derecho a decidir y a la voluntad del pueblo, para a continuación tratar al pueblo como a un rebaño, decidir solos lo que nos corresponde decidir a todos y negar la democracia. Han dado la vuelta a las cosas. Expertos en presentarse como víctimas y actuar como verdugos, han logrado vender en Cataluña que la suspensión de la declaración de soberanía del TC es un ataque a la democracia: «El TC recorta la democracia», titula hoy su editorial uno de los máximos altares de la prensa independentista (Ara). El mundo al revés: ahora resulta que quienes incumplen las sentencias de los tribunales y desprecian la separación de poderes acusan a la institución que vela por la Constitución de actuar contra la democracia.

El truco es grosero, contraponen legitimidad democrática a legalidad constitucional, como si no fueran dos caras de la misma moneda. Y como sus fines carecen de suficientes votos en el Congreso, deciden prescindir de él. A eso también le llaman democracia.

Han logrado reducir el carácter racional del debate de ideas a una dialéctica propia de forofos de fútbol. Ya no hay neutralidad ni criterios, todo se reduce a si eres de los nuestros o de los otros. Y ahí logran colar todas las miserables andanadas contra el Estado de Derecho que nos garantiza a todos los mismos derechos y nos obliga a los mismos deberes, incluidos el respeto a la legalidad constitucional, el cumplimiento de las sentencias y el acatamiento de la soberanía nacional.

La realidad ha sido sustituida por la propaganda. La huida personal de Artur Mas hacia la rebelión, arengando al pueblo de Cataluña día sí y día también para que no le deje sólo en su locura, me recuerda la utilización rastrera que hizo Hasán II con la Marcha Verde. En un momento de tremenda debilidad del Estado español, el rey de Marruecos no dudó en mandar 300.000 civiles contra el Ejército español para lograr la anexión del Sáhara. Le importaba muy poco la suerte de esos infelices. Envueltos en sus banderas, allí iban, en mitad de la nada, excitados por el discurso nacionalista. Envueltos en sus banderas, desfilan ahora los nuestros por TV3, camino de la bancarrota y fuera de Europa.

Dirigentes como Hasán II y Artur Mas suelen apelar constantemente a los intereses de esos ciudadanos entusiasmados por las banderas. Los necesitan para vivir acomodados y entretenidos en sus desvaríos. Su suerte les trae sin cuidado. Ellos existen para hacer historia y vivir de ella. Y de ellos.

Antonio Robles, Libertad Digital, 09-05-2013

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