El futuro del capitalismo

Luis RacioneroDesde que cayó el muro de Berlín y con él el sistema comunista ruso, el mundo se ha quedado sin alternativas al sistema capitalista. Incluso China se rinde ante él, aunque procure disimularlo, para no hablar de Cuba.

Sin embargo, el capitalismo está sujeto a ciclos económicos de diversa amplitud, tal como se está comprobando ahora mismo: se anuncia una recesión que puede durar dos años. ¿Quiere decir esto que el sistema está averiado, funciona mal, se tiene que cambiar? La respuesta la dio en su obra el polifacético economista austriaco – de Harvard- Joseph Alloisius Schumpeter: "Sin innovación, no hay empresarios, sin los logros de estos no hay beneficios ni propulsión capitalista. La atmósfera de las revoluciones industriales – de ´progreso´- es la única en la que puede sobrevivir el capitalismo".

Eso lo escribía en su tratado Ciclos económicos de 1939 para explicar, entre otras, la gran recesión de 1929. En el equilibrio general de las teorías neoclásicas se suponía que los precios y los salarios ajustarían las crisis, volviendo el sistema al equilibrio. La recesión de los años 20 fue tan fuerte y prolongada que las fórmulas de Marshall o Pigou resultaron ineficaces para reanimar la economía. Entonces aparecieron dos economistas capitales, los mejores del siglo XX, que inventaron las herramientas conceptuales para explicar las crisis del capitalismo. Fueron Schumpeter en Harvard y Keynes en Cambridge.

Schumpeter explicó por qué hay ciclos, Keynes cómo salir de ellos. El desarrollo económico consiste en una sucesión de oleadas de innovación. En el siglo XIX la primera ola fue el vapor aplicado a telar y ferrocarril, la segunda electricidad y química, la tercera el coche y electrodomésticos. En los años noventa la economía ha sido propulsada por el teléfono móvil y el ordenador. Ahora que ya está saturado el mercado, la próxima bonanza tiene que venir de otra innovación que se pueda vender a todas y cada una de las economías domésticas, como ha sido el caso del ordenador. ¿Qué puede ser eso? Tengo para mí que el robot ama de casa, con tal de que se venda de modo generalizado como un coche, una nevera, una televisión, un móvil o un ordenador.

Con el capitalismo los países se desarrollan porque cada innovación se suma a las existentes y crea nueva riqueza en un proceso de destrucción creativa por el cual las empresas quiebran víctimas de la innovación de sus competidores, lo cual es fatal para cada empresa que se arruina, pero bueno para el conjunto del país, que progresa y se enriquece a costa de esta destrucción creativa que es la innovación. Hay resonancias de evolución darwiniana en estas teorías de Schumpeter. "Schumpeter fue al capitalismo lo que Freud a la mente", afirma su biógrafo Thomas K. Mc-Craw, y Fritz Machlup avisa sobre su humorística ironía rococó, que se corresponde con su aspecto oriental y sus atuendos de aristócrata austrohúngaro.

La profecía de Schumpeter levantó ampollas en los conservadores. "Can capitalism survive? No. I do not think it can", escribió en 1942 en su libro Capitalismo, socialismo y democracia.¿Se equivocó? Sí y no, es una cuestión de nombres que se deben clarificar. "La traición es una cuestión de fechas", decía Talleyrand. A veces la confusión es una cuestión de nombres.

En 1935, John Maynard Keynes publicó su Teoría general del empleo, el interés y el dinero,donde superaba la explicación neoclásica tipo Alfred Marshall y fundamentaba la política económica práctica para salir de la recesión: poner dinero otra vez en manos de los consumidores. En vez de regalárselo, el Estado debía gastar en obras y servicios públicos y así dar el dinero en forma de salarios – a obreros- y compra de material – a empresas-. Con ese dinero los obreros vuelven a poder comprar y el círculo de la economía reemprende su giro normalmente.

Aceptar a Keynes exigió un gran salto mental, pues su recomendación era socialista. Obligaba al Estado a intervenir en la economía, usando el gasto público para reforzar la demanda. Eso se tuvo que aceptar y fue el new deal de Franklyn D. Roosevelt. Aceptado eso, que realmente funcionó y sacó a Estados Unidos e Inglaterra de la recesión, Keynes remató la faena instaurando tras la Segunda Guerra Mundial el Welfare State,aquí llamado Estado de bienestar, que no es exactamente lo mismo (porque en welfare hay un sentido activo y en bienestar pasivo). Seguridad social, subsidio de paro, de jubilación, enseñanza gratuita, eran las medidas defendidas por los laboristas ingleses desde 1905, con Bertrand Russell, Shaw, Strachey, los Webb y Keynes a la cabeza.

Así que lo que tenemos ahora es un sistema mixto capitalismo-socialismo, un capitalismo solidario que compensa los desequilibrios de la competencia con medidas sociales.

Schumpeter tenía razón, el capitalismo no sobrevivió tal como era en su juventud, cambió, pero al sistema mixto capitalismo-socialismo se le sigue llamando capitalismo porque hay un porcentaje mayor de capitalismo que de socialismo y porque el socialismo al 100% ha fracasado plenamente. Decía Schumpeter: "El capitalismo, que es económicamente estable e incluso gana en estabilidad, crea, al racionalizar la mente humana, una mentalidad y estilo de vida incompatible con sus motivos e instituciones fundamentales. Y será cambiado, pero no por causas económicas, por otro sistema al que será cuestión de gustos y terminología llamarle socialismo o no".

El futuro del sistema capitalista es el socialismo, pero a su vez, el futuro del socialismo es el capitalismo, como aprendió en seguida Mitterrand. El sistema mixto que tenemos es una dialéctica entre ambos, aunque se le designe con el nombre de uno de ellos, el más provecto.

Luís Racionero

La Vanguardia (15.05.2008)

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