¿Por qué mienten tanto?

Antonio Robles

Hay que tener fe en la libertad. Esta batalla, un día u otro la ganaremos. El integrismo nacionalista empeñado en reducir Cataluña a una comunidad monolingüe vive de la mentira y la imposición, pero la primera cada día es más difícil de sostener, y la segunda comienza a ser erosionada por las sentencias de los tribunales, la representación parlamentaria cada vez mayor de C’s y la sociedad civil, que se despereza al ritmo de su miedo ante tanta imposición.

¿Por qué miente tanto el nacionalismo catalán? O, si quieren, ¿por qué mienten con tanta impunidad? Ayer, los titulares, las tertulias, las cabeceras de TV3, todo el tejido social catalanista coincidía en titular de la misma manera que su órgano oficioso, La Vanguardia: «El TSJC exige que la clase sea en castellano si un alumno lo pide». La indignación del establishment ha respondido como el perro de Pavlov al estímulo. ¿Para qué se van a leer la sentencia? Consideran intolerable que la voluntad de un solo niño obligue a toda una clase a cambiar de lengua vehicular. La indignación que tratan de transmitir estos titulares está basada en el supuesto abuso de que un solo niño obligue a estudiar en castellano a toda la clase. Aparte de su falsedad (enseguida me ocuparé de ella), resulta increíble que consideren intolerable la posibilidad de que un solo niño obligue a una clase a estudiar en su lengua, pero ven maravilloso imponer ellos el catalán como única lengua docente a todos los niños de Cataluña. Imposible ser más sectario.

Pero es que, encima, la aseveración en la que fundamentan su indignación es falsa. La sentencia no dice que el niño obligue al resto a estudiar sólo en castellano, sino también en castellano. Es decir, el auto del TSJC obliga a aplicar en el grupo donde estudia cada uno de los niños la conjunción lingüística, es decir, en catalán y castellano, en la proporción que la Generalidad considere oportuno, sin que ninguna de las dos lenguas sea exclusiva ni excluyente. Quedan excluidas, pues, tanto la atención individualizada, a la cual dedica un párrafo específico para denunciar su improcedencia, como la inmersión lingüística generalizada.

Si la sentencia es tan clara, ¿cómo se atreven a falsearla de modo tan obsceno? Por dos razones: por el grado de adoctrinamiento sistemático de la sociedad civil y porque saben que con ésta de su parte pueden ganar en los medios lo que pierden en los tribunales. De ahí su necesidad de controlar la escuela a través de la inmersión, de ahí su resistencia a recortar presupuestos sustanciales en TV3 o a eliminar las subvenciones destinadas a la construcción nacional.

Tener una sociedad civil ensimismada obsesivamente en la construcción nacional les permite todas estas arbitrariedades. Desde las mentiras hasta la insumisión. Por eso las mil y una obsesiones compulsivas colectivas nacidas del delirio nacional de una generación de profetas de la independencia no son, ni deben ser, objeto de ridículo o desprecio, sino referencia de lo que se debe combatir con la razón. Por ejemplo, la superstición de marcar con la cifra de 1714, año de la derrota de los partidarios del archiduque Carlos frente a los de Felipe de Anjou en la Guerra de Sucesión, todo tipo de acontecimientos, acciones o emblemas. ¿Se acuerdan de la campaña para interrumpir con gritos de independencia los partidos del Barça cada vez que el marcador señalara el minuto 17 con 14 segundos de cada tiempo? Pues ahora la idea se ha extendido a las dimensiones de la senyera que quieren instalar en el Borne con motivo del aniversario de fecha tan lamentada: 17 metros y 14 centímetros, ni uno más ni uno menos. Se hicieron verdaderas locuras para lograr el número de lotería de navidad 01714, el Museo Nacional de Cataluña dispone de rutas turísticas con dicha fecha, se han realizado todo tipo de prendas, hay restaurantes, monas de Pascua, infinitos amuletos a ella dedicadas. Me imagino que la lencería de lujo que damas y caballeros utilizarán para el aniversario de fecha tan señalada llevará la cifra sagrada; como me imagino que más de uno estará temblando por si su pene no está en consonancia con la medida nacional, 17 centímetros y 14 milímetros. Genialidades plagiadas de foros anónimos.

No me estoy choteando. De excitaciones y remansos obsesivos como estos nace la disolución de la razón y la crítica a las propias convicciones. Una sociedad obsesionada colectivamente con estas supersticiones es una sociedad acrítica. La misma que en 30 años nunca sospechó, indagó ni publicó la inmensa fortuna que la familia Pujol amasaba sospechosamente a la vista de todos; y ahora que está en ruinas repite como un autómata: «España nos roba».

Antonio Robles

Libertad Digital (11.04.2013)

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