El artículo es lamentable. Se define so

El artículo es lamentable. Se define solo, pero cojamos algún botón de muestra: 1, “Hay a quien le gusta la lidia y a quien no: es la diversidad de los Hijos de Dios”. Estas palabras introductorias no responden a un “modo de hablar”, lo que en filosofía se llamaría un “juego del lenguaje”. Al contrario, son taimadas y maliciosas al deslizar una premisa falsa: la de que existe una contraposición o diferencia esencial entre los hombres y el resto de seres vivos. ¿Sólo el hombre es ‘hijo de Dios’? pero ¿a qué ‘Dios’ se refiere, si puede saberse?. Savater nos está hablando de nada, y de ella, de la nada, esboza luego la ilusión de un argumento, ya que es perfectamente consciente de que dicho de otro modo (es decir, con claridad) no se sostendría por ningún sitio, y de paso allana el camino para el posterior desfile de insensateces. Lo peor es que, en aras de arañar el más peregrino de los tópicos, Savater no duda en echar mano de esas ideas fundamentalistas que basan su visión del mundo en el Génesis y según las cuales todos los seres del planeta están a completa disposición del hombre ya que sólo él está hecho a imagen y semejanza de Dios, siendo los animales poco menos que azarosos accidentes de la naturaleza, sin entidad, ni derechos, ni vida psíquica, ni capacidad de sentir dolor, ni nada de nada. 2), “A los animales domésticos se les maltrata cuando no se les trata de manera acorde con el fin para el que fueron criados”. Es decir: la legitimidad ética del “fin” dependería de su correlación con los “medios” que llevan a él. ¿Cabe idea más falaz? Si fuera cierto que la intencionalidad no cuenta para nada, entonces, que el “fin” fuese amoral o directamente criminal sería irrelevante. Y por supuesto no es así, hasta un niño de tres años lo entendería. El argumento no sólo es vil e innoble, sino estúpido lógicamente hablando. 3: “Los animales no tienen derechos, pues no tienen obligaciones”. Podría contrargumentarse que tampoco los niños de pecho tienen obligaciones, pero el sentido común nos dice que poseen un derecho básico a la vida compartido por todos los seres vivos, racionales o no. Savater se equivoca (de nuevo, deliberadamente) al entender que hablamos de derechos jurídicos -cambiantes derechos jurídicos dicho sea de paso- y no de ética universal, ese espacio no verificable pero fundamental. Cabe por otra parte preguntarle si él, tan celoso de sus derechos, reconoce sus propias obligaciones como señor de la vida y la muerte. 4. Su alusión a Darwin, como si la sola mención a su nombre avalase alguna de sus absurdas tesis. Quede constancia de su ignorancia, pues Darwin fue un gran defensor de los derechos de los animales y escribió cosas como: “El amor hacia los animales es lo que ennoblece al hombre”. Así con todo.

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