Las recetas del FMI son como las de un m

Las recetas del FMI son como las de un mal médico, siempre las mismas. Con crisis, sin crisis y en los momentos de mayor bonanza, siempre proponiendo su «liberalización» (en claro: despido libre) y su «flexibilización» (en claro: fuera normativas, convenios generales, etc.). Parece inevitable que los logros obtenidos por las sociedades europeas tras siglos de luchas, el llamado «estado de binestar», va a resultar inevitablemente tocado, pero si nos hacemos caso del FMI descenderíamos hasta las condiciones de China, como bien señala Montse. Ahora vemos claro la gran trampa de la «globalización» que ha sido muy benéfica para el gran capital, pero no así para el ciudadano que, a fin de cuentas, se ve condenado a la sentencia: «compita usted con los chinos».

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