Nuevos tiempos, viejas prácticas

Xavier Trias

En el ADN de los nacionalistas conservadores anida la corrupción más descarada

¡¡¡A la calle los enchufados que parasitaban la administración municipal!!!

Ya sabemos oficialmente quién será a partir del día 11 de junio(*) el nuevo alcalde de Barcelona: Xavier Trias i Vidal de Llobatera (65 años, médico de profesión –fue introducido, asimismo, en política por un colega, Josep Laporte, siendo que milita en Convergència Democràtica de Catalunya desde 1979). Digo ‘oficialmente’ porque todos los que conocemos algo de los entresijos políticos de la ciudad y de los administrativos de su ayuntamiento, sabíamos ya hace tiempo que se produciría el cambio y que era el único candidato posible llamado a suceder al actual alcalde.

Así, en un artículo propio(1) publicado hace unos meses ya adelantaba mi parecer sobe el futuro en los términos siguientes:

“El ‘inapropiado’ Xavier Trias (CiU) por su cansancio y por lo reaccionaria que es su coalición tampoco es la opción alternativa que pueda ilusionar a la mayoría en Barcelona; incluso, hasta hace poco, su propio partido –esto da una medida de hasta que punto creen en él- le buscaba sustituto en la persona del populista, jaranero, salvapatrias, y, aún, presidente de un club de fútbol. Muy probablemente por los numerosos errores del anterior alcalde y por el apoyo que recibirá del poderoso aparato nacionalista, será, en votos, el ganador de la próxima cita electoral pero, a buen seguro, en un contexto de desoladora abstención y apatía. ¿Acaso un mal líder de la oposición puede ser un buen alcalde?”.

La predicción en este caso se ha cumplido y no oculto que entre los ciudadanos indignados, en general, y entre los empleados públicos del consistorio barcelonés, en especial, existe, al menos, la satisfacción del que deja caer lastre, tras una larga caminata, de una pesada mochila llenada a revosar, sin descanso y durante décadas, de agravios, desatinos, corruptelas, etc. por una élite burguesa, con apellido socialista, que había tenido a bien dirigir los designios de la primera institución municipal. Gracias por su abnegada labor –ahora podrán “cobrar más” en la empresa privada, como siempre se habían encargado de recordarnos-.

Sin embargo, la ciudadanía debe saber, sin pretensión ni ánimo exhaustivo, lo que supone la llegada del nuevo alcalde:

En primer lugar, también es hijo de la burguesía catalana, esta vez con apellido nacionalista, por lo que, en definitiva, el poder, pese a lo que una visión rápida nos pueda hacer suponer, no ha salido del ámbito en el que ya se encontraba, es decir, el de una determinada clase social muy definida, delimitada, elitista y excluyente de Barcelona.  Él mismo manifestó en una entrevista(2) que “para gobernar, me podría entender perfectamente con mucha gente del PSC”. ¡Cómo no, si comparten, entre otras numerosas cosas, amistades comunes, barrios en el Distrito de Sarrià-Sant Gervasi, palcos en el Liceu, tribunas en el Nou Camp… e, incluso, en ocasiones, parentesco!

En segundo lugar, es coresponsable, al estar integrado en la dirección de la coalición nacionalista (es el actual Secretario General Adjunto de la Federación de Convergència i Unió) de los casos de corrupción que la han salpicado durante décadas –el último y más conocido, ‘el caso Palau’ de financiación ilegal de su propio partido(3)-.

En fin, en tercer lugar, su gestión durante estos años como jefe de la oposición se ha caracterizado por sus erráticos y calculados movimientos tácticos y estratégicos, y, por una falta de sensibilidad social y de apoyo a las justas reivindicaciones de los ciudadanos cuando chocaban con los intereses del poderoso –quizás el ejemplo más definidor de esta política fue el apoyo de su coalición a la operación especulativa de reurbanización del Miniestadi del FC. Barcelona, en contra de los vecinos de la zona y amplios sectores sociales de la ciudad(4)-.

Algunos agoreros dicen que no notaremos el cambio con la llegada de Trias; todo seguirá igual.

Si a lo que se refieren es a las viejas formas de hacer política; les doy la razón.

Un ejemplo: ya se sabe que el nuevo alcade, entre sus primeras medidas, destituirá al actual jefe de la Guardia Urbana.  No es extraño que un cargo de confianza como este sea ocupado por alguién que se la merezca al alcalde –tampoco es que el relegado haya sido un ejemplo de discreción y profesionalidad precisamente (recordemos su implicación en los sucesos de la Plaza de España durante la conmemoración del mundial de fútbol(5))-, pero, lo que sí lo es, por el contrario, es la forma como, al parecer, tiene pensado sustituirlo(6). Siendo requisito que el candidato sea “intendente mayor” –categoría necesaria y obligatoria para acceder al cargo- y como quiera que a Trias –o a su coalición- no le es de su agrado ninguno de los actuales siete en nómina, al parecer, pretende promocionar alguno de la veintena aproximada de intendentes rasos con que cuenta actualmente el cuerpo policial. Para conseguir su objetivo, crearía una inexistente figura puente de ‘Director de Servicios” con la finalidad de dar tiempo a que su protegido -eso sí mediante unas oposiciones- pueda optar al puesto oficialmente y se presente con la esperanza de obtener la plaza. Esto, además, de ser de más que dudosa legalidad, muestra bien a las claras dos de los elementos definidores de la etapa que nos espera: ‘el fin justifica los medios’ y el ‘siempre mejor uno de los nuestros’; y es que más que la única lengua que consideran propia, en el ADN de los nacionalistas conservadores anida la corrupción más descarada.

Si, por el contrario, a lo que se refieren sobre la falta previsible de cambios es a que no se notará en el día a día de la ciudad, no soy tan optimista. Para los que tenemos una visión progresista que no sabe de recortes sociales, sino, de consolidación de los pilares del Estado de Bienestar (sanidad, educación, pensiones y dependencia); regeneradora de la política que propicie la transparencia, permeable a la ciudadanía sin cabida para la corrupción; laica sin concesiones al establishment; y, no nacionalista con pleno respeto, por ejemplo, al bilingüsimo real de la sociedad catalana y a los consensos fundamentales plasmados en la Constitución española, el panorama no puede ser más desolador. Me temo que nos tocará ‘agarrarnos los machos’, resistir y esperar tiempos mejores.

Mientras tanto, disfrutemos de estos momentos en los que a algunos por fin –merecida, aunque tardía, justicia divina– les toca hacer las maletas y gritemos, aunque sea en silencio: ¡¡¡A la calle los enchufados que parasitaban la administración municipal!!! (7)

Pero esta bocanada de aire fresco momentáneo que disfrutamos no quita para que debamos estar, permanentemente, alerta ante la llegada de los mismos perros con distintos collares, para no convertirnos, nuevamente, en cómplices pasivos de una nueva hornada -esta vez, de parientes y amigos, con acento nacionalista- que pueda llegar a hacer buenos a aquellos a los que ahora damos, liberadoramente, la despedida.

Es la hora de la resistencia, para que en los nuevos tiempos no se reincida en las viejas prácticas.

Antonio Francisco Ordóñez Rivero, es miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista (ACP) y militante de Unión, Progreso y Democracia (UPyD)

Blog de Antonio-F. Ordóñez  (bcn2011.es) (27.05.2011)

La voz de Barcelona (12.07.2011)

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(*) Como consecuencia de la interposición de un recurso -a propósito de unas papeletas que ponían en cuestión un concejal-, finalmente, Trias (CiU) será alcalde de Barcelona a partir del 1 de julio de 2011.

(1)   Ni Hereu, ni Trias… (Antonio Francisco Ordóñez Rivero – 10.06.2010)

(2)   “Per governar, em podria entendre perfectament amb molta gent del PSC” (eldebat.cat – 17.02.2011)

(3)   La fiscalía pide de nuevo que se impute a cargos de CDC por el ‘caso Palau’ (El País – 17.03.2011)

(4)   Hereu y el Barça aceptan las exigencias de CiU y ERC (La Vanguardia – 28.07.2009)

(5)   Els Mossos dubten del cap de la Guàrdia Urbana (e-notícies – 3.06.2009)

(6)   Trias destituirá al jefe de la Guardia Urbana (La Vanguardia – 25.05.2011)

(7)   El PSC asume que un centenar de cargos del Ayuntamiento de Barcelona no seguirán (La Vanguardia – 25.05.2011)

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