Por lo que somos

Terrorismo IslámicoEl terrorismo islámico no amenaza a Obama por lo que hace, sino por lo que es. Lo que somos.

Hay un hombre infeliz con la victoria de Obama. ¡Uno en el mundo! Lástima que se llame Ayman al Zawahiri y sea un terrorista de Al Qaeda. Con la complacencia del sistema mediático ha vuelto a diseminar sus proclamas contra América y contra cualquier otro lugar al margen de la fe musulmana. Sorprendentemente el terrorista no distingue entre Bush y Obama, como lo hace, y con un gran maullido de bienestar, el inmenso mundo ronroneante. Se podría decir de él que está mal informado o sufre de prejuicios. Tal vez pueda enviarle una emisaria pedagógica el Gobierno español. Pero el problema es algo más hondo. Este hombre es el principal enemigo visible de la civilización y tiene alguna responsabilidad en el hecho de que buena parte de la opinión considere a Bush un criminal. Por otra parte, el presidente electo al que Al Zawahiri ha dirigido sus insultos y amenazas introdujo en su campaña la promesa de retirar sus tropas de Irak y de cerrar la prisión de Guantánamo. En lógica aristotélica, incluso pasada por las traducciones al árabe, Al Zawahiri, debería haber tomado nota. ¡Darle cien días! Así lo esperaban, por ejemplo, los europeos para los que Al Qaeda es una franquicia de causas justas. De causas, como apocopan.

Quia. El terrorista ha expuesto la cruda obviedad de la sangre. Sólo tiene una importancia pintoresca que haya llamado a Obama «esclavo doméstico» haciendo suya una expresión de Malcom X, referida a los que aceptaban, y hasta con placer material, el punto de vista del amo de la plantación. Lo trascendente de la proclama es que Al Zawahiri ha llamado a Obama «renegado» y «americano». El primero es uno de los adjetivos favoritos del terrorismo islámico: señala sumariamente a los infieles. En este caso, además, adquiere consistencia, porque Obama nació de padre musulmán y ahora es católico. En cuanto a «americano» no cabe extenderse. El terrorismo islámico no amenaza a Obama por lo que hace. ¡Aún no ha hecho nada, se ve bien! La amenaza se funda en lo que el presidente es. En lo que somos. Su fondo queda a un sólo escalón del genocidio nazi. Si el judío no podía convertirse en ario, el terrorista islámico ofrece la redención a cambio de que calcemos voluntariamente la burka y hagamos saltar por los aires lo que quede de nuestra arquitectura infecta. El horror pétreo de la proclama tiene la virtud de no interferir en los asuntos internos de la civilización. Confirma que la principal batalla contra el terrorismo sigue librándose entre nosotros.

(Coda: «En vez de cuestionarlas por su codicia a la hora de recaudar altas tasas de matriculación de los estudiantes extranjeros, a las universidades occidentales se les permite usar argumentos sobre la libertad de expresión para defender la actividad en los campus de siniestras organizaciones islamistas. (…) Y se les permite recibir una dudosa financiación extranjera por programas de estudios regionales o islámicos que muestran un sesgo en contra de los intereses occidentales.» Michael Burleigh. Sangre y Rabia.)

Arcadi Espada

El Mundo (21.11.2008)

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