La vergüenza, ‘that is the question’

El proyecto de la inteligencia humana ha logrado superar la mirada mágica sobre la naturaleza y construir ideales sociales presididos por la razón, el derecho y la ética. Sin normas no hay justicia, sólo abuso; sin valores, hasta las normas son insuficientes. Normas y valores, dos fundamentos imprescindibles de la honestidad democrática.

Hoy tenemos normas, pero se han disipado los valores. Sobre todo en los políticos y en sus guaridas, los partidos a los que representan. Estos ya sólo son organizaciones con el único objetivo de proteger sus intereses. Inútil esperar nada de ellos contra la corrupción que ellos mismos generan.

Sería pura ilusión creer que Artur Mas ha tenido una sola idea limpia a la hora de convocar una cumbre anticorrupción. Es una tradición del nacionalismo pujolista no respetar la separación de poderes. Con ocasión de las sentencias sobre la Ley de Normalización Lingüística de 1983, la Ley de Política Lingüística del 98 y la reforma del Estatuto, el pujolismo presionó, amenazó y chantajeó a todos los poderes del Estado, fundamentalmente al judicial. Ahora Artur Mas, en una decisión sin precedentes, reúne a los tres poderes del Estado en Cataluña –el judicial, a través del presidente del TSJC, Miguel Ángel Gimeno; el legislativo, a través de la presidenta del Parlamento, Núria de Gispert, y el Ejecutivo, a través de sí mismo– para limpiar Cataluña de corrupción. Por si tal osadía se quedara corta, lleva además al Sindic de Greuges, al fiscal general y al Tribunal de Cuentas. Vieja tradición la de CiU, esta de presionar a los jueces para conseguir sus objetivos políticos.

Si un Estado democrático de Derecho aborrece algo es el compadreo entre los tres poderes. ¿Es necesario a estas altura hablar de que sin separación de poderes solo hay democracias tuteladas? Si un Estado, como es el caso del español, es un Estado de Derecho, la mejor manera de luchar contra la corrupción desde el Ejecutivo es respetando esa separación de poderes. Cualquier esfuerzo por acercarlos, llegar a pactos, presionarlos o chantajearlos es un atentado contra la democracia. Digámoslo claro: Artur Mas no los ha reunido para hacer limpieza, sino para ganar la batalla de la opinión pública y, de paso, gestionar desde el Ejecutivo sus pasos futuros.

Todo su esfuerzo es puro teatro, gana tiempo para frenar la imputación de su secretario general, aparenta ante la opinión pública una apuesta épica por la honestidad y simula que él mismo está acusado de tener dinero en paraísos fiscales.

No tiene vergüenza. No la tiene él, como no la tiene su socio Duran i Lleida, que no ha dudado en declarar: «Si un día soy imputado, dejaré mi acta de diputado». ¡Otra vez no, por Dios! Han perdido la vergüenza moral, son unos sinvergüenzas, creen que todo cuela en esta sociedad de electores sin rabia ética.

«Cal fer net», ha resumido el presidente Mas a la salida de la cumbre. ¿Qué ha querido decir? ¿Cómo se puede traducir en español? ¿Hay que hacer limpieza a fondo? ¿Llegar hasta el final? ¿Depurar? ¿Quién la ha hecho la paga? Nada de eso. La Vanguardia, el órgano oficioso y oficial de CiU (¿…?), lo ha traducido en su edición española por «Es preciso hacer limpieza»; vamos, pasar la escoba y olvidarnos de 30 años de corrupción, «hacer borrón y cuenta nueva», la auténtica traducción.

Hoy se han disipado valores como la honestidad o la vergüenza social. Si el conjunto de la sociedad se indigna hasta linchar, si le dejasen, al Carcaño de turno, ¿por qué soporta a estos sinvergüenzas? Quizás porque no somos mejores que ellos. Una pequeña encuesta a pie de clase me dio la clave: 4 de cada 5 alumnos se llevarían de El Corte Inglés objetos de su apetencia si estuvieran seguros de que nadie los detuviera. Y lo peor, su actitud frente a los que no lo harían era de mofa e incredulidad. Pues eso.

Antonio Robles, Libertad Digital, 07-01-2013

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