Hipócritas

Fernando Savater

No hay más que una forma y sólo una de mostrar respeto decente a las víctimas: reconocer públicamente que es justo aplicar el código penal a los culpables de que lo sean

En el drama de Fernando Fernán Gómez ‘Las bicicletas son para el verano’, situado al final de la guerra civil española, un personaje dice: «Por fin ha llegado la paz». Y otro le responde: «No, esto no es la paz: es la victoria». Y, añadamos, no la victoria de las instituciones legítimas sino del golpismo y el militarismo. De igual modo, la manifestación del pasado sábado en Bilbao no se movilizó en busca de la paz «pura y dura», como dice Pernando Barrena, sino de la victoria, es decir del triunfo político de ETA (ya que sin duda ha sido derrotada en lo militar) y de lo que ETA ha representado durante las últimas décadas en Euskadi. Hay que estar muy ciego o ser un hipócrita redomado para sostener que la paz debe consistir en no aplicar la justicia a los delincuentes y en llamar «presos políticos» a los criminales o sus apologistas. Y aún mayor hipocresía es para colmo fingir al mismo tiempo «comprensión» para las víctimas de tales seudopolíticos exterminadores. No hay más que una forma y sólo una de mostrar respeto decente a las víctimas: reconocer públicamente que es justo aplicar el código penal a los culpables de que lo sean.

La cuestión de los presos juzgados y condenados por terrorismo o apoyo al terrorismo no encierra ningún misterio para quien la considera sin que le nublen la vista telarañas ideológicas. Su dispersión es una medida que se aplica habitualmente a quienes pertenecen a una banda armada, bien organizada y con apoyos sociales: no es un invento del Estado español ni mucho menos. Es cierto que ello implica su alejamiento mayor o menor del País Vasco, pero en cambio les ahorra verse encerrados en un penal exclusivo para terroristas y en condiciones de rigor extremo, como el que padecieron los miembros del IRA en Irlanda del Norte. Los presos etarras pueden conseguir beneficios carcelarios o el tercer grado, cosa que ya han obtenido bastantes de ellos, pero la mayoría los tienen vetados no por las autoridades sino por la banda terrorista misma, que les impone una disciplina rebelde contraria a esas mejoras. Es su obediencia a ETA lo que empeora su situación, no la crueldad del Estado. Y es ETA la que los quiere en la peor condición posible de supuestas víctimas del Estado hasta que finalmente consiga gracias a ellos la victoria política que legitime socialmente la lucha armada y su larga trayectoria de atentados contra la democracia, sin tener que dar muestras de arrepentimiento ni reconocimiento de la injusticia del daño causado. Lo que la manifestación de Bilbao pidió el otro día es que los presos vuelvan no sólo al País Vasco sino a sus casas, reivindicados y triunfantes, porque conseguir eso supondría la reivindicación social y el triunfo político de la organización terrorista. Ese es el objetivo y lo sabemos todos perfectamente, más allá de lo que le convenga a Bildu/Sortu decir de vez en cuando a los medios de comunicación para edulcorar la píldora amarga que se intenta hacer tragar a una sociedad aún traumatizada por tanta violencia reciente.

Fuera de este obvio fingimiento de querer hacer pasar la victoria de unos cuantos sobre los demás por la paz para todos, los organizadores de la manifestación son los menos hipócritas del cotarro, porque a fin de cuentas apoyan al que siempre ha sido su bando y sirven a los intereses que siempre han tenido por suyos. Tampoco llama demasiado la atención que cuenten con los servicios auxiliares de nacionalistas radicales de Cataluña y otros lares, que nunca dejaron antaño de echar una mano a Batasuna incluso en los peores momentos del terrorismo en agradecimiento al empuje trágico que la actividad de ETA daba a la dudosa verosimilitud de todas las exigencias separatistas. Escandaliza en cambio bastante más la hipocresía de escritores, cantautores, deportistas, etc… que han suscrito la convocatoria de la marcha: no porque antes hubieran guardado silencio ante los crímenes o hubieran mirado hacia otro lado, sino porque ahora, precisamente ahora, quieren convencer a la sociedad de que mire hacia otro lado y asuma lo inasumible. Se habla de un tiempo nuevo, de que todo el mundo es necesario para construir el país… bueno, también después de la guerra mundial se inició en Alemania un tiempo nuevo y se necesitaba a todo el mundo para reconstruir el país, pero no por ello se decretó la impunidad de los criminales nazis ni el olvido de lo ocurrido como si hubiera sido un mal sueño.

En la nómina de hipócritas acabo con los curas vascos que por fin se acuerdan de la caridad cuando se trata de los condenados por terrorismo, tras haberse negado durante años incluso a oficiar funerales por sus víctimas. En su concepción del cristianismo todos somos hermanos, aunque unos son más hermanos que otros, al estilo orwelliano. Y por supuesto Mayor Zaragoza, elocuente defensor de la educación pero cuyo ejemplo puede llevar a pensar que si por medio de ella se fraguan sabios como él, quizá haya que darle otra oportunidad al analfabetismo…

Fernando Savater

El Correo (19.01.2013)

Please follow and like us:
0

Sé el primero en comentar en «Hipócritas»

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »