Los espacios

Hasta que no se consiga arrastrar a una buena parte de los que se quedan en su casa encuadrados en lo que se ha denominado mayoría silenciosa, la probabilidad de éxito es más que dudosa

Cada día con su afán nos trae una propuesta, un intento, un deseo de aunar fuerzas contra la barbarie que nos manda (gobernar es otra cosa). Se ha despertado e intensificado el espíritu unitario, la búsqueda de un nexo común que primero produzca unidad y después, por simpatía, genere un proceso de incorporaciones mayoritarias. El llamamiento está dirigido, en primera instancia, a los representantes -orgánicos o no- de sensibilidades tenidas por afines. El argumento básico esgrimido consiste en la aproximación de espacios políticos que se suponen anejos, colindantes, vecinos.´

 

Considero que nunca debe rechazarse una mano tendida, una aproximación para fortalecer el plural conjunto de fuerzas que declaran su intención de poner freno a lo que está ocurriendo. Pero desde esa misma predisposición hay que, por mor de clarificación, precisar lo que se quiere para así establecer la alianza sobre fundamentos sólidos y compartidos.

La expresión espacio político-ideológico-cultural tiene un connotación de foto fija, de encuadre perfectamente delimitado y acabado; en ese sentido se corresponde con la demoscopia electoral en el sentido de atribuir a determinadas fuerzas políticas una zona de implantación delimitada entre un máximo y un mínimo. En ese sentido la suma de espacios sería la adición de espectros electorales más el posible o hipotético incremento producido por la imagen de unidad o de confianza en la suma de siglas y/o personalidades.

La experiencia vivida en la España de la Transición nos dice que la suma así obtenida no sobrepasa apenas el acopio de aportaciones que cada una sumando tiene por sí. Y es que cualquier intento de acabar con la situación presente debe explicitar, por sí mismo y por lo que propone, un llamamiento que trascienda los ámbitos definidos por los espacios. Dicho de otra manera más directa; hasta que no se consiga arrastrar a una buena parte de los que se quedan en su casa y se encuadran en lo que ha venido en denominarse mayoría silenciosa, la probabilidad de éxito es más que dudosa. ¿Por qué?

En principio debemos aclararnos sobre lo que estamos proponiendo: ¿una convocatoria a la ciudadanía, una plataforma electoral o ambas cosas a la vez? Y si es así, la siguiente pregunta cae por su peso ¿quiénes pueden integrarlas? Como es sabido, la política del PP tiene el soporte y la coartada en la de la UE., la cual sigue siendo la misma desde hace mucho tiempo, desde los Tratados de Maastrich, Lisboa y el Pacto de Estabilidad y Empleo, los sucesivos gobiernos de España se han sujetado a esas directrices que, por otra parte, ellos han votado en Bruselas o en cualquiera de las Cumbres o de los Consejos Europeos. Podrá objetárseme que la situación es tan grave y de tan urgente necesidad de cambiar que no podemos entrar en un debate que exigiría un tiempo del cual no disponemos, ya que sobre tal cuestión hay grados diferentes de consenso y de disenso. En ese caso lo que puede constituir unidad y cohesión es un programa. Y si tal idea avanza debemos aprestarnos a redactar uno que tenga la virtud de arrastrar a la inmensa mayoría que sufre, padece y soporta esta situación independientemente de sus filias o de sus fobias políticas; la situación de extrema necesidad crea una predisposición -siquiera temporal- a saltar sobre barreras y siglas.

Por tanto se trataría de unirse en torno a un programa con las siguientes características derivadas de la excepcionalidad de la situación y de la necesidad de concitar en torno a él a la inmensa mayoría. ¿Qué programa? Uno que tenga estas características que enumero: muy concreto, viable y aplicable de inmediato, dirigido a resolver los problemas más lacerantes y urgentes del momento, prioritario sobre otras consideraciones internas o externas, que establezca un contrato con los votantes en el sentido de obligarse mutuamente para defenderlo más allá de las urnas, se gobierne o se esté en la oposición.

Si los candidatos a firmantes llegan a considerar que los condicionamientos externos no pueden ser obviados, incluso para cuestiones como salario mínimo, pensión mínima, desahucios, despidos, medidas inmediatas en sanidad y en educación, reforma fiscal para hacer posible todo lo anterior, transparencia de los canales de comercialización, créditos a Pymes y acceso a la vivienda, sólo caben dos opciones: abandonar una cohabitación de espacios que es incapaz de afrontar esta situación de emergencia o proponer un programa alternativo al esbozado. Por mi parte cuando gusten.

 

Julio Anguita, Mundo Obrero, 14-03-2013

 

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