¿Demócratas…? ¡Nacionalistas!

Arcadi EspadaCataluña es el lugar de España donde mejor caería una dictadura

Cataluña es el lugar de España donde mejor caería una dictadura. La preferencia por el sistema democrático está, concretamente, once puntos por debajo de la media española. Los datos son del Centro de Investigaciones Sociológicas y los recopilaba hace poco el diario La Vanguardia. La reacción generalizada a la estadística ha sido de gran turbación: el establishment local es un gran especialista en llevarse las manos a la cabeza. Acto seguido le han endosado a don José Montilla la responsabilidad de semejante estado de las cosas. Me parece una tremenda injusticia: don José Montilla no puede ser la causa de la indiferencia democrática sino, en todo caso, su efecto más pintoresco. No puede decirse, además, que los resultados del sondeo constituyan una sorpresa. La democracia nunca ha tenido grandes partidarios en Cataluña. Lo prueba sutilmente el propio mito del oasis catalán, un celebrado apogeo de la indiferencia. Y basta con echar un vistazo al pasado para encontrar varios ejemplos de la debilidad democrática de Cataluña, un lugar especializado en hacer negocios, a ser posible con su festón sentimental.

Cambó es un buen punto de partida. Su discurso del 16 de diciembre de 1918, donde pronunció la frase célebre: «¿Monarquia? República? Catalunya!» Ya se sabe que el colofón de ese discurso (¡su sequitur!) fue la financiación del Glorioso Alzamiento Nacional. Sería un error creer que la desafección democrática ha sido en Cataluña asunto exclusivo de la derecha. Desde el 6 de octubre y el golpe de Estado de Companys hasta el intento de pacto con Hitler de diversos prohombres independentistas, pasando por el aniquilamiento troskista a manos del comunismo, aquel mayo de 1937, los ejemplos se acumulan. Hay un lacónico resumen en aquella sentencia del Azaña terminal del 38: «Muchas y escandalosas han sido las pruebas de insolidaridad y desapego, de hostilidad y de chantajismo que la política catalana ha dado frente al Gobierno de la República.» El franquismo mejor saltémoslo: cualquier comentario sería inmoral de base. Sin embargo, hay dos célebres episodios posteriores que no pueden obviarse. El primero fue la manifestación del 27 de febrero de 1981, cuatro días después del golpe de Estado de Tejero. No seríamos más de cinco mil. Aunque bien es verdad que era de noche y sin embargo llovía. El último episodio de la falta de práctica sucedió los días 3 y 4 de enero de 2004, cuando el vicepresidente del Gobierno de la Generalitat, Carod-Rovira, se entrevistó en Perpiñán con dos jefes de ETA.

Todo estos antecedentes, por descontado, tienen una causa. Una buena causa. El llamado nacionalismo democrático, ese oxímoron.

Arcadi Espada

blog de Arcadi Espada (14.10.2010)

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