Catalanes castristas y catalanes sionistas

Querida Carmen, cuán feliz me has hecho con tu regalo: Ennemis publics, escrito mediante el recurso del cruce de cartas, por Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy. Recorro el libro y desemboco en la cuestión judía, al parecer inevitable en Francia llamándose uno de los protagonistas Lévy. Es un asunto que me perplejiza desde que hace medio siglo leí las Réflexions sur la question juive de Jean-Paul Sartre. O acaso desde antes, porque mi madre creía que los Comamala veníamos de familia judía y remachaba que la judeidad (supe más tarde que el término lo había inventado Hannah Arendt) se transmite por vía materna. Mi abuela, su suegra, apostillaba a veces: «Es clar: mare segura, pare potser.»

Sí, Carmen, pero bien supones que ahora mismo más que perplejo estoy insoportablemente indignado con la matanza inmisericorde de palestinos de Gaza que efectúa el Estado de Israel. Este genocidio, este holocausto -palabras que según los judíos solo pueden aplicarse a lo que los nazis hicieron el siglo pasado con «ellos» (¿?) y no a lo que «ellos» (¿?) hacen ahora mismo-, este crimen incalificable se lo puede permitir Israel, como se pudo permitir tener la bomba atómica antes que India y Pakistán, gracias sobre todo al muy poderoso lobby multimillonario judío de Estados Unidos. Pero también porque, en el mundo entero, franceses, rusos, argentinos o españoles, que «se sienten judíos» aunque sean ateos, salen como un solo hombre a defender las actuaciones del Estado teocrático de Israel.

No soy una apasionada de los palestinos como la periodista Maruja Torres, ni un implacable antisionista como el dibujante Ferreres, ni una proisraelí incondicional como la antropóloga Teresa Giménez Barbat. Y como no puedo ni abordar siquiera aquí una cuestión de tamaño tamaño, recurriré a lo anécdótico local y personal, única categoría abarcable.

Hasta ahora, acaso porque tenía más amistades de izquierdas que de derechas, mi correo electrónico lo visitaban vehementes defensas catalanas de personajes tan indefendibles como Chávez, Fidel o el infumable Che Guevara. Ultimamente, acaso porque los de esa presunta izquierda me consideran (sensatamente) perdido para su causa, lo han dejado correr. A cambio, en estos últimos días -¿será que ahora tengo más amistades de derechas que de izquierdas?- mi correo lo inundan defensas incondicionales de las acciones de Israel, defensas llevadas a cabo por personas que se llaman Manuel o Jaume y se apellidan Bonnin o Lichtenstein.

Te pondré solo una muestra del tenor de tales mensajes: «Esta noche los soldados israelíes van a entrar en Gaza para atacar por tierra [ ]. Se está organizando una cadena [ ] para decir el salmo 142 [ ] para que no les pase nada.»

Dioses. Menos mal que por Barcelona circulan ya estos días dos autobuses con la frase «Es improbable que Dios exista». La ha puesto (pagando) la asociación Ateus de Catalunya.

Iván Tubau
Ivan.Tubau@uab.es
El Mundo de Catalunya. 05/01/09

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