¿De Zeus a Saturno?

Alemania - UE - Francia 

Casi siempre hay que elegir entre dos males y no entre dos bienes. Francia puede contribuir a revertir la creciente percepción de que los males de seguir en una zona euro gestionada de la manera en que se está haciendo en los últimos tiempos pueden estar ya superando a los enormes problemas de su ordenada deconstrucción. 

Para varias de nuestras generaciones Europa ha sido un referente de progreso y libertades, un modelo en que el paralelismo entre crecimiento, democracia y Estado de bienestar no sólo era posible sino especialmente deseable para las sociedades que tardamos más en incorporarnos a la integración europea. En los últimos tiempos esa percepción se ha diluido, pasando a primer plano una Europa que exige sacrificios severos, tras haber propiciado una larga fase de crecimiento que ha amplificado asimetrías internas entre europeos y dentro de nuestras sociedades. Se diría que el referente mitológico para el Viejo Continente ya no es el Zeus que quedó prendado de la fenicia Europa sino más bien un Saturno que devora a sus criaturas, como inmortalizó Goya. No es difícil entender las desafecciones y desapegos que ello genera.

Los errores en la construcción europea han sido importantes, pero parecía que no podían ni debían empeñar el alcance histórico del programa de sustituir la Europa de los enfrentamientos bélicos por la Europa de los intereses compartidos. Fue grave creer que se podía alterar la regla histórica de que una moneda compartida requería avances más profundos y efectivos en la integración política. Confiar, contra amplísimas evidencias, en que la mera integración monetaria y financiera se encargaría, sin adecuadas regulaciones y supervisiones, de canalizar el ahorro hacia la inversión productiva fue una ingenuidad sólo superada por dejar en manos de los principales responsables del estrépito su presunta solución. Olvidar que el éxito de Europa se ha basado en moderación y equilibrios, dejándola en manos de una alianza ideológicamente monolítica con recetas simplistas como la denominada Merkozy, ha sido tan empobrecedor como los ajustes de cuentas que, en muchos tenebrosos sentidos, se están llevando a cabo.

Y ahora, como tantas veces, Francia vuelve a estar en el centro del futuro. Europa necesita recuperar sanos equilibrios si queremos evitar que continúe la desafección y la ruptura del euro sea percibida como un mal menor en comparación con la sangría que supone seguir una severa disciplina germánica mucho más allá de la imprescindible seriedad. El mix de Mitterrand y Kohl permitió avanzar en un razonable sistema monetario europeo, antes de que Alemania tuviese que disimular su fuerza y Francia su debilidad adoptando un sesgado monolitismo. Casi siempre hay que elegir entre dos males y no entre dos bienes. Francia puede contribuir a revertir la creciente percepción de que los males de seguir en una zona euro gestionada de la manera en que se está haciendo en los últimos tiempos pueden estar ya superando a los enormes problemas de su ordenada deconstrucción.

Juan Tugores Ques. Catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona.

La Vanguardia (25.04.2012)

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