Eslabón

Obama y ZapateroEl interés de Obama por España se explica por su papel de eslabón en un mar de fragilidades globales

Poco antes de la famosa llamada de Obama a Rodríguez Zapatero, el presidente de la Reserva Federal explicaba ante el Congreso de Estados Unidos por qué este país tenía motivos para preocuparse e implicarse en los problemas financieros de Europa. Podríamos reinterpretar su argumentación en términos de la amenaza de una cierta repetición de la historia: si antes de 2007-2008 habían sido los activos tóxicos – pese a su valoración como AAA por parte de unas agencias de rating que han visto recuperar su papel de oráculos en muy breve plazo-generados en Estados Unidos los que habían contaminado a importantes entidades europeas, ahora se corría el riesgo de que una secuencia de impagos en Europa, con los títulos públicos reemplazando a los privados en su potencial degradación, tuviese impactos graves en el sistema financiero estadounidense. Pese a las llamadas de atención acerca del papel de los ya famosos riesgos sistémicos, las propuestas para acotarlos se han venido aplazando casi indefinidamente mientras reaparecían las interconexiones que algunos denominaron «amistades peligrosas». Y aunque en esta tela de araña Grecia por sí sola no podía ser el detonante de problemas realmente globales, el contagio del eslabón débil y mucho mayor de España sí merecía actuaciones más decididas.

Y aquí estamos. Constatando que si la Champions League de los desequilibrios externos – y los debates de cómo afrontarlos-la juegan los primeros clasificados en el ranking oficial del FMI de países con capacidad y necesidad de financiación exterior – China y Estados Unidos-con suficientes herramientas de disuasión recíproca, la competición que juegan los segundos clasificados – una especie de Europa League, nunca mejor dicho-en cada lado de ese ranking, Alemania y España, no cuenta ni de lejos con tanta simetría. De nuevo pues un país como España aparece como un eslabón en fragilidades globales, con profunda base local, que debemos tener en cuenta a la hora de entender el interés que tan destacados líderes mundiales han mostrado en nuestros ajustes.

¿Y ahora qué? Más allá de las múltiples consideraciones sobre duros deberes pendientes, sobre la mezcla de excesos, frivolidad e improvisación que nos ha conducido a esta situación, sobre la equidad y la eficiencia de la forma en que está siendo presentada al cobro por vía de apremio la factura de la crisis en España, una lectura compatible con todas esas dimensiones es que los principales responsables de los mecanismos y comportamiento que condujeron a la crisis sin duda están tomando nota: no sólo salen impunes e inmunes de las graves consecuencias de sus insensateces y eventuales fraudes sino que se permiten el lacerante lujo de volver a pontificar ante el conjunto de la sociedad y los cada vez más amplios grupos de damnificados. Y luego nos sorprenderemos cuando llegue la siguiente crisis.

Juan Tugores Ques, Catedrático de Economía UB

La Vanguardia (14.05.2010)

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