«El consumismo no es un ideal de vida»

El sociólogo y filósofo francés Gilles LipovetskyEntrevista a Gilles Lipovetsky, sociólogo y filósofo

En otras épocas, había la posibilidad de inventar una sociedad o una economía que diera esperanzas a la gente que vivía peor. ¿Pero qué pasa hoy? Estamos en una situación nueva, ya que el comunismo ha fracasado y el ultraliberalismo también. No tenemos más modelos para cambiar lo que existe.

ANSIEDAD "¿Cómo la combatimos? Como ya no nos sirve ir a misa, lo hacemos a través del consumo"

INTERNET "Vivimos una crisis en la educación y hoy se multiplica al competir la escuela con internet"

El sociólogo y filósofo francés Gilles Lipovetsky (París, 1944), creador del término "hipermoderno" para contextualizar sus ideas sobre felicidad, consumo e individuo, es un destacado pensador contemporáneo. El festival de arquitectura eme3 lo invitó a Barcelona para que aportara un punto de vista sociológico al concepto de colapso, la piedra filosofal de esta cuarta edición.

¿El colapso es la venida abajo de nuestros sistemas referenciales?

Sería un error pensar que el colapso es simplemente algo de hoy en día. En el periodo de entreguerras ya hubo un colapso que destruyó la democracia. Nuestro colapso -que yo llamo hipermoderno para diferenciarlo de las épocas anteriores-tiene dos características básicas. Por un lado, está generalizado y toca todos los ámbitos: el económico, el financiero, el político, las relaciones internacionales e incluso la esfera privada. Por eso, percibimos una desestabilización y una desregulación de nuestras estructuras. Eso provoca una desorientación general, porque el individuo ha perdido la armadura que daba sentido a su existencia.

¿Y cómo podemos combatirla?

El problema es que ante esta desorientación no tenemos modelos alternativos. En otras épocas, había la posibilidad de inventar una sociedad o una economía que diera esperanzas a la gente que vivía peor. ¿Pero qué pasa hoy en día? Pues que nos encontramos en una situación nueva, ya que el comunismo ha fracasado y el ultraliberalismo también. Así que no tenemos más modelos para cambiar lo que existe. Esta sería la segunda característica del colapso hipermoderno.

¿Y todo esto se añade a la desorientación general?

Sí, pero no hay que entenderlo como un colapso apocalíptico. No hay gulag, no hay exterminación final, no hay nada de todo eso. Este colapso está generalizado, es crónico, cotidiano y estructural. A mi parecer, quizás crezca en algunos ámbitos. Tenemos mucha información contradictoria y la gente no sabe como orientarse en este universo hipertrófico. La consecuencia es que no tenemos fascismo o nazismo, pero sí una espiral de depresiones, intentos de suicidio y cuadros de ansiedad entre la gente. No hay una tragedia colectiva, sino individual.

En este contexto, hablar de colapso es como hablar de crisis. ¿Cree que se prolongará la situación actual?

Sí, efectivamente. La crisis financiera esperemos que se resuelva, pero las otras… Cuando las tradiciones y la religión ya no organizan el mundo, el colapso se instala en todas partes.

¿Quéactitud debe tener el individuo para afrontar este nuevo escenario?

Hay diversas cosas a tener en cuenta, pero la primera es repensar el papel de la educación. La escuela debe ofrecer a los jóvenes recursos para entender mejor el mundo. Vivimos una crisis en la educación y esta crisis se multiplica porque ahora la escuela compite con internet. La gente tiene acceso a prácticamente todo pero no sabe organizarlo. Además, la escuela debería dar herramientas a los jóvenes para resistir el peso del consumo. El consumismo no es un ideal de vida. No voy a demonizarlo, pero tampoco voy a sacralizarlo. Que hay un exceso es evidente: los jóvenes conocen antes las marcas que la literatura o la historia. Ante el consumismo, la escuela debe difundir otro cultura diferente que funcione como contrapeso. Por ejemplo, permitir que la gente sea más creativa. Si hay alguna manera de parar el espiral del consumismo es ésta.

¿La crisis no ha puesto freno al hiperconsumo?

No lo creo. Es lo que se dice por todas partes, pero yo no comparto esta opinión. Estamos en un sociedad hedonista y la gente está ansiosa de no aprovechar la vida. La frugalidad y la austeridad estaban integradas en una cultura religiosa de la renuncia. Antes, lo esencial era prepararse para otra vida. En cambio hoy todo es inestable, hay una ansiedad generalizada. ¿Y como la combatimos? Como ya no nos sirve ir a misa, lo hacemos a través del consumo. El consumo tiene una función psicológica porque la gente quiere animación continua en su existencia. Pascal, un filósofo del siglo XVII, ya dijo que el gran motor de la vida de los hombres es la diversión y la diversión es la manera de no pensar en la muerte. En cambio, hoy en día la muerte no es simplemente morir. Para el hombre hipermoderno la muerte es la rutina porque estamos obsesionados con el cambio y lo necesitamos constantemente.

Así, en lugar de ir de vacaciones al Caribe habrá que conformarse con Benidorm…

El consumo permite a los hombres tener el sentimiento de que siempre pasa algo nuevo: haces un viaje, te compras un coche, vas al cine… A pesar de la crisis económica, la gente quiere hacer eso y se adapta. Así que sí, se seguirán haciendo viajes, pero más cerca, y quien no pueda ir al cine alquilará un DVD y quien no pueda comprar CD se bajará música por internet. De hecho, la música es un buen ejemplo de este hiperconsumismo: los jóvenes en un Ipod tienen miles de canciones. ¿Quién puede pensar que esto vaya a pararse?

Precisamente, usted ha hablado mucho sobre la autorregulación de los individuos en la sociedad hipermoderna.

Es lo que yo llamo la felicidad paradójica. Por un lado, tenemos una cultura que empuja a los individuos a controlarse continuamente: vigilan que comen, hacen deporte… Y por el otro, hay una desregulación de la vida cotidiana, la obesidad y las adicciones son un ejemplo de ello. El hiperindividualismo propone un control sobre la propia existencia pero al mismo tiempo hay un desposeimiento de uno mismo. Nuestro mundo desarrolla tendencias contrarias: unas nos empujan al pesimismo y otras nos permiten ver las cosas de otra manera. Al mismo tiempo hay crisis económica y pobreza, pero también hay capacidad crítica. Por suerte, el futuro no está escrito.

Un referente del pensamiento contemporáneo

De origen polaco, Gilles Lipovetsky (París, 1944) es considerado como uno de los mayores filósofos contemporáneos. También reputado sociólogo, destaca no sólo como intelectual académicosino tambiénpor su habilidad para comunicar y hablar con la gente comúnde igual a igual. Publicó su obra principal La era del vacío en 1983, desde entonces es un referente en el pensamiento contemporáneo. En el momento de su aparición, el ensayo fue acogido en Francia con una fuerte polémica,aunque ciertos sectores lo acogieron como un paradigma que reflejaba a la perfección el mundo contemporáneo. Despuésescribió El imperio de lo efímero,El crepúsculodel deber o La tercera mujer,en los que ha estudiado el nuevo poder de la moda, el lujo y los cambios en la sociedad de consumo. Tras Los tiempos hipermodernos,ha publicado en Francia La felicidad paradójica,obra en la que reflexiona sobre por quéhoy la sociedad no es más feliz que hace treinta años. Algunos le han comparado al pensador y político liberal francés.Alexis de Tocqueville, quien se esforzó por entender los cambios que en la sociedad del siglo XIX creaba el nuevo fenómeno social que suponía el liberalismo y la democracia. Lipovetsky siempre ha tratado de desvelar desde su doble proyección de filósofo y sociólogo, los signos que marcan la pauta de los tiempos actuales.

La Vanguardia-Dinero (22.03.2009)

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